El entrenador que no puede perder

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Vlatko Andonovski no ha perdido ni un solo partido como entrenador del equipo de fútbol femenil de Estados Unidos y los Juegos Olímpicos no son el momento para que eso cambie. (Christopher Smith / The New York Times)
Vlatko Andonovski no ha perdido ni un solo partido como entrenador del equipo de fútbol femenil de Estados Unidos y los Juegos Olímpicos no son el momento para que eso cambie. (Christopher Smith / The New York Times)

KANSAS CITY, Misuri — Vlatko Andonovski tenía 9 años cuando le enseñaron que perder era inaceptable.

Los chicos del club de fútbol FK Vardar lo aprendieron desde temprano. Andonovski, de 44 años, creció en una familia de clase media que jugaba fútbol en Skopie, la capital del país que ahora se conoce como Macedonia del Norte. Pero en 1985, casi tan pronto como se unió a la academia del equipo más grande y popular del país, los desafíos aumentaron.

La academia de Vardar atrajo a los prospectos más talentosos de Macedonia y la competencia por puestos —incluso para los niños preadolescentes— fue feroz. Ser aceptado en uno de los equipos juveniles fue simplemente el comienzo. A partir de ahí, los chicos tenían que mantener su lugar en el equipo, ganárselo todos los días.

“Si perdías dos partidos a la edad de 12 años, ya no eras parte del equipo, era así de simple”, dijo Dino Delevski, un amigo cercano de Andonovski que también jugó en la academia. Delevski agregó que en los equipos juveniles “no había ni mami ni papi a quien acudir”. O hacías tu trabajo o estabas fuera.

Andonovski pasó 10 años en la academia Vardar. No recuerda cada victoria. Pero si recuerda cada derrota. Fueron dos. “Una cosa es ganar el partido, pero otra cosa es mantenerse como el mejor durante tanto tiempo”, dijo.

En retrospectiva, fue el entrenamiento perfecto para el trabajo actual de Andonovski como entrenador del equipo de fútbol femenil de Estados Unidos.

Excepto que ahora no se le permite perder de ninguna manera.

Vlatko Andonovski no ha perdido ni un solo partido como entrenador del equipo de fútbol femenil de Estados Unidos y los Juegos Olímpicos no son el momento para que eso cambie. (Christopher Smith / The New York Times)
Vlatko Andonovski no ha perdido ni un solo partido como entrenador del equipo de fútbol femenil de Estados Unidos y los Juegos Olímpicos no son el momento para que eso cambie. (Christopher Smith / The New York Times)

En la cima del mundo

“Contundente” es como la mediocampista estadounidense Kristie Mewis describió a Andonovski, a quien conoce desde hace casi una década. Ella admitió que tuvo algunas conversaciones con él que describió, en principio, como “no brutales”, por lo que sabes que fueron brutales.

Becky Sauerbrunn, quizás la jugadora de la selección nacional que mejor conoce a Andonovski, dice que, casi paradójicamente, se ha vuelto “más duro” desde que la entrenó por primera vez en 2013. “Al principio, estaba tan dispuesto a dar y las jugadoras no estaban dispuestas a responder de la misma manera, él se entrega completamente”, dijo Sauerbrunn. “Ahora él pedirá que respondas de la misma manera”.

Andonovski asume los cargos rápidamente. Sabe que sus jugadoras no necesitan que les enseñen a ganar. Él sabe que, a menudo, tampoco necesitan que se aviven sus fuegos competitivos. Pero incluso en ese entorno hipercompetitivo —Carli Lloyd ha calificado a la batalla constante por los puestos en la alineación y el tiempo de juego en los años del torneo como “implacables”— alguien tiene que fijar las metas y luego elevarlas una y otra vez, para exigir más.

“No lo estoy haciendo para lastimarlas”, dijo Andonovski sobre sus francas evaluaciones de sus jugadoras. “Lo hago porque intento ayudar”.

Para un equipo de Estados Unidos ansioso por recuperar el título olímpico que alguna vez dio por sentado, hay poco tiempo que perder. El trabajo de Andonovski conlleva expectativas tan altas que uno de sus predecesores fue despedido poco después de perder solo un partido de 55. Jill Ellis, otra entrenadora, escuchó llamados persistentes para su despido incluso cuando llevó al equipo a victorias consecutivas en la Copa del Mundo.

Andonovski sabía todo esto cuando fue nombrado entrenador hace 21 meses, inmediatamente después de ese segundo título consecutivo de la Copa del Mundo. Su tarea era tomar un equipo repleto de populares profesionales de élite —aunque muchas ya mayores de 30 años— y reorganizarlo sobre la marcha, todo sin ofender a nadie y, claro, mientras ganaba todos los trofeos y, preferiblemente, sin perder ningún partido.

Nunca.

Una mente futbolística

En su propia carrera, Andonovski estuvo a punto de convertirse en un jugador de élite. Preparado en el Vardar, más tarde jugó como defensa central para varios clubes profesionales macedonios, siempre con la esperanza de que se interesaran en él, de que pudiera pasar a una de las ligas más grandes, ricas y prestigiosas de Europa. Nunca lo logró.

“Para empezar, probablemente nunca fui lo suficientemente bueno o nunca fui lo suficientemente bueno para lo que quería”, dijo. La honestidad contundente no es solo para sus jugadoras.

Fue entonces cuando Delevski, que había abandonado Vardar para ir a vivir como un estudiante de intercambio en Estados Unidos, cambió el rumbo de la carrera de Andonovski. Delevski jugaba para los Wichita Wings en la Major League Soccer a finales de la década de 1990 cuando convenció a Andonovski para que le acompañara. Andonovski pensó que sería divertido y se sintió atraído por Estados Unidos. La paga fue de 12.000 dólares.

Cuando terminó su carrera como jugador, Andonovski se dedicó de lleno a las tareas de entrenamiento. En un momento fue el entrenador jefe de varios equipos: mujeres que jugaban al aire libre, hombres que jugaban en ambientes cerrados, equipos juveniles que jugaban donde podían.

Huw Williams entrenó a equipos juveniles junto con Andonovski en ese entonces y fue asistente bajo su mando con el FC Kansas City de la naciente Liga Nacional de Fútbol Femenil. En los viajes a los partidos, dijo Williams, a veces tenían que detenerse para que Andonovski pudiera caminar, dejar a un equipo a un lado y prepararse para concentrarse en el siguiente.

“Tenía que tener la cabeza bien”, dijo Williams. "Estaba tan determinado, tan concentrado, tan motivado”.

Y luego están los videos. Andonovski dice que su preparación para los Juegos Olímpicos ha implicado ver todos los partidos de clubes que incluso un miembro en la periferia de la selección nacional ha jugado desde que fue designado como entrenador, casi dos años de partidos. Pero también vigila al resto del mundo, lo que significa que ha visto más o menos todos los partidos de fútbol femenil importantes que se han jugado en los últimos dos años.

“No se puede pasar el rato con Vlatko”, dijo Williams. “Siempre está trabajando. Siempre”.

Una fuerza unificadora

De alguna manera, ganar el torneo olímpico de fútbol femenil es incluso más difícil que ganar la Copa del Mundo. No hay oponentes fáciles, los rósteres son más pequeñas y los partidos son rápidos y feroces. Muchas de las jugadoras de Estados Unidos han pasado antes por esta prueba en particular. Algunas tienen medallas de oro y dolorosas cicatrices de esas travesías. Andonovski, no.

Esto explica en parte la devoción a su trabajo y si escuchas suficientes historias sobre Andonovski, es posible comenzar a pensar en él como un autómata del fútbol sin emociones, un hombre que planea “todo”, dijo Ivanovic, desde donde los jugadores se sientan en las reuniones hasta cuánto durará cada ejercicio de la práctica.

Pero no solo se ve obligado a hacer el trabajo. También le encanta hacer el trabajo y disfruta haciéndolo.

© 2021 The New York Times Company

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