Eliminatorias: la Argentina no frena la fuga de puntos cuando juega como local

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Lionel Messi forcejea con Erick Pulgar en Santiago del Estero: la selección sufre de local, juegue donde juege.
Juan Mabromata

La paliza de Valderrama, Asprilla, Rincón y compañía no se borrará jamás. Esa metralla de cinco goles colombianos sacudió las estructuras y se convirtió en una bisagra: la Argentina lucía más de tres décadas invicta como local en las eliminatorias. Pero en 1993 se derrumbó el blindaje. Entonces, desde que entró agua en el acorazado, también se atrevieron y ganaron Brasil (2009), Ecuador (2015) y Paraguay (2016). En los últimos tiempos se fue afirmado una tendencia: la localía no le garantiza nada a la Argentina. Regala demasiados puntos. Acaba de suceder: Chile se llevó un empate. Y Paraguay otro, en noviembre del año pasado. Sí, derrotó a Ecuador en el debut de la ruta a Qatar 2022, para una contabilidad parcial de cinco puntos sobre nueve. ¿Pueden condicionar el ticket al Mundial? Es muy prematuro. Pero hace tiempo que no es una fortaleza jugar en el país. Una vulnerabilidad que viene desde antes de la pandemia.

El primer equipo que le ganó a la selección en la Argentina fue Colombia, en 1993; luego Brasil, en 2009, en Rosario, y el tercero, Ecuador, que se impuso en Núñez por 2-0, en 2015
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El primer equipo que le ganó a la selección en la Argentina fue Colombia, en 1993; luego Brasil, en 2009, en Rosario, y el tercero, Ecuador, que se impuso en Núñez por 2-0, en 2015 (Archivo /)

Y si la mirada es un poco más larga, entre la angustiante clasificación para Rusia 2018 y el comienzo de la aventura hacia Qatar, en los últimos cinco partidos en casa la selección rescató menos de la mitad de los puntos -7 sobre 15-, cuatro empates y la mínima victoria apuntada con Ecuador, en el estreno clasificatorio. Con la Bombonera llena, con la Bombonera vacía y en el flamante estadio ‘Madre de Ciudades’, de Santiago del Estero. Por delante, la Argentina todavía recibirá a Brasil, Uruguay, Colombia, Perú, Bolivia y Venezuela.

Se esfumaron las certezas. Y la tendencia se acentuó en las cinco, seis, siete temporadas más recientes. Si se contabilizan los últimos 12 encuentros como local, es decir todo el corte clasificatorio pasado y los tres primeros juegos de las actuales eliminatorias, la vendimia es flaca, inquietante: 5 éxitos, 5 empates y dos caídas. Únicamente el 55% de eficacia. Y un dato preocupante adicional: el muy tibio poder de fuego -5 goles en los últimos seis partidos, desde la época de Bauza a hoy-, casualmente en una era marcada por los fabulosos registros de Lionel Messi, y socios de relieve como Sergio Agüero, Ángel Di María, Paulo Dybala, Lautaro Martínez, Lucas Alario, antes Gonzalo Higuaín y otros.

Un año después de la caída con Ecuador, en 2016 fue el turno de Paraguay, que venció a la selección argentina de Bauza por 1 a 0, en Córdoba
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Un año después de la caída con Ecuador, en 2016 fue el turno de Paraguay, que venció a la selección argentina de Bauza por 1 a 0, en Córdoba (Archivo /)

Y una paradoja en el medio: la cosecha como visitante sí ha sido vital. Quizás, para enmendar lo que se evaporó en casa. El próximo martes jugará en Barranquilla, pero en las dos fechas anteriores ganó en la altura de La Paz, nada menos (2-1 a Bolivia), y se impuso en Lima (2-0 a Perú). Y la clasificación para Rusia 2018 la aseguró en la altura de Quito, cuando goleó 4-0 a Ecuador.

Desde las eliminatorias para Francia ’98, es decir bajo el sistema de todos contra todos, los rivales sudamericanos se marcharon de la Argentina con 42 puntos en algo más de dos décadas. Rico botín. Vale una comparación: ¿qué ocurrió con Brasil? Apenas se le escaparon por las fronteras 18 puntos, si bien hay que recordar que en dos eliminatorias no participó, las de 2014 por ser el anfitrión del torneo, y las de 1998, porque se trataba del campeón vigente tras el tetra en EE.UU. 1994.

Si Marcelo Bielsa apenas concedió dos puntos en casa camino al 2002, Daniel Passarella traspapeló 8 rumbo a Francia ’98. Fueron 5 los que dejaron Bielsa/Pekerman hacia Alemania 2006. Otros siete extraviaron Alfio Basile/Diego Maradona para Sudáfrica 2010, apenas 4 Alejandro Sabella en su recorrida a Brasil 2014 y nada menos que 12 en la última aventura a Rusia, la peor cosecha, con las sucesivas conducciones de Gerardo Martino, Edgardo Bauza y Jorge Sampaoli. Al ciclo de Lionel Scaloni ya se le escaparon cuatro y apenas se disputó un tercio de la localía.

El repaso de los últimos partidos de Argentina, con cancha llena o sin público, en la Bombonera, el Monumental o Santiago del Estero, solo encuentra una victoria desde mediados de 2017 hasta hoy: en octubre del año pasado, en el comienzo de las eliminatorias para Qatar: 1-0 al Ecuador de Alfaro, gol de Messi, de penal
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El repaso de los últimos partidos de Argentina, con cancha llena o sin público, en la Bombonera, el Monumental o Santiago del Estero, solo encuentra una victoria desde mediados de 2017 hasta hoy: en octubre del año pasado, en el comienzo de las eliminatorias para Qatar: 1-0 al Ecuador de Alfaro, gol de Messi, de penal (Archivo /)

Cambiar escenarios y geografía tampoco sirvió. A principios de las eliminatorias para Rusia, tras atrapar apenas un punto de seis –revés con Ecuador y paridad con Brasil–, el plantel, la mesa chica, insistió con volver al calor del interior para huir de la inexpresividad del Monumental. No lo expresaron así, claro, estas líneas intentan disimular un tono desafiante. Pese a la negativa experiencia en días de Maradona de trasladar el clásico con Brasil a Rosario para “asustar” al Scratch –baile brasileño para el 3 a 1–, los buenos antecedentes en el ciclo de Sabella confirmaron la mudanza. Funcionó un par de cotejos, pero la derrota con Paraguay en Córdoba abrió un replanteo. Hubo una fecha federal más, en San Juan, y finalizó el experimento.

Con la asunción de Claudio Tapia como presidente de la AFA, apareció una nueva idea: el traspaso a la Bombonera. Porque el templo xeneize finalmente sería una fortaleza... Pero tampoco funcionó: tres empates y apenas un triunfo. Entonces, nuevo traslado, ahora a Santiago del Estero. La misma inercia y otra igualdad. Nada detiene la fuga de puntos.