El trofeo del rey Nadal

Rafael Nadal, quinto jugador del ránking mundial, con el trofeo tras haber ganado el Barcelona Open Banc Sabadell-Trofeo Conde de Godó. EFE

El saque de Rafael Nadal se fue hasta donde no lo esperaba Dominic Thiem. El austriaco solo tuvo tiempo de deslizar su pies sobre el polvo de ladrillo, de estirar su derecha y responder de revés. La bola se elevó y dibujó una elipse que la mandó detrás de la línea fondo. Nadal la siguió con su mirada y solo cuando la Dunlop verde eléctrico besó el polvo, el tenista español levantó los brazos en señal de victoria. Se había terminado el punto. Había ganado el set. Se había terminado el Open Banc Sabadell de Tenis 2017 y pudo hincarle el diente a otro trofeo. En este caso, el décimo Godó de su carrera.

Un día antes de que se produjera este cierre, asistí temprano el sábado 29 de abril al Real Club de Tenis de Barcelona, en la parte alta de la ciudad, donde está desde 1953, para presenciar la jornada previa a la final del torneo en su edición número 65. Ya no había huella de la lluvia de miércoles y jueves. La tierra mojada había vuelto adquirir el brillo de la tierra batida, del polvo de ladrillo al que le da de lleno el sol. En la grada, los paraguas se habían cerrado para darle paso a los sombreros. Y los temas de conversación iban desde la vuelta de la rusa Maria Sharapova en Stuttgart al circuito femenino, pasando por el tratamiento de pelo que se ha hecho Rafael Nadal para lucir más melena, hasta tocar la disputa de la Liga entre el FC Barcelona y el Real Madrid. El fútbol, siempre el fútbol.

En mi visita, tuve tiempo para pasar por la zona de prensa. Allí pude leer una entrevista que le han hecho al director del torneo, el extenista Albert Costa. En ella, Costa intentaba explicar las diferencias entre el tenis sobre hierba y el de tierra batida. “Jugar en tierra es especial. Intervienen más conceptos, hay más táctica. En hierba solo se trata de velocidad, los golpes fuertes y el saque”. Albert: ¿No es esa la esencia de este deporte?

(Foto: David Ramos/Getty Images)

Darse un paseo por entre las pistas de este ATP 500 del World Tour, el lounge bar, los restaurantes, el Terraza Market -un lugar en el Village dedicado al ocio y las compras con 25 expositores agrupados bajo el concepto “Handmade”- es estar en otra Barcelona. Una pequeña ciudad dentro de la capital catalana, en la que cada año se respiran aires de glamour y moda. Una cita ineludible que en una semana reúne 90.000 mil espectadores. El mismo número de personas que en un día llenan el Camp Nou para un clásico o un partido importante de Champions.

Además del deporte, es una semana para hablar de negocios en los distintos sitios de reunión del torneo. Claro, también de política. Sin embargo, la frase que más llamó mi atención no la escuché dentro de las instalaciones donde se jugó y vivió el torneo. Fue al salir del lugar donde la descubrí, sobre una pared de latón que precintó el Real Club de Tenis de Barcelona. Una pintada en la que se podía leer en catalán: “Visca Felip VI!” (¡Viva Felipe VI!). De haberme tomado la molestia de escribirla, mi homenaje hubiera sido para el otro rey. El de la tierra batida. ¡Viva Rafael X!

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