El Real Madrid se autoinmola

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GRAF1614. Madrid, 10/01/2018.- El centrocampista del Real Madrid, Marco Asensio, cabecea el balón durante el encuentro correspondiente a la vuelta de los octavos de final de la Copa del Rey que han disputado esta noche frente al Numancia en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid. EFE / Rodrigo Jiménez.
GRAF1614. Madrid, 10/01/2018.- El centrocampista del Real Madrid, Marco Asensio, cabecea el balón durante el encuentro correspondiente a la vuelta de los octavos de final de la Copa del Rey que han disputado esta noche frente al Numancia en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid. EFE / Rodrigo Jiménez.

En el Real Madrid, más que un delantero o un nuevo entrenador, se busca un exorcista. El club (entero) necesita una purga. Una limpia que les haga reiniciarse y olvidar de una vez por todas los últimos cuatro meses, que han sido capaces de llevarse por delante un trabajo de cerca de cuatro años más que espectacular.

Si ante el Celta de Vigo en Liga a Zidane se le acabaron las excusas, ante el Numancia en Copa del Rey el equipo tocó fondo. Y no porque se empatará (otra vez) a dos en el Bernabéu, pues los hinchas ya parecen haberse acostumbrado a que su equipo pase por el templo blanco con más pena que gloria esta temporada. Lo peor de todo fue el comprobar, ya sí de manera fehaciente, que la plantilla está rendida y no da para más.

Como rectificar es de sabios, diremos que quizás desde esta tribuna hemos sido demasiado duros con Zinedine Zidane. Visto lo visto por parte de los meritorios en la Copa del Rey, es normal que a Zizou le cueste un mundo hacer los cambios durante los partidos de Liga. Ante el Numancia pudimos atender al enésimo descalabro de Theo Hernández como titular vestido de blanco, o comprobar que el Marcos Llorente de este año no se parece en nada al pulpo del mediocampo que despuntó en el Alavés finalista de Copa del Rey el año que pasado.

El equipo volvió a caerse tras el descanso. No es capaz de matar el partido cuando lo tiene en su mano, y su fragilidad defensiva le hace sufrir con cada arremetida del rival; llámese Numancia, Fuenlabrada, Tottenham o FC Barcelona. No importa la diferencia en categoría del rival cuando la única constante en la ecuación es el espacio entre líneas en movimientos defensivos del club blanco y la falta de contundencia en el aspecto táctico.

Fue especialmente desesperante ver a Marco Asensio deambular por el campo como si fuera un jugador menor. Fuera de forma, fuera de foco, sin chispa alguna y con la mirilla de su temible disparo –que tantas alegrías dio al madridismo el año pasado y este verano– totalmente descalibrada. El mallorquín es apenas un espectro del jugador que apuntó ser hace sólo unos meses, y en el club deben preguntarse como puede ser que uno de los mejores activos de la plantilla ha podido bajar tanto sus prestaciones sin que nadie se alerta de ello.

Para más inri, Zidane decidió cambiar inexplicablemente a Borja Mayoral, uno de los pocos junto a Lucas Vázquez y Dani Ceballos que sí quiso dar la cara en el Bernabéu, cuando quedaban 10 minutos por jugarse y el equipo ganaba 2-1. El cambio fue por Casemiro.

Se intuye una pena sustentada en el tiempo dentro del Real Madrid y nadie entiende muy bien por qué. Las lecturas de Zidane de los partidos suelen ser de lo más variopintas, pero la única verdad es que el equipo se ha despeñado y ni los titulares ni los suplentes parecen dispuestos a dar un paso al frente para subsanar la situación.

Zidane, a su vez, sigue en su línea de no pedir fichajes en enero y de asegurar que está contento con su plantilla. Quizás vea él algo que nosotros no logramos apreciar. No sería la primera vez que el francés esté en lo cierto y nosotros no.

 

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