El peinado de Jill Biden que cautiva por su naturalidad y lo que representa para muchos en EEUU

Jesús Del Toro
·5  min de lectura

La Casa Blanca es escenario de grandes cambios. Empezando por sus nuevos inquilinos, el presidente Joe Biden y su esposa Jill, por la distensión que ha caracterizado al nuevo mandatario en comparación a su antecesor, Donald Trump, y por la formulación de nuevas políticas y la reversión de algunas de las más punzantes establecidas por la anterior administración.

La primera dama Jill Biden acudió a la panadería The Sweet Lobby en Washington DC a comprar pastelillos para el Día de San Valentín. (Twitter/@FLOTUS)
La primera dama Jill Biden acudió a la panadería The Sweet Lobby en Washington DC a comprar pastelillos para el Día de San Valentín. (Twitter/@FLOTUS)

Pero también se ha dado un giro significativo: los Biden han mostrado una actitud de sencillez y armonía que contrasta con la rigidez y tensión que con frecuencia se percibía en Donald y Melania Trump.

Un nuevo ejemplo de ello, que ha sido muy comentado en redes sociales, es la naturalidad con que Jill Biden ha aparecido tanto en eventos públicos como en situaciones que para el normal de las personas son simples y cotidianas pero que son un tanto inusitadas para una primera dama.

En redes sociales se ha destacado que Jill Biden acudió en días recientes a una panadería de Washington DC para comprar directamente algunas delicias para el pasado fin de semana de San Valentín. En un post difundido en la cuenta de Twitter de la primera dama (@FLOTUS) se ve a Jill Biden comprando esos pastelillos, un detalle que fue reconocido por muchos usuarios.

Y a muchos otros les llamó además fuertemente la atención que ella estuviese peinada con una sencilla cola de caballo y vistiera un abrigo de color rosa.

Una usuaria comentó que “una parte de lo que nunca pensé que necesitaba era una primera dama con una dona para el pelo”, en relación al accesorio para sostener el cabello y formar la cola de caballo. Algo que hace sentir a muchos usuarios que la primera dama Biden no es muy diferente al general de las mujeres estadounidenses. Esa dona de pelo es visto como un signo de sencillez y empatía.

Todo ello cobra relevancia si se le compara con la anterior primera dama, Melania Trump, que mantuvo una look mucho más elaborado, incluso coreografiado, lo que hacía que en ocasiones luciera artificial. Ciertamente, Melania Trump era modelo y su vida ha estado asociada a una imagen de cuidado glamour, pero ello en ocasiones la hacía ver desconectada con los estadounidenses en general. Ciertamente, las primeras damas siempre han sido alabadas o criticadas por su apariencia (con frecuencia más que por sus acciones o talentos), y hay quien halló la de Melania Trump adecuada o pertinente a sus gustos o al rol que ella desempeñó en la Casa Blanca.

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Pero en todo caso la diferencia entre ambas primeras damas es notoria, y no solo en la vestimenta o el arreglo personal. Jill Biden es maestra universitaria y continúa esa labor y es conocida por una actitud de espontaneidad y humor que contrasta con la más seria y contenida Melania Trump, quien tenía dificultad para comunicar con el público y era, al parecer, obsesiva con la ropa, el peinado y los accesorios que portaba.

Y también se ha señalado que Jill Biden ha sido durante décadas la esposa de un importante político –Joe Biden ha sido senador, vicepresidente y ahora presidente– y por ello está consciente y acostumbrada a interactuar ante el público, mostrando naturalidad y afabilidad, una experiencia que no tenía Melania Trump.

Incluso se ha dicho que durante la presidencia de Trump, rara vez se les veía públicamente a él y a Melania mostrándose afecto (fue notoria la ocasión en que ella apartó su mano de la de su marido), mientras que los Biden se muestran cariñosos de modo frecuente.

Y otros en redes sociales han añadido anécdotas curiosas, como comparar los mensajes que Jill Biden y Melania Trump en alguna ocasión han llevado en su indumentaria: “Amor” contra “Realmente no me importa, ¿y a ti?”.

Cada quien es como es y, en el fondo, lo importante es el impacto que la labor de la Casa Blanca tiene y puede tener en el bienestar general de la población. En ese sentido, que los Biden sea una pareja con la que, en opinión de muchos, el ciudadano común puede identificarse más fácil o directamente es sin duda relevante no solo para el ego o la popularidad de los inquilinos de la Casa Blanca sino para propiciar una distensión social y una empatía que estuvieron en buena medida ausentes durante la era de Trump.

Una dona en el pelo resulta, en ese sentido, una herramienta a valiosa que conecta con el ciudadano de a pie.

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