El fútbol femenino busca cautivar más público

La jugadora del FC Barcelona Vicky Losada durante el encuentro de ida de los cuartos de final de la Women’s Champions League ante el Rosengard, en Malmoe, Suecia. (Reuters)

“Ven al Mini Estadi. ¡La historia nos espera! Entrada gratuita”. Eso se podía leer en el cartel que invitaba, en Barcelona, a asistir al partido de vuelta FC Barcelona Femenino – FC Ronsegard, la tarde-noche del 29 de marzo, juego que definía el pase a la semifinal de la Uefa Women’s Champions League (UWCL) 2016-2017 que, para los no entendidos, no es otra cosa sino la Champions de mujeres.

Una semana atrás, el equipo sueco, como local, con la cinco veces ganadora del FIFA World Player; la brasileña Marta Vieira, había caído derrotado en la ida contra las azulgrana 0-1, lo que motivó que 7.350 espectadores respondieran a la invitación, ocupando las sillas en las graderías del Mini Estadi y fueran testigos de la histórica clasificación de las culés a la siguiente ronda en la UWCL. Al final ganaron 2-0 (3-0, en el global) y el boleto para disputar la semifinal. Llave en la que se verán las caras con las chicas del París Saint Germain. Un clásico ya del torneo.

Bajo un cielo azul primaveral, y una tarde algo fría, fue agradable ser uno de los asistentes a esta gesta en el Mini Estadi. No tanto por lo “histórica”, como decía la publicidad, que lo fue (es el primer equipo femenino español en alcanzar esa instancia), sino por ver fútbol de primer nivel pero a otro ritmo y con menos tópicos que el masculino. “Fútbol sin toxinas”, “fútbol para veganos”, diría un publicista novel para tratar de venderlo a nuevos públicos. Con gradas llenas de niños y niñas. Sin artimañas en el campo (¡saludos a Neymar!) pero con igual competitividad. Con más dinámica y menos interrupciones.

Fútbol puro sin preguntas a árbitros frente a pantallas que le restan la esencia vital al deporte. Sí, algunos dirán “inocente”, otros dirán “amateur”, pero con rigor y entrega. Un fútbol más físico, más de correr, pero que también dio momentos para la técnica y el lucimiento personal de jugadoras como la misma Marta, por la visita, o Alexia Putellas, por las locales.

Leila Ouahabi, del FC Barcelona, celebra el primer gol ante el Rosengard en la Women’s Champions League, en Malmo, Suecia. (Emil Langvad / TT via AP)

El fútbol femenino en el mundo ha crecido en los últimos años. España es ejemplo de ello. El mismo FC Barcelona es pionero y tiene con contrato a toda su plantilla, que pasó de entrenarse dos horas al día a jornadas completas de siete horas. Se ha consolidado una Liga como la patrocinada por Iberdrola. Se exportan jugadoras como Vero Boquete (París Saint Germain) y la selección absoluta ya ha participado en un Mundial (Canadá 2015). Pero todavía hay mucho qué hacer para lograr la solidez y el respeto que se merece.

Las distancias con su hermano mayor, el masculino, son notorias. Solo hay que decir que el campeón de la Champions League recibirá 15.5 millones de euros, mientras que su homólogo en la competición femenina se embolsará 300.000. El fútbol de hombres en el mundo es un negocio que mueve millones de euros, hiper-mega-profesionalizado; el femenino, de carácter casi aficionado conserva la esencia del amateurismo que se mueve por otros valores: orgullo, pasión, sentido de pertenencia.

Ni hablar de los sueldos. Mientras Messi o Cristiano Ronaldo ganan al año más de 20 millones de euros, la brasileña Marta, del FC Rosengard, tiene una ficha que no alcanza el medio millón. Las diferencias son aplastantes. Ahí puede estar la respuesta a la pregunta que dejó el partido: ¿porqué la presencia de la mejor jugadora del planeta y un equipo local con el máximo favoritismo para ganar y clasificarse no dieron para llenar las 15 mil sillas del Mini Estadi, en una tarde-noche de puertas abiertas?

El fútbol femenino da pasos para consolidarse, pero le falta trabajar en la fidelidad de los seguidores, que son en últimas los que lo consumen. Le falta enamorar al hincha. Detalles que no pueden dejarse al viento. Sin ir más lejos, para el partido del fin de semana pasado, por la Liga Iberdrola, jornada 23, en el mismo Mini Estadi, que enfrentó al FC Barcelona contra el Sporting de Huelva (5-1), solo asistieron 363 personas. Y eso que también tenía el cartel de “entrada gratuita” colgado en la puerta. Pero no llevaba el gancho de “la historia nos espera”. A algún desmemoriado se le olvidó que esa historia se escribe todos los días, hasta un domingo común de Liga.

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