El futbol, el juego del hombre... aunque ellas demuestren lo contrario siempre les dan las migajas

(AP Photo/Alessandra Tarantino)
(AP Photo/Alessandra Tarantino)

Con una afluencia de público nunca antes vista en sus cuatro sedes, Grenoble, Le Havre, Lyon y Montpellier, la Copa Mundial Femenina de Futbol de Francia parece acortar la distancia entre apoyos, difusión y ganancias de su homóloga masculina. No obstante, hay una enorme brecha que ni el certamen más exitoso hasta ahora rasguña lo que significa la Copa Mundial.

Las semanas previas

La expectativa por la competencia fue creciendo en las semanas previas; los patrocinadores hicieron un buen trabajo lanzando algunos videos como el de Nike que resaltaba los logros femeninos y amplificaba el “Dare to shine” (¡Atrévete a Brillar!) de la misma FIFA . Por su parte, Alemania, una de las favoritas para llevarse el título, también logró eco con su video donde aceptan “las mujeres no tenemos bolas, pero sabemos cómo usarlas”.

Pese al impulso feminista, unos días antes del comienzo del Mundial Femenino, la página oficial de FIFA carecía de fotos, por ejemplo, de las jugadoras más sobresalientes como la goleadora Marta de Brasil, o de la mediocampista estadounidense Lindsey Horan y la delantera sudafricana Thembi Kgatlana, cuando en el caso de los hombres a unas semanas los niños alrededor del mundo ya coleccionan estampas de todos los jugadores.

Desigualdad en los equipos más competitivos

La Selección de Estados Unidos ha sido de las más exitosas; de las ocho copas disputadas hasta ahora, ellas han ganado en tres ocasiones (1991, 1999 y 2015); más cuatro veces medallistas de oro en los Juegos Olímpicos. La final que disputaron en 2015 fue el partido de futbol más visto en su país con 23 millones de televidentes. Aún con esos números siguen siendo discriminadas.

Así lo plasmaron en su demanda que presentaron el pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, ante una Corte de Los Angeles, donde a través de una demanda colectiva exigen igualdad salarial respecto a sus colegas masculinos, así como igualdad en apoyos y condiciones de viajes.

Según datos de la misma Federación de Futbol de Estados Unidos, los seleccionados masculinos ganan entre 5 a 17 mil dólares por partido dependiendo de la calidad del contrincante, sin importar el resultado. Mientras que las mujeres solo cobran cuando juegan con equipos clasificados entre los 10 primeros por FIFA. Y además, para que les paguen, las chicas tienen que ganar. Por ello, en su demanda exigen se termine con esta práctica discriminatoria.


Selección Femenina de EEUU | Foto: Craig Mercer/MB Media/Getty Images
Selección Femenina de EEUU | Foto: Craig Mercer/MB Media/Getty Images

En el Viejo Continente las cosas no son muy diferentes, la mejor futbolista del mundo, la noruega Ada Hegerberg, quien hizo historia al ser la primera mujer en ganar el Balón de Oro, y la misma que tuvo que soportar la pesada broma del presentador, Martin Solveig, quien le preguntó en la ceremonia si hacia twerk, anunció desde 2017 que no asistiría a este Mundial si no se igualaban las condiciones con las que compiten los hombres en cuestión de infraestructura, planeación y alojamiento.

Mientras que las campeonas de Europa, la selección alemana, ha dicho que juegan para un país que ni siquiera sabe sus nombres, en el caso de las españolas siguen en su lucha para que las cataloguen como atletas de élite y recibir entonces apoyos. El seleccionado italiano logró su pase mientras que su homólogo masculino no fue a Rusia 2018; pese a todo, los apoyos y patrocinadores los tiene éste último.

Las cifras de FIFA

La Federación Internacional de Futbol Asociación invirtió 50 millones de dólares para esta Copa del Mundo 2019, y aportó otros 10 millones para la organización, juegos amistosos y mejora de instalaciones. Sobre este mismo rubro el país sede, Francia, aportó 70 millones más.

Estas cifras contrastan con las de Rusia 2018, donde la FIFA, la sede y patrocinadores se calcula que en total invirtieron casi 2 mil millones de dólares. Así de grande es la brecha... en pleno mundial femenino ¿sigue siendo el juego del hombre?

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