El clásico: ganar es cuestión de amor

El delantero argentino del FC Barcelona Lionel Andrés Messi (c) y el delantero portugués del Real Madrid Cristiano Ronaldo, durante el partido de la primera ronda. EFE/Archivo

Con el desparpajo que le festejan en Barcelona y la insolencia que le critican en Madrid, al terminar la histórica remontada contra el París Saint Germain, de camino al vestuario, Gerard Piqué soltó una de sus ya célebres frases: “hoy en Barcelona se hará mucho el amor”.

Amor que, quizás, en Barcelona no se practicó mucho esta semana, tras los partidos de cierre de los cuartos de final de la Uefa Champions League (UCL). Con resultado positivo para el Real Madrid y negativo para el FC Barcelona, la ciudad ha caído bajo un manto de depresión futbolera cuya única cura, para pasar página y hacer menos dura la eliminación del equipo azulgrana de la Champions, sea ganar el clásico del domingo a los merengues, en el Santiago Bernabéu.

Ganar es cuestión de amor… propio, de orgullo. Pero también, vencer serviría para definir una Liga. Una victoria en Madrid, durante la jornada 33 del torneo, acortaría la ventaja del segundo frente al primero. Y daría un impulso final a ese enfermo terminal que es el Barça esta temporada. Una catapulta que pueda llevarle a disputar el título hasta el último minuto. Una bomba de oxígeno. Y qué mejor que ganar haciéndolo el día 23 de abril, día de Sant Jordi (San Jorge), día de los enamorados en Cataluña. Así volvería a florecer ese sentimiento, del que habla Piqué, en plena primavera.

Hay quienes ya se adelantaron a ello. Gracias a la imaginación de TVBoy, así lo contagian a los transeúntes las figuras de Leo Messi y Cristiano Ronaldo hechos arte pop. Cerca de la céntrica plaza Cataluña de la ciudad, el artista ha pegado un cartel, al mejor estilo Bansky, sobre una valla de publicidad. El afiche muestra abrazados a las dos grandes estrellas de culés y merengues dándose un beso como pareja. El dibujo del argentino está de puntitas sobre sus botines para alcanzar los morros del portugués, mientras corazones rojos sobrevuelan a su alrededor. A los pies, entre los dos, la pelota. Amor puro.

Los que han malgastado toda la “intensa atracción emocional” (léase: amor), ante el Real Madrid-FC Barcelona son los miembros de la Real Academia Española. La RAE, por cariño al lenguaje, recomienda usar la palabra clásico, sin mayúscula, para referirse al juego que enfrenta a los dos grandes clubes de la Liga. Pero ese es un partido perdido, los medios de comunicación, el negocio del fútbol y los demás prefieren ‘Clásico’, con mayúscula, para hablar de un partido igual a muchos pero distinto de todos. Amor por encima de las reglas idiomáticas.

A horas del clásico -me ciño a la RAE, soy un romántico-, bien se podría hablar de puntos, de estadísticas, de goles, de asistencias, de posesión de pelota, de MSN, de BBC, de cómo llegan los dos equipos, de Zidane, de Luis Enrique, de Messi, de Ronaldo, del enfrentamiento en redes de sociales Pique-Ramos; pero como lo definió Jorge Valdano: “el fútbol es un estado de ánimo”.

Siendo así, el juego del domingo será un choque de dos estados (que no Estados): Real Subidón, líder y en semifinales de la UCL; contra FC Depresión, segundos, eliminados de la Champions, finalistas de la Copa del Rey. Ese otro campeonato, del que se acuerdan y al que se aferran tanto el Madrid como el Barcelona cuando no ganan los títulos grandes en la temporada. Eso si un equipo vasco no se les mete de por medio. Amor.

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