Dustin Johnson, el campeón de la paciencia que le ganó hasta al coronavirus y se puso el saco de Tiger

Gastón Saiz
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Ni la Sputnik V ni la de Pfizer: Dustin Johnson encontró su propia vacuna contra las adversidades y se convirtió en el gran campeón del golf en 2020. El coronavirus lo había dejado aislado de los fairways a mediados de octubre, pero al mes siguiente fue capaz de consagrarse en el Masters de Augusta y recibió el saco verde de manos de Tiger Woods. Una hazaña que significó el hito más importante de este deporte en este fatídico año, capaz también de destrozar el calendario de torneos del PGA Tour.

Masters de Augusta: Dustin Johnson se consagró campeón y batió todos los récords

En aquel campo extrañamente otoñal por la postergación obligada de abril a noviembre, el bombardero de Carolina del Sur se reivindicó así mismo, ya que tenía gusto a poco su única conquista de las grandes, en el US Open 2016. Sobre la base de la paciencia, pero fundamentalmente sustentado en un juego íntegro con cualquiera de los 14 palos de su bolsa, se impuso con comodidad en Augusta National y obtuvo el ticket virtual del Salón de la Fama. Está claro que Johnson no es un ganador de moda, sino un golfista que no detiene su evolución y se perfila para ser protagonista en cualquier major de 2021. De hecho, ya viene encarnando ese papel desde hace una década, entreverándose en varios top ten y amagando con victorias.

Al margen del logro en sí mismo, lo más impresionante de Johnson fueron los números que consiguió para alcanzar el segundo torneo grande de su carrera: gracias a la vuelta final de 68 golpes (-4) acumuló 268 (-20), un total bajo el par nunca antes alcanzado en toda la historia de este certamen desde 1934. Superó el registro de -18 de Tiger Woods (1997) y de Jordan Spieth (2015), con lo que hizo trizas las anteriores marcas, aunque ayudado por una cancha accesible como nunca, sin la habitual preparación durante la primavera en el estado de Georgia.

Dustin Johnson: qué hizo para convertirse en mejor golfista y afirmarse como Nº 1

Johnson tiene plenamente justificada su condición de actual Nº 1 del mundo. Dejó atrás frustraciones en grandes certámenes que pudieron haberle dejado un trauma deportivo -como cuando recibió dos golpes de multa por apoyar su hierro 4 en un búnker, en el PGA Championship 2010, y quedó fuera del playoff- y siempre ambiciona ser mejor jugador. Esa superación quedó expuesta cuando se enfocó en un mayor control de la distancia con los wedges, un rango entre las 75 y 150 yardas que había menospreciado históricamente y que solo calculaba según sus sensaciones. La adquisición de un TrackMan, un simulador que usan muchos profesionales, instructores y jugadores amateurs para registrar distancias, fue una de las claves de su progreso.

La tecnología es una parte de su salto de calidad, pero también lo es su aplomo y su fortaleza mental para que nada lo aparte del objetivo que busca. Y si se equivoca, de alguna forma resetea su cabeza y ya está pensando en su próxima misión, no en el aspecto en que falló. El esposo de Paulina Gretzky -hija del legendario ex jugador de hockey sobre hielo- disfruta de ese estado de gracia y nada le falta para seguir afirmándose en la cima del ranking mundial, dentro de un circuito cada año más competitivo y con estrellas acechándolo aquí y allá.

Podría decirse que Johnson está dominando en los últimos tiempos con mano de hierro, casi como lo hacía Tiger Woods en sus períodos de gloria. En la temporada anterior, el jugador de 36 años ganó tres títulos con scores totales que ridiculizan cualquier desafío: 19 golpes bajo el par en el Travellers, -30 en el Northern Trust y -21 en The Tour Championship, cosecha que lo llevó a alzar el trofeo de la FedEx Cup. Y en la actual temporada -con el contagio de coronavirus en el medio-, fue 6º en el US Open, 2º en el Houston Open y campeón por primera vez en el Masters de Augusta. Con esta nueva realidad, Johnson parece no tener techo.