Dos días de teatrillo político y mediático de incultura científica

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Sesión de investidura en el Congreso de los diputados REUTERS/Sergio Perez
Sesión de investidura en el Congreso de los diputados REUTERS/Sergio Perez

La primera intentona de investidura de gobierno en España ha transcurrido durante horas y horas de interminables debates parlamentarios. Una soporífera sucesión de réplicas y contrarréplicas, seguida de entrevistas y comunicados a medios de comunicación abarcando un sinfín de temas: conflicto catalán, modelos de financiación autonómica, puestos y sillones ministeriales, negociación y posturas enfrentadas… y, como viene siendo habitual, un flagrante olvido del ámbito científico.

Con algunos recesos para comer y satisfacer las variadas necesidades humanas, he intentado seguir todas las intervenciones de los últimos dos días y, si las cuentas no me fallan, la palabra ciencia se ha pronunciado cuatro veces. Durante la sesión de investidura donde el candidato presentaba su programa político en temas tan variados como presupuestos, cuestiones sociales, medioambiente, empleo, pensiones, infraestructuras o energía y en la que sus posibles socios y opositores manifestaban sus preocupaciones y deseos para los próximos años, la ciencia se ha citado en cuatro ocasiones.

Volvemos al teatrillo político donde nuestros actores políticos se quitan la máscara y dejan bien visible su total desinterés por las cuestiones científicas y por el personal investigador. El político patrio ha aprendido a usar de manera muy hábil conceptos como innovación, desarrollo, modelo sostenible, I+D+i o avance tecnológico, son palabras que suenan bien pero que, a la hora de la verdad, se quedan vacías y sin apoyo real.

Durante su intervención, el candidato Pedro Sánchez, enumeró un amplio abanico de cuestiones que debemos resolver en un futuro inmediato. El calentamiento global, el medio ambiente y el cambio de modelo energético tuvieron un lugar importante en su discurso, pero una vez más, quedaron como rápidas citas generales con buenos deseos pero poco contenido de fondo. El presidente en funciones se contentó con enumerar una serie de problemas pero no se atrevió a incluir la ciencia y la investigación como la principal solución que tenemos hoy en día para resolverlos.

Por supuesto, la desgana de nuestros políticos por la ciencia no es más que un síntoma de una enfermedad mayor: un desinterés generalizado de toda la sociedad, en la que los medios de comunicación están teniendo un papel protagonista. En apenas dos días hemos asistido a un repertorio bochornoso de mal periodismo y falta de cultura científicas de aquellos que tiene la obligación de presentar información rigurosa y fiable.

El 50 aniversario de la llegada del hombre a la Luna ha tenido su eco en los espacios informativos y telediarios de todas las cadenas, y desafortunadamente en la mayoría de los casos, ha servido para mostrar las graves carencias de profesionales y comunicadores especializados en ciencia de todas ellas.

Desde la reportera que confunde estaciones de radar con centrales nucleares, hasta la presentadora que afirma que el Apolo 11 aterrizó “en la cara oculta” de la Luna, pasando por regalar un excesivo (y obsesivo) protagonismo mediático a las ridículas teorías conspiranoicas. Por no hablar de artículos y titulares sobre cómo el gazpacho cura el cáncer o de la nueva y milagrosa dieta para el verano… y todo en solo 48 horas.

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