El parón en el deporte acaba con los controles antidopaje

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Técnicos analizan muestras en un laboratorio antidopaje. Foto: Tony Karumba/AFP via Getty Images.
Técnicos analizan muestras en un laboratorio antidopaje. Foto: Tony Karumba/AFP via Getty Images.

El coronavirus ha detenido nuestra sociedad por completo. Cualquiera que esté mínimamente atento a las noticias habrá visto que este tema monopoliza absolutamente toda la actualidad desde hace varias semanas (y no es para menos, tratándose de una pandemia que amenaza con contagiarnos a todos). En el ámbito del deporte, que es el que nos ocupa ahora mismo, las consecuencias son evidentes: prácticamente todas las competiciones en el mundo entero (con alguna que otra excepción) han echado el freno.

Pero el parón no solo implica que la pelota deje de rodar o que las carreras ya no se disputen. En lo que se podría calificar como daño colateral, la lucha contra el dopaje también ha pulsado el botón de pausa. Tal como indica el diario ABC, los controles rutinarios se han detenido: los médicos no van a hacer pruebas a los deportistas y los laboratorios no analizan las muestras que no se llegan a obtener.

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En el fondo es lo lógico y esperable. La cuarentena impediría acudir a los técnicos sanitarios a los domicilios de los atletas para efectuar los registros. Además, en tanto que personal médico, los vampiros tienen ahora tareas mucho más importantes, como por ejemplo atender a los infectados y ayudar a su recuperación, y en los centros de análisis se les acumula el trabajo con los tests del virus que tanta falta hacen a la población general. Ya lo dice José Luis Terreros, director de la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte: “No tiene ningún sentido destinar a médicos para hacer controles antidopaje cuando tienen una labor social que cumplir”.

Sin deporte ahora mismo, a priori es superfluo destinar esfuerzos a comprobar si los deportistas están limpios, porque la ventaja que pudieran obtener no les iba a servir para mucho. Pero no olvidemos una cosa: esta situación pasará. Más tarde o más temprano, en algún momento volveremos a algo parecido a la normalidad en la que de nuevo habrá competiciones. No es descartable que los tramposos estén aprovechando el momento para comenzar tratamientos con sustancias y métodos que tengan efecto a largo plazo.

Porque aunque no lo parezca, dentro de la lógica de los que usan métodos ilegales para incrementar sus prestaciones, doparse también tiene sentido cuando no se está en plena época de competición. La cuarentena puede considerarse, en la práctica, una especie de pretemporada forzosa que los deportistas aprovechan para ponerse a punto físicamente sin la presión de obtener resultados en torneos oficiales. Hemos visto abundantes ejemplos de profesionales que se imponen planes de entrenamiento en sus propios domicilios.

El dopaje en este momento les sirve, por ejemplo, para poder soportar cargas de trabajo más intensas en esta pseudo-pretemporada. De esta manera, cuando empiece el curso llegarán físicamente más fuertes de lo que cabía esperar. Aunque después no consuman ningún producto ilícito, ya partirán con una ventaja indebida. Este es el motivo por el que, en condiciones normales, los controles se realizan durante todo el año, y no solo durante los campeonatos.

Terreros admite la posibilidad de que haya quien se quiera aprovechar. “Pero también tenemos mecanismos como el pasaporte biológico para descubrir esas situaciones con carácter retroactivo, está la congelación de las muestras... En general, estamos al día para hacer los controles cuando se puedan hacer”, explica. Porque ahora mismo, como hemos visto, no hay muchas más opciones: “El único apartado que estamos registrando como siempre es la localización de los deportistas, a través del sistema ADAMS”, indica refiriéndose a la base de datos creada por la Agencia Mundial Antidopaje (WADA, por sus siglas en inglés) y que se usa en algunos deportes para intentar tener controlados a los participantes (no sin críticas de quienes consideran que es un método demasiado intrusivo, puesto que les obliga a indicar en todo momento dónde se encuentran para facilitar controles sorpresa).

La propia WADA ha editado una breve guía en la que indica a las organizaciones antidopaje de todo el mundo las pautas de funcionamiento que deberían seguir durante estas circunstancias excepcionales. No obstante, se trata de un documento breve en el que se trata el asunto de forma bastante general, instando a fomentar el teletrabajo en la medida de lo posible, a reducir la cantidad de controles y a seguir las indicaciones de las autoridades locales. Se recomienda sobre todo que se garantice que los agentes encargados de llevar a cabo los pocos tests que se hagan estén sanos, para evitar contribuir a la difusión del virus. Legalmente los distintos atletas siguen estando obligados a someterse a las pruebas si se les requiere, y si se niegan afrontarán las consecuencias correspondientes, pero se insta a las autoridades a restringir al máximo los exámenes y priorizar los casos de más riesgo.

No hay aún fecha para saber cuándo se volverá a competir; ni siquiera es sensato especular con que será más tarde o más temprano, porque nos encontramos ante un escenario sumamente cambiante en el que hay novedades no ya de un día para otro, sino prácticamente en cuestión de horas. La única opción que tenemos es confiar en que esto acabe cuanto antes. Si en el momento en que se vuelva a competir observamos repentinamente un aumento de rendimiento inesperado en algunos competidores, será legítimo que, al menos, haya dudas y sospechas.

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