La clase del republicano McCain aceptando su derrota en 2008 deja a Trump todavía peor

M. J. Arias
·10  min de lectura

La política estadounidense se parece en muy poco a la española. Es algo que muchas veces sorprende a quienes se acercan a ella por primera vez y descubren que los políticos de allí no votan en bloque lo que decide el partido a nivel nacional. En Estados Unidos cada representante mira por sus electores y sus intereses. Es algo que mostró y explicó muy bien Aaron Sorkin al mundo con El ala oeste de la Casa Blanca. Pero, aún sabiendo eso, no deja de sorprender la gran diferencia existente entre dos de los últimos candidatos a la Casa Blanca por el Partido Republicano. Mientras Donald Trump se empeña en repetir, sin prueba alguna, que le están robando las eleciones; John McCain pronunció un discurso de aceptación de la derrota en 2008 que bien podrían escuchar tanto el actual presidente como su equipo de asesores.

Aquella, la de hace 12 años, fue una derrota dolorosa para el senador McCain. Su sueño de convertirse en presidente de los Estados Unidos se desvanecieron tras una campaña larga y dura de la que, aunque no las tenía todas consigo, salió victorioso Barack Obama. Su oponente en la carrera presidencial, compareció ante los medios y los estadounidenses consciente de que había sido testigo de primera fila de un momento histórico en el país: por primera vez en su historia un afroamericano gobernaría desde el 1600 de la Avenida Pensilvania.

El discurso de McCain aceptando su derrota también es parte de la historia. Y, como tal, por su contenido, el tono usado y la ‘clase’ que desprendía, como se le alabó en su momento y se hace ahora de nuevo, es por lo que hoy, más de una década después, cobra de nuevo protagonismo. Sobre todo al compararlo con la reacción que está teniendo su compañero de partido y sus problemas para aceptar que probablemente (aún no ha terminado el recuento) deberá dejar el cargo. Transcrito en su día por NPR, este fue (traducido) el discurso del senador McCain:

“Amigos míos, hemos llegado al final de un largo viaje. El pueblo estadounidense ha hablado y ha hablado con claridad. Hace poco, tuve el honor de llamar al senador Barack Obama para felicitarlo por haber sido elegido el próximo presidente del país que ambos amamos.

En una carrera tan larga y difícil como ha sido esta campaña, su éxito solo me inspira respeto por su habilidad y perseverancia. Logró hacerlo inspirando las esperanzas de tantos millones de estadounidenses, que alguna vez habían creído erróneamente que tenían poco en juego o poca influencia en la elección de un presidente estadounidense, es algo que admiro profundamente y lo felicito por conseguirlo.

Esta es una elección histórica y reconozco el significado especial que tiene para los afroamericanos y el orgullo especial que deben sentir esta noche.

Siempre he creído que Estados Unidos ofrece oportunidades a todos los que tienen la industria y están dispuestos a aprovecharla. El senador Obama también lo cree. Ambos reconocemos que aunque hemos recorrido un largo camino desde las viejas injusticias que una vez mancharon la reputación de nuestra nación y negaron a algunos estadounidenses las bendiciones plenas de la ciudadanía estadounidense, su recuerdo todavía tenía el poder de herir.

Hace un siglo, la invitación del presidente Theodore Roosevelt a Booker T. Washington para visitar - cenar en la Casa Blanca - fue tomada como un ultraje en muchos sectores. El Estados Unidos de hoy es un mundo alejado de la intolerancia cruel y orgullosa de esa época. No hay mejor evidencia de esto que la elección de un afroamericano para la presidencia de los Estados Unidos. Que no haya ninguna razón ahora para que ningún estadounidense deje de apreciar su ciudadanía en esta, la nación más grande de la Tierra.

El senador Obama ha logrado algo grandioso para sí mismo y para su país. Lo aplaudo por ello y le ofrezco mi más sincero pésame por el hecho de que su amada abuela no vivió para ver este día, aunque nuestra fe nos asegura que está descansando en presencia de su Creador y muy orgullosa del buen hombre que ayudó a criar.

El senador Obama y yo hemos tenido y discutido nuestras diferencias, y él ha prevalecido. Sin duda, quedan muchas de esas diferencias. Estos son tiempos difíciles para nuestro país, y le prometo esta noche hacer todo lo que esté en mi poder para ayudarlo a guiarnos a través de los muchos desafíos que enfrentamos.

Insto a todos los estadounidenses que me apoyaron a que se unan a mí no solo para felicitarlo, sino para ofrecerle a nuestro próximo presidente nuestra buena voluntad y nuestro esfuerzo serio para encontrar formas de unirnos, encontrar los compromisos necesarios, salvar nuestras diferencias y ayudar a restaurar nuestra prosperidad, defender nuestra seguridad en un mundo peligroso, y dejar a nuestros hijos y nietos un país mejor y más fuerte del que heredamos.

Cualesquiera que sean nuestras diferencias, somos conciudadanos. Y créanme cuando les digo que ninguna asociación ha significado más para mí que eso.

Esta noche es natural sentir alguna decepción, pero mañana debemos ir más allá y trabajar juntos para que nuestro país vuelva a moverse. Luchamos, luchamos tan duro como pudimos.

Y aunque nos quedamos cortos, el fracaso es mío, no tuyo.

Estoy profundamente agradecido con todos ustedes por el gran honor de su apoyo y por todo lo que han hecho por mí. Ojalá el resultado hubiera sido diferente, amigos. El camino fue difícil desde el principio. Pero su apoyo y amistad nunca flaquearon. No puedo expresar adecuadamente lo profundamente en deuda que estoy con ustedes.

Estoy especialmente agradecido con mi esposa, Cindy, mis hijos, mi querida madre y toda mi familia y a los muchos viejos y queridos amigos que han estado a mi lado durante los muchos altibajos de esta larga campaña. Siempre he sido un hombre afortunado, por el amor y el ánimo que me has brindado.

Saben, las campañas suelen ser más duras para la familia de un candidato que para el candidato, y eso ha sido cierto en esta campaña. Todo lo que puedo ofrecer en compensación es mi amor y gratitud, y la promesa de más años de paz por delante.

También, por supuesto, estoy muy agradecido con la gobernadora Sarah Palin, una de las mejores activistas que he visto en mi vida y una nueva voz impresionante en nuestro partido por la reforma y los principios que siempre han sido nuestra mayor fortaleza. Su esposo, Todd, y sus cinco hermosos hijos, con su incansable dedicación a nuestra causa, y el coraje y la gracia que mostraron en la dura campaña presidencial. Todos podemos esperar con gran interés su futuro servicio en Alaska, el Partido Republicano y nuestro país.

A todos mis camaradas de campaña, desde Rick Davis y Steve Schmidt y Mark Salter, hasta el último voluntario que luchó tan duro y valientemente mes tras mes en lo que a veces parecía ser la campaña más desafiada en los tiempos modernos, muchas gracias. Una elección perdida nunca significará más para mí que el privilegio de su fe y amistad.

No sé qué más podríamos haber hecho para intentar ganar estas elecciones. Dejaré que otros lo determinen. Todos los candidatos cometen errores y estoy seguro de que cometí mi parte. Pero no pasaré un momento del futuro lamentando lo que pudo haber sido.

Esta campaña fue y seguirá siendo el gran honor de mi vida. Y mi corazón está lleno de gratitud por la experiencia y del pueblo estadounidense por brindarme una audiencia justa antes de decidir que el senador Obama y mi viejo amigo, el senador Joe Biden, deberían tener el honor de guiarnos durante los próximos cuatro años.

No sería un estadounidense digno de ese nombre si lamentara un destino que me ha permitido el extraordinario privilegio de servir a este país durante medio siglo. Hoy fui candidato al cargo más alto del país que tanto amo. Y esta noche, sigo siendo su sirviente. Eso es una bendición suficiente para cualquiera y agradezco a la gente de Arizona por ello.

Esta noche, esta noche, más que cualquier otra noche, no tengo en mi corazón nada más que amor por este país y por todos sus ciudadanos, ya sea que me hayan apoyado a mí o al senador Obama, le deseo buena suerte al hombre que fue mi antiguo oponente y será mi presidente.

Y hago un llamado a todos los estadounidenses, como lo he hecho a menudo en esta campaña, a no desesperar por nuestras dificultades actuales, sino a creer siempre en la promesa y la grandeza de Estados Unidos, porque aquí nada es inevitable.

Los estadounidenses nunca se rinden. Nunca nos rendimos. Nunca nos escondemos de la historia. Hacemos historia. Gracias, Dios los bendiga y Dios bendiga a Estados Unidos”.

Trump, por el contrario, habla de ‘fraude’, ‘robo’...

Y, como puede leerse, mientras McCain felicitaba a su oponente por la victoria y llamaba a la unidad de todos mientras él mismo se ofrecía al nuevo presidente de los Estados Unidos para apoyarle, Donald Trump lleva semanas cargando contra el sistema electoral, hablado de fraude del voto por correo y avivando la confrontación a través de sus redes sociales, donde los moderadores no paran de colocar avisos por la falsedad de sus mensajes.

No solo en redes sociales, el actual inquilino de la Casa Blanca compareció ante los medios para declararse vencedor cuando el recuento no solo no había terminado, sino que aún quedaban días para ello. Ante unos medios que la noche de este jueves decidieron cortar su discurso por la cantidad de datos falsos e informaciones erróneas que contenía. “Aquí estamos nuevamente en la posición inusual de no solo interrumpir al presidente de los Estados Unidos, sino de corregir al presidente de los Estados Unidos”, decía Lester Holt desde la NBC.

Y lo mismo ocurría con David Muir al frente del informativo de la ABC, que cortó para aclarar que “no se ha presentado prueba en ninguno de estos estados de que existan votos ilegales”, después de que Trump calificase de “corrupto” el sistema electoral estadounidense, señalase que le habían robado las elecciones y que todo ha sido un “fraude” sin aportar, como señalaba la CNN en un rótulo en pantalla, prueba alguna de lo que estaba diciendo.

Incluso desde Fox News, cadena que ha apoyado a Trump en tantas ocasiones y con una marcada línea editorial más republicana, tuvieron que desmentir al presidente asegurando que no existía prueba alguna, que no habían visto nada que demostrase que lo que decía era cierto.

La comparecencia al completo ha sido colgada por algunas televisiones en sus canales de Youtube, pero gran parte de los cortes compartidos por el propio Donald Trump en su cuenta de Twitter no puede ser retuiteados o embebidos al contener la advertencia de que “alguna parte o todo el contenido compartido en este Tweet ha sido objetado y puede ser engañoso respecto de cómo participar en una elección u otro proceso cívico”.

En uno de los momentos, cuando fue cortada la transmisión en directo por algunas cadenas, Trump estaba asegurando que si se contaban los votos “legales” él había ganado las elecciones, pero si se tenían en cuenta los “ilegales” le “robaban” las elecciones.

EN VÍDEO | Trump pone en duda el sistema democrático como salvavidas ante su posible derrota