Diego Schwartzman, "orgulloso" de haber soportado cuatro meses en burbujas, vuelve feliz a casa

LA NACION
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Diego Schwartzman se despidió sin éxitos de su primera Copa de Maestros, en Londres, tras caer consecutivamente ante el serbio Novak Djokovic, el alemán Alex Zverev y, este viernes, frente al ruso Daniil Medvedev, por un doble 6-3. Llegar hasta aquí fue una mezcla de satisfacción por el camino y furia por el desenlace. "Me da bronca irme así, tras partidos en los que fui superado. Me dan ganas de volver el año que viene y encontrar la forma de hacerlo mejor", dijo el Peque en la conferencia de prensa.

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El balance deportivo es positivo, sobre todo por lo que tuvo que remar el tenista para llegar hasta esta instancia. "Siempre es un mix de cansancio físico y mental. El sudamericano tiene una desventaja enorme con el europeo siempre, y más en este momento con la pandemia. Yo nunca volví a casa y los otros siete jugadores que están acá sí lo hicieron al menos seis o siete meses, para estar algunas semanas enteras con su gente, en su lugar, y yo no podía ir ni a la esquina a tomar un café", explicó Schwartzman.

En la intimidad, se sintió cruel. "Estoy como en marzo y abril, sigo encerrado en hoteles. No puedo estar quejándome de lo que estoy haciendo porque me está yendo bien, pero hacía el cálculo a la mañana lo que tuve que luchar. Tuve 6 u 8 días libres nada más que pude salir de burbujas. El resto de los cuatro meses estuve en hoteles, clubes, sin ver el sol en muchos casos (en los torneos indoor) ni poder caminar hasta el auto. Me pone muy orgulloso lo que pude lograr con lo difícil que fue estando este tiempo fuera de casa, viviendo encerrados y testeándonos. Ahora es el momento de volver y me pone muy contento todo el esfuerzo, lo que fui mejorando y lo que pude remontar post pandemia", confesó el mejor argentino del ranking mundial, que cierra el año en el top 10.

"Es duro. Hubo muchos momentos límites en los que hice un quiebre para poder salir en positivo. La verdad es que llegué bien. No sé cómo hice. Tal vez me rodearon muy bien y me ayudaron para eso, y también ganar partidos siempre te va manteniendo, pero no veo la hora de poder frenar un poco", agregó.

"Si tengo que hacer un balance, es un poco raro, porque hay una mezcla de situaciones. En la Argentina y en el mundo hay un montón de cosas que fueron tan malas que es un poco extraño decir que yo tuve tantas semanas buenas y el mejor año de mi carrera", fue la particular observación del número 9 del mundo.

"En lo deportivo, superé los objetivos que me había planteado desde hace varios años, cuando sentí que podía lograr mejores cosas en los Grand Slam, en los Masters 1000 y contra los mejores. Crecí en muchas cosas y fue un gran año en todo sentido para mí, que gané muchos partidos, en distintas superficies y sobre todo los que tenía que ganar", repasó el Peque.

Y volvió sobre el Masters. "Todo termina en este torneo que me agarraron varios charcos que me mojaron. Fueron duros estos tres partidos y el grupo no me ayudó, porque mis rivales en este tipo de canchas es donde mejor juegan y, a estas alturas del año, con la confianza que llegan los mejores, suelen jugar muy bien acá. Fui superado más allá de lo que hice bien y mal".

Finalmente, reconoció: "Si hay una imagen a la que no quisiera volver de 2020 sería a la foto que circuló luego del partido con (Cameron) Norris". Aquella vez, por el US Open, estuvo dos sets arriba e incluso desperdició un match point en el quinto parcial antes de quedar eliminado. Sintió que el mundo se derrumbaba.

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"Era la nueva vuelta al tenis, sin gente, con controles, con mucho protocolos, sin poder salir de las habitaciones y encima competir muy mal... Pensaba cómo iba a hacer para volver en noviembre si las cosas no mejoraban. Se me cruzaban mil cosas por la cabeza sobre volverme antes, sobre cómo aguantar, cómo mejorar... En ese momento estaba todo oscuro", finalizó. Ya es tiempo de cumplir los deseos de volver.