Dejó ganar a un rival que se había equivocado de camino: "Se lo merecía"

Luis Tejo
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El triatleta Diego Méntrida (centro). Foto: Twitter @triatlonchannel
El triatleta Diego Méntrida (centro). Foto: Twitter @triatlonchannel

Lo que dijo Luis Aragonés sobre el fútbol, en el fondo, puede aplicarse a cualquier competición deportiva. La clave es “ganar y ganar y ganar y volver a ganar”. El famoso “lo importante es participar” está bien para los aficionados, pero alguien que se mete en una prueba de carácter oficial busca siempre alzarse con la victoria o, por lo menos, quedar lo más arriba posible. Y eso no es ni mucho menos malo; es ese afán el que lleva a esforzarse al máximo para conseguir mejores resultados.

En ocasiones, sin embargo, se dan circunstancias en que el triunfo no es lo más importante y se antepone la solidaridad y el respeto por los rivales. Una lección al respecto nos la acaba de dar Diego Méntrida, joven triatleta madrileño de 21 años perteneciente al club Ecosport de Alcobendas, en la periferia de la capital, durante su participación en la prueba Ciudad de Santander.

La carrera no es una de las más importantes del circuito internacional, pero dado que este año, por la pandemia del coronavirus, se han cancelado muchas, y aprovechando que se compite en distancia olímpica, entre los participantes había algún que otro nombre ilustre poco habitual. Sin ir más lejos, el ganador fue un mito como Javier Gómez Noya. El segundo y el tercer clasificado iban a tener el privilegio de compartir podio y foto con él (y con otra figura como Kevin Viñuela, que fue segundo), además de los 300 euros de premio que otorga la organización.

Méntrida marchaba en cuarta posición, justo por detrás del inglés James Teagle. Llevaba un rato intentando alcanzarle sin éxito y ya se resignaba a quedarse sin la medalla de bronce. Pero en la última curva, a menos de 50 metros de la línea de meta, el británico cometió un error, se pasó de frenada y se fue contra una valla.

Diego, por pura inercia, le adelantó y siguió corriendo. Sin embargo, justo antes de llegar a la línea de meta se lo pensó dos veces, se detuvo y dejó pasar a su rival. Tal como declaró más tarde al diario El Mundo, “al ver cómo él se equivocaba, inconscientemente me paré. Él se lo merecía. No debió ver el desvío a meta, o no se lo señalizaron bien, no lo sé. El caso es que se lo merecía. Lo volvería a hacer”. Según cuenta, Teagle, el beneficiado, fue el primero en reconocerle el detalle: “se me acercó y me dio las gracias en inglés”.

El bonito gesto de deportividad le privó del tercer puesto, pero le hizo ganarse el aplauso del público presente en las calles de Santander. Y a juzgar por los comentarios en redes sociales, los aficionados valoran muy positivamente que un competidor, aun con toda la adrenalina del momento, sea capaz de tomar una decisión tan noble.

Sin embargo, parece que no todo el mundo habría hecho lo mismo. Hay quienes opinan que el error es parte del deporte como de cualquier otro ámbito de la vida, y que si su rival se había confundido, era problema suyo.

En cualquier caso, Méntrida ya ha conseguido ganarse el respeto de los aficionados. Compitiendo todavía en categoría sub-23, tiene un futuro muy prometedor por delante, aunque, por si acaso, compagina su carrera atlética con los estudios de Fisioterapia y Ciencias del Deporte, ya que el triatlón es una actividad de la que, salvo las grandes superestrellas, es difícil actualmente sacar el rendimiento económico suficiente como para vivir dedicándose en exclusiva. A su edad, ser capaz de terminar cuarto en una carrera absoluta con oponentes tan célebres hace pensar que pronto oiremos hablar mucho de él.

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