La izquierda elige el peor momento para recordar el lado oscuro de Maradona

Luis Tejo
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Maradona bailando con su esposoa Claudia Villafañe en una fiesta
Maradona, en 1999, bailando en una fiesta con Claudia Villafañe, entonces su esposa. Foto: Ricardo Ceppi/Getty Images

Cantaba Andrés Calamaro que Diego Armando Maradona “no es una persona cualquiera”. Porque, a pesar de que para muchos aficionados el futbolista argentino recientemente fallecido tenía un carácter legendario, casi místico, y le daban trato de divinidad (no en vano se solía hacer referencia a él como D10S, aprovechando que en la camiseta solía lucir el número diez), nadie olvidó nunca que por mucho talento que tuviera con el balón, por mucha genialidad que derrochara con el césped, no dejaba de ser un humano, con sus muchas virtudes y, también, sus muchísimos defectos. Probablemente ese era el factor que le hizo ir más allá del a categoría de “futbolista extraordinario”, como tantos otros, y le elevó a la categoría de mito: el público tenía claro que esas sombras, grises algunas, negrísimas otras, le convertían en “uno de los nuestros”.

Esa faceta turbia suya era pública y notoria. El propio Maradona no es que se jactara de ella, pero tampoco la ocultaba. “Yo nunca quise ser un ejemplo”, dijo más de una vez ante las acusaciones de que los lados más oscuros de su vida podían ser una mala influencia. De las cosas malas que hizo se habló y se seguirá hablando, porque son abundantes: dan para muchos minutos de radio y televisión y muchas páginas de texto.

El problema, como de costumbre, es el momento. De la misma manera que un tanto agarrando la pelota en el centro del campo y regateando a todos los rivales es “el gol del siglo” si se le marca a los ingleses en pleno Mundial pero se convierte en intrascendente si la víctima es el Getafe en un partido insulso de liga, no es lo mismo recordar las meteduras de pata del Diego cuando acaba de morirse y, literalmente, el cuerpo aún está caliente que hacerlo en cualquier otra ocasión. Por eso, lo que cometió determinado sector de la izquierda política española ayer es una equivocación colosal y de tremendo mal gusto.

Quiso el calendario que la defunción coincidiera con el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Y no faltó quien aprovechó la situación para vincular una noticia con la otra. Así lo hizo, por ejemplo, la cuenta institucional de Izquierda Unida, que, tras alabarle por sus ideales y su amistad con Fidel, le soltó un palo post mortem:

Quizás sea un poco difícil de justificar la pirueta mental para pasar de considerarle “comandante” y despedirle con el “hasta siempre” que en su tiempo se dedicó al Che Guevara a, menos de dos horas después, tildarle públicamente de maltratador. En cualquier caso, la agrupación que incluye al Partido Comunista de España no fue la única en aprovechar la oportunidad de manera, digamos, discutible. Otros hicieron lo mismo a título particular, como Pablo Padilla, antiguo diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid:

Incluso el actor Guillermo Toledo, que se apunta a todas, no ha desaprovechado la ocasión:

A estos perfiles célebres se suman miles de cuentas anónimas que inciden en la misma dirección. ¿Es cierto lo que dicen? Sí, sin duda. Son bien conocidos sus episodios de violencia doméstica con sus parejas a lo largo de su vida. En el caso concreto de Rocío Oliva, una antigua novia, están registrados con un vídeo que no compartiremos por respeto a la víctima, pero que es fácil de encontrar a poco que el interesado lo busque; se hizo público en 2014 y en él se ve a Maradona, aparentemente borracho (al menos es lo que parece por su voz y su dificultad de movimientos), gritando y lanzando un par de golpes. Claudia Villafañe, la mujer con la que estuvo casado 13 años, presentó denuncias contra él por violencia psicológica. Por otra parte, durante la Copa Confederaciones de 2017 (a cuya final Diego acudió como invitado de la FIFA), una periodista rusa acusó al argentino de acoso sexual, aunque finalmente la demanda no prosperó.

¿Era ya conocido todo esto? También. Cualquier cosa que hiciera o dejara de hacer Maradona se convertía instantáneamente en noticia, así que todos estos asuntos estaban documentados ampliamente. No es que hubiera ningún tipo de conspiración para esconder esta faceta de su carácter. Nadie, ni siquiera él mismo, lo negó jamás.

Es cierto que la violencia contra las mujeres es una lacra contra la que todos debemos luchar. No es menos verdad que precisamente esa es la función de celebraciones como la de ayer: concienciar a buena parte de la población que aún no se lo cree de que existe un problema real que debe combatirse. Desde ese punto de vista, es comprensible la tentación de hacer ruido a cuento de Maradona, y hasta se entiende la frustración de que la lucha feminista quede (parcialmente) eclipsada por la defunción.

Sin embargo, a poco que hubieran tenido algo de perspectiva se habrían dado cuenta de que, incluso si la figura de Maradona les repugnaba, hacer ese ataque justo ayer era un error tremendo. Primero, porque demuestra una falta de sensibilidad descomunal para los millones de seguidores que tenía, y sigue teniendo, este personaje, que están muy afectados con toda sinceridad, y que, aunque sean plenamente conscientes del lado malo de su ídolo, lo último que quieren es recordarlo justo ahora. Hay tiempo más que de sobra.

Y segundo, aunque muy relacionado por esto, por pura estrategia. ¿Odiaban a Maradona? Fantástico, nadie se lo impide, la libertad de expresión está para eso, y además sus motivos son muy lícitos. Y como mensaje de consumo propio está bastante bien. Pero, con el clima de dolor que hay ahora mismo, ¿pretendían convencer a alguien? ¿Pretendían de esta manera ayudar a concienciar sobre la importancia del feminismo y de la erradicación de la violencia machista? Si es el caso, deben reconocer que han fracasado:

Una lección que, como sociedad, deberíamos aprender de una vez por todas es que en esta vida prácticamente todo tiene matices. Nada es blanco o negro, nada es bueno con pureza absoluta y nada destila maldad por todos y cada uno de sus poros. Es perfectamente compatible admirar a alguien por algunas cosas que hizo (por ejemplo, tratar a la pelota como nadie en toda la historia) y condenar con toda rotundidad otras (como ser un machista violento). Reducir una figura de la dimensión deportiva, pero también social y cultural, de Maradona a la del maltratador que fue es tan erróneo como alabarle sin medida obviando sus demonios. Pero si no somos capaces de tener en cuenta las dos mitades de su figura a la vez, al menos hagamos el esfuerzo de ser sensatos y ver cuándo es adecuado destacar cada una de ellas.

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