La deuda sigue sin saldarse: River perdió la Superliga en una semana de terror

Juan Patricio Balbi Vignolo
lanacion.com

TUCUMÁN.- "Ya nos vamos a amar con la Superliga, en algún momento nos vamos a amar. Estamos desencontrados nomás. Tuvimos un amor muy fuerte y nos cuesta desprendernos todavía, pero ya nos vamos a dar una posibilidad". En enero de 2019, tan solo días después de la histórica conquista continental de River en Madrid ante Boca, las palabras de Marcelo Gallardo dejaron entrever el marcado deseo de poder hacerse fuerte en el ámbito local mientras su equipo no podía pisar firme. Pero, cuando el pasado parecía desprendido y el romance estaba a punto de concretarse, el hechizo se rompió. Y el amor le volvió a ser esquivo de manera inesperada.

De Tucumán a Núñez viajó una desazón grande. Muy grande. Nadie podía imaginar un final tan estrepitoso. Porque, tras conquistar en diciembre pasado la Copa Argentina, el inicio del nuevo año con seis victorias en fila fue tan positivo que renovó las esperanzas y las expectativas de un River que parecía dejar atrás de forma definitiva el dolor de la final de Copa Libertadores perdida con Flamengo. Pero el sábado 7 de marzo de 2020 en Tucumán será recordado como el día en el que Boca le arrebató el título en el último suspiro, en medio de una semana de terror, tras la igualdad con Defensa y Justicia que lo obligó a ganar en la última fecha yla derrota 3-0 con Liga de Quito que ahora lo obliga a reaccionar rápido en la Libertadores.

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La deuda del torneo local sigue sin saldarse en el ciclo Gallardo, que acumula 11 títulos en cinco años y ocho meses, pero nunca pudo acrecentar los números de ligas locales conseguidas por el club entre amateurismo y profesionalismo, por lo que mantiene las 36 que tenía conquistadas desde el último título en el Torneo Final 2014. Además, ahora su máximo rival se puso a dos de distancia, ya que acumula 34, cuatro de ellas durante la etapa del Muñeco, que por tercera vez termina como subcampeón: también fue 2° de Racing en el Transición 2014 y de Boca en el Torneo Primera División 2016/17.

Difícilmente se escuche la palabra "fracaso" por los pasillos del Monumental, especialmente porque el actual plantel y cuerpo técnico tienen una espalda muy grande para resistir varios tropezones y salir adelante. Pero no haber podido lograr la Superliga, y mayoritariamente por deficiencias propias en los últimos dos juegos, es un duro cachetazo a las aspiraciones de un grupo que, en la pretemporada de enero en San Martín de los Andes, se planteó un objetivo central: a falta de ocho partidos para el cierre, el campeonato debía ser esa famosa "buena zanahoria por comer" que el DT siempre buscó para motivar a su equipo. La apuesta fue total. Y la ganancia se escapó.

Con la salida de Exequiel Palacios a Alemania, y sin refuerzos ante una delicada situación económica, Gallardo apostó por mantener la idea futbolística y la mentalidad competitiva, pero renovó el esquema táctico para adaptarse a lo que el contexto le pedía: dejó atrás el consolidado 4-1-3-2 y apostó por un 3-3-2-2 que le dio muy buenos resultados, pero en los últimos dos juegos mostró que los rivales comenzaron a encontrarle la vuelta.

En los dos primeros juegos, ambos como visitante, venció a Independiente (2-1) por el postergado de la fecha 14 y luego a Godoy Cruz (1-0) por la fecha 17. Así, tras la victoria en Mendoza, volvió a ser puntero en soledad del torneo local después de cinco años y dos meses y empezó a soñar a lo grande, potenciado por otros cuatro triunfos en fila: Central Córdoba (2-0), Unión (2-1), Banfield (1-0) y Estudiantes (2-0). Pero en las últimas dos jornadas la historia se oscureció. El empate 1-1 ante un sorpresivo Defensa y Justicia, que lo doblegó en el Monumental, dejó abierta la definición para la última fecha. Y el paso en falso con otro 1-1 ante Atlético Tucumán en el norte argentino terminó siendo el golpe del final.

Quizás, pese al extraordinario raid inicial con seis triunfos en fila que lo mantuvo hasta la última fecha como puntero, la pérdida del título se explica más que nada a partir de la irregular tarea que realizó como local: ganó cinco partidos, empató dos y perdió cuatro, con un 51,52% de efectividad. Allí, en Núñez, dejó pasar puntos que hoy le cuestan muy caro: Talleres (0-1), Vélez (1-2), Rosario Central (0-1) y San Lorenzo (0-1) son derrotas que hoy duelen mucho más, al igual que la reciente igualdad con Defensa.

La historia de amor entre River y la Superliga volvió a sumar un nuevo capítulo de desencuentro. El show sigue, porque el semestre ofrece revancha en la Libertadores, la Copa de la Superliga y la Supercopa Argentina, pero esta vez la gloria esquiva le duele más que nunca. Primero porque el que festeja es Boca. Y segundo porque, a diferencia de los dos subcampeonatos anteriores, nunca había estado tan cerca de cerrar el círculo de desamor. La deuda sigue abierta. El pagaré no se saldó. Y la herida puede tardar en sanar si no reacciona más rápido que nunca.

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