Los tres detalles que revelan que Italia es más favorita en la Eurocopa que antes, a pesar del sufrimiento ante Austria

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Así festeja Italia: con alma y vida; en Wembley, sufrió más de la cuenta contra Austria, pero sigue adelante en la Eurocopa.
Ben Stansall

Italia jugaba con un habano en la boca. Se divertía y entretenía a los demás. No era humo lo que provocaba: su imagen jovial, audaz y triunfalista era una invitación –sigue siéndolo– para el fútbol mundial. Adiós al cerrojo. Sin embargo, cuando hay que arrojarse de cabeza sobre el césped, cuando hay que rasparse, cuando hay que tirarse al suelo porque el brillo se nubla, como casi siempre, Italia espía su pasado. Nada malo. Hace lo que debe hacer: aceptar que hay que saber dominar las olas, cuando el mar se pone bravío. Es parte de la leyenda de los más grandes.

Es, desde ahora, triplemente candidata: porque juega bien –apenas un ratito esta vez–-, porque sabe sufrir –hasta los atrevidos hacen sombra– y porque tiene recambio. Roberto Mancini mira al banco, acierta con las modificaciones y gana uno de esos partidos que se recuerdan por mucho tiempo.

Italia sufre más que lo esperado, pero se impone con la convicción de otras caras, con los goles –una joya y una gran definición– de los suplentes. Con los tantos de Federico Chiesa y Matteo Pessina en el alargue, supera a Austria por 2 a 1 en el mítico Wembley y avanza a los cuartos de final de la Eurocopa. Ahora, espera al ganador del choque entre Bélgica y Portugal, que se enfrentarán este domingo.

Compacto de Italia 2 vs. Austria 1

Arranca muy bien, se queda, se le caen gotas de sudor que en otro tiempo habrían sido su principal carta de presentación, reacciona en el tiempo agregado con los tantos de dos ingresados y, en el final, vuelve a pasarla mal, por el descuento de Sasa Kalajdzic. Imbatible en los encuentros de la primera etapa del torneo, se ve otra Italia: menos audaz, lejos del control total, más agresiva en la marca.

No golea, no brilla. La rescata Federico Chiesa, hijo de Enrico –autor de un gol en la Eurocopa 1996, en la derrota frente a República Checa por 2 a 1–, con un control, un enganche de derecha y una definición de zurda que merece un cuadro. Si algún atrevido se pregunta qué hace en Juventus, la respuesta está en derroches como éste. Diez minutos más tarde, Pessina, otro valor surgido del banco, mete un zurdazo cruzado, de ésos que son definitivos. Ni un tatuaje, desprecia la PlayStation, estudia economía y se entretiene, en los ratos libres, en el Atalanta que enamora a buena parte de Europa.

Italia - Austria, por la Eurocopa: los azzurri ganaron por 2 a 1 en el alargue y superaron su récord particular de 82 años

“Todavía no me he dado cuenta de mi gol a Gales [en la tercera jornada de la etapa de grupos]; imagínense si me doy cuenta de lo que acabo de hacer. Es fantástico, me lo llevaré en el corazón. Pero lo mejor es que pasamos de etapa, es lo más importante. Aquí pueden marcar todos; es lo bueno de este equipo. Contamos con un buen grupo: ésa es nuestra fuerza”, descubre el hombre aplicado. Y muestra el secreto: cualquiera puede anotar, la fuerza está en la extensión del plantel. Un ejemplo: Giorgio Chiellini, el mariscal, con una dolencia muscular, sufre desde la platea. Nadie más que él habría querido tirarse de cabeza por el triunfo.

Zurdazo y clasificación, más allá del susto del final: Matteo Pessina marca el segundo tanto de Italia, que superó a Austria y pasó a los cuartos de final de la Eurocopa.
Frank Augstein


Zurdazo y clasificación, más allá del susto del final: Matteo Pessina marca el segundo tanto de Italia, que superó a Austria y pasó a los cuartos de final de la Eurocopa. (Frank Augstein/)

De los titulares, de los de casi siempre, algunas pinceladas que no alcanzan para colorear. Ciro Immobile se despacha con un remate en el travesaño, ganas y confusión. A Lorenzo Insigne, de a ratos, parece que le pesara la número 10. Y el resto acompaña con el guion de siempre, esta vez, con las manos arremangadas. Entre los ilustres, Leonardo Spinazzola levanta la cabeza. Algo así como el Robin Gosens itálico.

La intervención del VAR es acertada, cuando el espectáculo se inclina hacia el ímpetu austríaco: cabeza de David Álaba –demasiadas veces pasado de revoluciones–, cabeza de Marko Aurnautovic, directo a la red, gesto provocador incluido. La tecnología apaga la vieja máxima del fútbol, la que dicta que dos cabezazos en el área suelen acabar en gol. La posición adelantada es demasiado visible.

David Álaba, capitán de Austria, se lamenta después de perder una oportunidad de anotar, cuando el partido contra Italia estaba 0 a 0.
David Álaba, capitán de Austria, se lamenta después de perder una oportunidad de anotar, cuando el partido contra Italia estaba 0 a 0.


David Álaba, capitán de Austria, se lamenta después de perder una oportunidad de anotar, cuando el partido contra Italia estaba 0 a 0.

Cuando no se puede tocar, hay que correr. “Ganamos este partido gracias a los jugadores salidos del banco, que entraron con la mentalidad que hacía falta”, es el análisis de Mancini. El director técnico italiano tiene otro motivo para sonreír, porque supera el récord de partidos seguidos sin perder de un seleccionador de Italia, con 31. El anterior estaba en poder de Vittorio Pozzo, que lo consiguió entre 1935 y 1939. Es la leyenda que le ofrendó a Italia sus dos primeros títulos mundiales (1934 y 1938).

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La última derrota del equipo de Mancini se remonta al 10 de septiembre de 2018, contra Portugal (1-0), en la Liga de las Naciones. “Un rival tan difícil puede venirnos bien. Los partidos pueden ir mal, pero hemos puesto voluntad”, insiste el entrenador, que no se emborracha entre tanto halago ni se encoge cuando, al fin, su equipo sufre un gol. La marca queda en 1169 minutos consecutivos sin recibir tantos. Gianluigi Donnarumma, que pasó de Milan a Paris Saint-Germain, ataja como un veterano y apenas tiene 22 años. El futuro es de Italia.

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