El deporte que nació durante la dictadura de Brasil y hoy es sensación en Argentina

Marcos Marini Rivera
lanacion.com

El arte de pasarse la pelota y no dejarla caer. Unos veinte chicos forman diferentes círculos y patean con la cara interna del pie el balón y el mismo viaja por el aire hasta llegar a la cabeza, al pecho, a los muslos o a las piernas de un compañero con una precisión que emula a un teledirigido.

Con dimensiones del vóley pero con reglamento del fútbol, el deporte que practican en la arena se llama futvoley. Es una fusión entre el vóley y el fútbol que ya se juega en el país en una de las canchas de beach voley que hay en el Parque 3 de Febrero, en Palermo. Una red de 2,15 metros de alto con cuatro jugadores que deberán pasar la pelota al otro lado de la red realizando entre uno y tres toques.

Martín Scapparone, presidente y fundador de AFVA (Asociación Futvoley Argentina) observa, juega y también da consejos cuando alguna situación amerita."Este deporte me cambió la vida, me enamoró y lo pienso todo el día", dice a LA NACIÓN una vez finalizado el entrenamiento.

Según él, la clave para jugar futvoley es tener mucha fuerza de piernas. "Los mejores jugadores de Brasil me dicen que lo primordial a desarrollar es la estabilidad en la arena. Acá no te podés caer, le tenés que pegar firme, hay que llegar con tiempo y estar estable antes de que te venga la pelota. Los golpes con el pecho son los más difíciles, son más técnicos. Pero cualquiera lo puede aprender", admite Scapparone, que el mes que viene viajará a Perú a competir en un torneo sudamericano.

Miguel Vargas es el preparador físico y afirma que la clave es saber qué es lo que demanda el deporte. "Le doy mucha importancia a la entrada en calor, son largas y con mucha movilidad articular. Nos fijamos en la parte de entrenamiento preventivo de lesiones, fortalecimiento de tren inferior, mucha potencia y ejercicios de la zona media, que es lo que más te exige el futvoley. Con desplazamientos cortos y explosivos, porque nunca te movés más de cuatro metros", avisa.

Scapparone dice que lo primordial del deporte es la paciencia: "Todo es repetición. Es un deporte que si vos venís un par de veces, sentís que vas para adelante. A diferencia del fútbol, tal y como lo conocemos, acá te vienen muchas pelotas por partido. Viniste un día y por lo menos le pegaste 70 veces a la pelota. Después de dos semanas, no te queda otra que aprender", afirma.

"Dale no se cae, no se cae", dice uno de los chicos. "No puedo más", le reprocha su compañero.

Agustín Picone, un principiante que se animó a empezar, dice: "Jugué un par de partidos y hoy me voy re caliente porque me cuesta. Hace un mes que vengo y es cuestión de tiempo, pero veo a estos chicos que la pasan todas y me quiero matar. Yo recién estoy empezando".

La dictadura de Brasil, el origen del futvoley

Nació en Brasil en 1965 y comenzó a jugarse gracias a una prohibición. Eran momentos de dictadura militar y en las famosas playas de Copacabana un grupo de amigos no podía jugar al fútbol porque estaba vedado. Pero esos chicos no se rindieron y lejos estuvieron de cortar con su pasión. A metros del mar se animaron a patear una pelota en las canchas de beach voley. Y eso sí estaba permitido.

También Paraguay es potencia en este deporte. Allá se lo conoce como piquivoley e ingresó a la Argentina de la mano de residentes del país guaraní. A diferencia del futvoley, se juega sobre superficies duras y es un juego más rápido. "Son dos estilos completamente diferentes. El deporte oficial es en la arena y por eso los brasileños te hacen toda la pirueta y todo el circo mientras que en Paraguay se juega más parado, se usa mucho más la cabeza y la red está más alta", dice Scapparone.

Al ser consultado por su estilo, Scapparone no duda en decir que ambos lo modelan: "Juego al piquivoley porque de verdad te forma mucho. Fuimos a González Catán, La Boca, Constitución. Aprendo un montón, aunque lo ideal es poder combinar la velocidad y la habilidad del paraguayo con la destreza y la agilidad del juego brasileño".

En 2016 se hizo una exhibición de piquivoley a modo de prueba en Río de Janeiro, se desarrolló en paralelo a los Juegos Olímpicos y Paraguay salió campeón.

Recién en 2017 se fundó la Asociación de Fútbol Vóley en la Argentina con el fin de promocionar, desarrollar y expandir el deporte. "Nuestro objetivo es difundir este gran juego, enseñarlo y desarrollarlo para que cada vez sean más personas puedan jugarlo", afirma Scapparone.

"Soñamos que se empiece a jugar en todo el país. Que existan asociaciones que creen torneos. Nosotros tratamos de facilitarle a la gente que quiera empezar a hacer algo con el deporte. Ayudarlos sobre cuáles son los materiales que se necesitan. Quiero que los chicos mejoren, ahora somos 30 por día y eso es un montón. Ahora cambió todo, ya tenemos preparador físico. Cuando voy a jugar al fútbol noto que mejoré mucho en el control de pelota pero perdí la percepción del traslado. Eso sí, me siento mucho más fuerte", reconoce.

Para muchas personas la arena es un lugar relacionado con las vacaciones. Para otras es un componente clave en la recuperación de lesiones, como fue el caso de Lionel Messi el año pasado. Para los chicos que ahora terminan su entrenamiento de futvoley en los Bosques de Palermo es una manera de darle una razón de ser al deporte.

Y se van, con los pies hinchados y rojizos de pegarle y pegarle a la pelota.

Qué leer a continuación