Deporte mundial: cuando se detiene una maquinaria diseñada para no ser detenida

Marcelo Gantman
lanacion.com

El peligro que representa el coronavirus llevó a la especie humana a suspender una de sus formas de entretenimiento más populares: el deporte profesional. Este apagón total de las competencias no tiene precedentes. Hasta luce como un comportamiento antinatural, ya que el mandato potente de las organizaciones deportivas es que los enfrentamientos deportivos se celebren no importa lo que suceda. "¿Cómo puede ser que el campeonato no se pare luego de estos hechos de violencia.?", hemos dicho y escuchado todos los que nos asomamos al show deportivo de uno u otro modo. Detener una maquinaria diseñada para nunca ser detenida, ahora es hasta un reclamo: el enojo está direccionado hacia quienes todavía no han decidido suspender las actividades de sus equipos y ligas.

En esta historia en progreso todavía falta la madre de todas las cancelaciones: Tokio 2020. Los Juegos Olímpicos permanecen en un limbo que todavía no permite adoptar una decisión concluyente. Es muy pronto para suspenderlos; es muy tarde como para que la preparación de los atletas sea la ideal. La llama olímpica, ya encendida, es todo lo que por el momento puede suspenderse. Y así se hizo.

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¿Quién paga los costos del deporte profesional puesto en pausa o directamente diferido hacia su próxima temporada? ¿Cuánto cuesta detener lo que nunca, por nada del mundo, fue detenido? Solo las guerras dejaron al mundo sin Juegos Olímpicos en 1916, 1940 y 1944. Eran tiempos sin transmisiones globales, sin logos ni redes sociales para difundir mensajes aspiracionales y comerciales. El primer dato es que no hay una cifra única ni una sola manera de evaluar este tipo de daño. "Es una situación sin precedentes. Los espectáculos deportivos tienen seguros por cancelaciones, suele estar todo contemplado. Pero lo que estamos viviendo excede cualquier previsión entre las diferentes partes que intervienen en la relación comercial de los eventos deportivos: organizadores, patrocinadores y el público", dice Rafael Trevisán, abogado especializado en derecho deportivo y Director General del Programa de Derecho y Management Deportivo de UCA, FIFA y CIES.

Desde una mirada contractual de los hechos, el coronavirus llevó a una serie de cancelaciones "inexcusables" de los espectáculos deportivos, según la mirada de Trevisán: "No se trata de suspensiones o cambios de fecha porque un organizador no hizo lo suficiente para llevar adelante su evento. Desde ese punto de vista no hay reclamos posibles. Hay una línea en común entre los diferentes deportes profesionales cancelados en cada lugar: todos comunican la decisión de suspender de acuerdo a lo que marcan las autoridades nacionales, distritales y sanitarias. Y es correcto: cancelan porque es lo que indican las normas".

En un artículo de la agencia AP escrito por los periodistas Stephen Wade y Graham Dunbar se destaca que el Comité Olímpico Internacional firmó en 2013 un acuerdo de 81 páginas con la ciudad de Tokio para la celebración de los Juegos en 2020. La introducción de ese documento demuestra claramente el poder del COI ante situaciones como las que vive el mundo en estos días. Dice ese texto: "los Juegos Olímpicos son propiedad exclusiva del COI que posee todos los derechos ... a su organización, puesta en escena, explotación, transmisión, grabación, representación, reproducción ... ya sea que exista o se desarrolle en el futuro, en todo el mundo a perpetuidad ". Agregan que el contrato también especifica que el COI puede rescindir y retirarse de la ciudad debido a un "estado de guerra, desorden civil o boicot ... o si el COI tiene motivos razonables para creer, a su exclusivo criterio, que la seguridad de los participantes en los Juegos se vería seriamente amenazada o en peligro por cualquier motivo".

El artículo también revela que el COI pagó un seguro de cancelación por la suspensión de Río 2016 de 12,8 millones de dólares y para Tokio 2020 la cifra fue ajustada en 20 millones de dólares. Pero, aunque las compañías pagaran ese seguro, apenas lograrían mitigar el total de las pérdidas.

"Podría suceder que se produzca un ajuste equitativo entre las partes. Eso debería darse por la comprensión de todos los involucrados de cuáles fueron los motivos de cancelación de los eventos: un espectador que tenía un abono para Indian Wells o de su equipo en la NBA será compensado con otro para la próxima temporada y el organizador dejará de vender uno nuevo para el siguiente año. Las marcas también deberán comprender que cuando se jugó con estadios vacíos, algo que, sin duda afecta a su imagen, o cuando directamente no se jugó, fue por causas que excedieron al organizador. Pero cada deporte será un tema en particular y perder, pierden todos", concluye Trevisán.

Una de las notas mentales que puede tomar el Comité Olímpico Internacional es que los espectadores entendieron como un gesto de cordura que sus equipos preferidos no salieran a los campos de juego. El mundo sigue andando, aunque no haya futbolistas sobre el césped, basquetbolistas en las arenas y atletas en las pistas. Por supuesto que no es un mundo perfecto. ¿Pero cuándo lo fue?

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