Demagogia en la España que gruñe por la princesa Leonor

Gonzalo Aguirregomezcorta
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Los diputados, Gabriel Rufián e Íñigo Errejón han sido dos de los más críticos con la marcha de la princesa Leonor. Getty Images.
Los diputados, Gabriel Rufián e Íñigo Errejón han sido dos de los más críticos con la marcha de la princesa Leonor. Getty Images.

Repitan conmigo: “Qué vergüenza que los españoles estamos pagando a la princesa Leonor el bachillerato en un centro privado en el extranjero”, “no hay colegio español suficientemente bueno para su alteza”, “los reyes sufragarán la educación de Leonor con 76.500 euros anuales de tu bolsillo”.

El mensaje cala, ¿verdad?

“¿Cómo es posible que gente que no puede enviar a sus hijos a la universidad esté pagando los estudios en el extranjero a Leonor?”

Y así podemos estar tanto tiempo como el que Juana ‘La Loca’ pasó encerrada en Tordesillas. Habrá que levantarse, pues. Habrá que dejar de ver programas televisivos de citas e islas para alzar las palas y los rastrillos al cielo y dejarse el aliento para clamar que la monarquía debe ser derrocada por una razón impepinable: porque los reyes son reyes y las princesas, princesas. Qué más da que nuestras pobres arcas, las de los plebeyos, se estén destinando a que la clase política viva del cuento mientras trazan una línea infinita entre sus palabras y sus acciones; o a que cada vez haya más chiringuitos sufragados por nuestro sudor en una era donde la incompetencia y la demagogia se han convertido en deporte nacional. Todo eso queda en un segundo plano porque la nueva moda es criticar el color del mar, por obvio que parezca.

Tampoco hay que entrar en los arriba las repúblicas o las monarquías, simplemente hay que ser realistas con lo que hay. Históricamente, los reyes han sido concubinarios y amasadores de fortuna, si no, no serían reyes. Ha ido implícito en el cargo - hasta que se demuestre lo contrario -, de la misma manera en la que ningún miembro de la realeza ha hecho jamás el bachillerato en el sistema de educación público. Claro como el agua. Por eso, criticar el que la princesa Leonor estudie en Gales es como poner en duda el color del mar.

¿Acaso ha de sorprender? La España que ahora gruñe estaba a sus cosas en los años en los que Felipe VI era el típico príncipe que durante el calendario escolar pasó de estudiar en un colegio privado dentro de nuestras fronteras a hacer lo propio en un centro de élites en Canada. Eso sí, la universidad la cursó en la pública para luego marcharse de nuevo al otro lado del charco, a Georgetown, Estados Unidos. Incluso la princesa Leonor y su hermana, la infanta Sofía, han estudiado en el mismo centro privado que su padre, el colegio Santa María de los Rosales, y poca gente ha urdido el argumento tipo: “¿es que el sistema público no es lo suficientemente bueno?”

Nos guste más o nos guste menos, España está atada y bien atada. Por mucho que haya voces en el Gobierno, discursos salidos de las élites del entretenimiento u opiniones en contra de plebeyos vertidas en público o en privado, todo indica que el modelo de monarquía parlamentaria va a seguir reinando. Recibido por la sociedad con una sonrisa o a regañadientes, llegará el momento en que Leonor se ponga la corona. La princesa será reina después de haber tenido una vida teledirigida en la que las decisiones sobre su presente y su futuro las han tomado otros. Que hablen ahora todos los que abogan por la libertad y por el empoderamiento e independencia femenina tan necesaria como usada como arma política al antojo de la conveniencia.

Todo tiene un precio y el estudiar en Reino Unido lleva consigo una factura que va más allá de la económica. Si Leonor se está preparando para ser reina, al menos que su educación, su amplitud del mundo, su cultura, su concepción de la realidad - limitada por haber sido concebida en seno elitista - su manejo de los idiomas etc gocen de la mayor de las excelencias, que la nobleza española ya tiene a muchos, demasiados, de los otros.

El sistema educativo en España no es suficiente para la realeza porque hoy en día, para ser reina, hace falta una formación que, por su amplitud, va más allá del aspecto puramente académico y tiene más que ver con la experiencia vital. Aquellos políticos sufragados por nosotros - dietas y coches oficiales incluidos - que utilizan la marcha de Leonor como arma política deberían haber pasado una temporada fuera de nuestras fronteras, quizás así, su deje populista hubiera sido inversamente proporcional a su conocimiento de la realidad. Todo lo demás es política barata. 

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