Defensa y Justicia: un viaje a Chile para jugar por la Sudamericana terminó con una intervención diplomática y sin fútbol

Alejandro Casar González
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Defensa y Justicia no jugó un partido de fútbol en Chile. Hacerlo era el objetivo original de su viaje: enfrentarse con Coquimbo Unido por una semifinal de la Copa Sudamericana. Pero todo terminó en una puja sanitaria, política y hasta diplomática en la que intervinieron los gobiernos de la Argentina y Chile, además de las cúpulas de la AFA, la trasandina ANFP y la Conmebol. Todo, porque tres futbolistas del Halcón dieron positivo de coronavi-rus al aterrizar el miércoles en Santiago.

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Ésta es la crónica de varios partidos en uno, menos aquél que se debía jugar. El pitazo final llegó a las 19 del viernes, cuando los jugadores pudieron embarcarse, dos horas después del tiempo fijado para la partida del chárter que llevaría de regreso a Buenos Aires al plantel argentino.

Esa demora puntual se debió a que el equipo seguía esperando la firma del decreto presidencial que lo autorizara a salir. Mientras tanto, persistían rispideces entre el ministerio de Salud y los responsables de migraciones por la situación sanitaria de los deportistas.

El plantel de futbolistas (una profesión que suele gozar de salones VIP) esta vez fue derivado una plazoleta lindante con el aeropuerto, a la que fue llevado por los agentes de seguridad mientras se esperaba la autorización de partida. Y cuando eso ocurrió, el grupo no hizo el habitual check-in ni estuvo en una sala de embarque: debió pasar por un hangar de proveedores del aeropuerto, para evitar todo contacto humano y desde allí meterse al avión.

El plantel no viajó completo de vuelta. De las 56 personas que integraban la delegación, tres tuvieron que quedarse en Chile: Francisco Pizzini, Rafael Delgado y Washington Camacho, los tres jugadores que dieron positivo. Se quedarán una noche más en el hotel y regresarán hoy en un avión sanitario. Pasaron la noche custodiados por un móvil de cara-bineros y funcionarios del consulado argentino en Santiago.

Pero eso fue nada más que el desenlace. Hasta el viernes a la tarde, Defensa y Justicia no tenía permiso para volver al país. El gobierno chileno defendía a rajatabla las cláusulas de sus protocolos sanitarios. Y recordaba la decisión que había tomado su cartera de Salud: de-clarar "contactos estrechos" de los positivos a los 53 viajeros que tenían PCR negativo. Eso implicaba aislarlos en forma preventiva y durante 14 días para "evitar la movilidad del virus". Lo dijo Paula Labra, de la autoridad sanitaria chilena, en diálogo con la prensa: "Aquí la ley es pareja para todos. Nosotros hacemos la investigación epidemiológica y determinamos las medidas, como en cualquier brote... en un colegio, en una empresa. Se determinó un total de 53 contactos estrechos que deben cumplir su cuarentena".

En ese momento, la negociación para liberar a la delegación argentina se transformó en una cinchada diplomática. De un lado, el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Andrés Allamand, junto al embajador trasandino en la Argentina, Nicolás Monckeberg. Del otro, su contraparte Rafael Bielsa y el canciller, Felipe Solá. En el medio, el presidente de la ANFP, Pablo Milad. Y además, el paraguayo Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, que llegó a firmar una carta dirigida a Cecilia Pérez, la ministra de Deporte de Chile, para que los argentinos pudieran volver en burbuja sanitaria con el mismo avión que habían utilizado a la ida.

Un detalle: el protocolo sanitario que todos los países miembros de la Conmebol aprobaron no incluye los hisopados obligatorios al ingresar. Esa medida chilena, en contraposición con aquel acuerdo, no cayó bien en Luque, donde está la sede de la Conmebol. Ante consultas, los responsables sanitarios de Chile aseguraron que tomaron esa medida en función de la situación local y, sobre todo, la mundial a partir de la aparición de la nueva cepa del virus, más contagiosa que la primera.

A esa altura, el diario de viaje de Defensa y Justicia en Chile no tenía ni una línea de fútbol. Cerca de las 17, en medio de la tensión, los teléfonos sonaron y avisaron a los viajeros que se había llegado a un acuerdo entre gobiernos. La delegación podría salir. Y en el mismo avión, por más que Chile intentó que la aeronave regresara antes a la Argentina. Fue necesaria la intervención de Pablo Ceriani, el presidente de Aerolíneas Argentinas, para que el aparato no se moviera del aeropuerto Arturo Merino Benítez, de Santiago.

Sebastián Piñera había dado el visto bueno para que Defensa abandonara el territorio chileno. Pero nada le sería fácil a la delegación.

Las autoridades sanitarias, enteradas del "arreglo de escritorio" que les permitía a los argentinos evadir la cuarentena, fueron hasta el hotel donde se alojaban. Hasta allí se trasladó un móvil de carabineros, la policía de Santiago. Las 17 trascendieron como la hora de salida del vuelo. Pero parecía improbable: habían pasado las 16.30 y Defensa seguía en su búnker de la capital. Por más que hubiera una fumata blanca, las conversacio-nes seguían (y continuarían hasta minutos antes de que la nave carreteara). Hubo líneas abiertas con el ministro de Salud chileno, Enrique Paris. Y todo empezó a aclararse definitivamente con la intervención de la sección de Salud Metropolitana de Santiago. "Fueron más abiertos al diálogo, menos ortodoxos, y estuvieron dispuestos a encontrar una solu-ción", contó una fuente diplomática a la nacion.

Como si no hubiera un exceso de jugadores en la cancha de este otro partido, el embajador de Paraguay en Chile, Jorge Ulloa, quiso interiorizarse de la situación. Claro: ese país tendrá que recibir al equipo argentino y a Coquimbo en el partido que debía desarrollarse en Santiago y que ahora se trasladó a Asunción (tendrá lugar el martes próximo, y el desquite será en la Argentina el sábado 16). Milad, el presidente de la ANFP (la Liga Profesional chilena), contó en el diario El Mercurio algo de la trastienda del acuerdo para liberar a la delegación argentina. Se refirió a los problemas que podrían ocasionar si retenían al plantel argentino.

"Eso perjudicaría las eliminatorias y toda la participación internacio-nal del fútbol, por eso expusimos nuestra posición ante el ministerio de Salud y nuestra preocupación por lo que viene, por lo que podría desencadenar en otras situaciones. Lo hemos visto con la ministra del Deporte, Cecilia Pérez, y ella hizo las gestiones diversas con el ministerio de Salud y el Presidente". Sí, el viaje de Defensa y Justicia a Chile terminó siendo una cuestión de Estado. La expedición estaba integrada por 56 personas, de las cuales 23 eran futbolistas. Al llegar a tierra chilena, las autoridades sanitarias les hicieron a todos el hisopado correspondiente. El plantel se entrenó en la víspera del encuentro, programado para el jueves a la noche, como si todo transcurriera con normalidad. La mañana del día siguiente lo encontraría con una novedad inesperada.

Defensa y Justicia quería jugar. Hernán Crespo, su entrenador, lo puso en palabras en una improvisada conferencia de prensa que brindó en el hotel antes de subirse al ómnibus rumbo al aeropuerto. "Yo no soy quién para juzgar todo esto. Queríamos jugar con Coquimbo en su cancha y todo se desvirtuó desde que llegamos. Pero bueno, acatamos las decisiones y nosotros solamente queremos enfrentarnos con un gran rival, Coquimbo", dijo el ex futbolista del seleccionado argentino.

Todo había empezado el jueves a la mañana. Un llamado telefónico. Una alerta. "Tienen tres positivos y estamos haciendo la trazabilidad correspondiente". A las 20.35 del viernes Defensa y Justicia pudo despegar y poner fin a una pesadilla. En un viaje que tuvo de todo. Menos fútbol.