De dormir en el Metro Insurgentes a ser La Parka

La Parka. FOTO: FRANCISCO BALDERAS/CUARTOSCURO.COM
La Parka. FOTO: FRANCISCO BALDERAS/CUARTOSCURO.COM

Entrevista publicada originalmente el 2 de agosto de 2014.

Por Elías Leonardo

Con ustedes, La Parka

Desde la penumbra que separa a la zona de vestidores del ring, se escucha en toda la arena el crujir de una puerta, así como varios aullidos. Son los sonidos que obligan al público del bando técnico para que se levante de sus asientos y reciba a su ídolo. La voz de Michael Jackson retumba en todo el lugar, 'Thriller' se apodera del ambiente; La Parka hace su aparición para ser recibido con aplausos, gritos, pancartas, besos y lágrimas de sus fieles seguidores. Sus detractores, los del bando rudo, le dan la bienvenida con abucheos, insultos y mentadas de madre. Mientras que la emblemática canción del 'rey del pop' guía al gladiador hacia el cuadrilátero, La Parka muestra al personaje que no resulta indiferente al espectador.

Pero debajo de la máscara, oculto bajo el personaje, existe un hombre, una persona como cualquier otra que eligió las llaves y contrallaves para darle sentido a su camino en esto que llamamos vida. Fuera del ring, alejado de las cuerdas y la lona, La Parka ha librado otras batallas que, de acuerdo a sus palabras, le permiten recordar que es un ser humano normal, un tipo que no es más ni menos que nadie.

El chico que dormía en el Metro Insurgentes

Originario de Hermosillo, Sonora, siendo un muchacho con ganas de cumplir un sueño, el de ser luchador profesional, decidió dejar su terruño para probar suerte en el Distrito Federal, entidad donde a lo largo de muchos años se han concentrado las oficinas de las empresas luchísticas más importantes del país. Arribó a la capital para enfrentarse a un mundo distinto al que conocía, a una ciudad que baña al extraño de realidades complejas y adversas. Sabía que no sería fácil, pero no imaginó que padecería lo más difícil. 

"Cuando yo me vine aquí al Distrito Federal, yo viví en la calle; dormía afuera del Metro Insurgentes.  Me iba caminando desde el Metro Eugenia hasta el Metro Insurgentes a las dos, tres de la mañana, pidiendo una oportunidad. A veces a esa hora me recibían.  En ocasiones decía “¿Me voy en Metro o me compro una torta?”, porque no tenía ni para comer. Pero ahí estaba de terco, terco, terco. Fue muy duro", comparte en entrevista con Yahoo Deportes.

FOTO: Moisés Pablo/CUARTOSCURO.COM
FOTO: Moisés Pablo/CUARTOSCURO.COM

Sin dinero, sin su familia cerca, sosteniéndose en su ilusión, insistió. La primera puerta que abrió fue la del alimento, había que combatir el hambre. Al mismo tiempo, producto de su terquedad, dicha puerta sirvió para adentrarse al sendero que quería transitar. "Tú me veías cargando maletas de luchadores que eran estrellas como Jerry Estrada, Los Dinamita, El Fantasma, Ángel Blanco, Konnan. De todos ellos, yo cargaba las maletas. Les hacía mandados para poder tener algo que comer con las propinas que me daban. Tenía hambre", se sincera.

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Cargar maletas y hacer mandados no solamente le significó comer, sino además recibir la ansiada oportunidad. Poco a poco fue introduciéndose a la lucha libre yendo al gimnasio, entrenando, poniéndose a disposición de sus maestros, aprendiendo de sus compañeros: "Si  amas algo, si lo deseas con todas tus fuerzas, realmente es cuando lo vas a buscar. Y lo encontré".

El sueño cumplido, otra lucha

El sufrimiento padecido para convertirse en un luchador profesional fue apenas un aprendizaje para lo que le esperaba. Reza una máxima que no hay que llegar primero sino hay que saber llegar, y mantenerse. Otra de sus grandes batallas tuvo que vivirla ya siendo La Parka, ya convertido en un ídolo.

"Cada día que te levantas tienes que hacerlo con las ganas de ser alguien. Cada vez que lucho, busco ser alguien en la lucha libre, además de no olvidar quién soy. Hay luchadores que alcanzan un poco de fama y pierden el piso, estamos expuestos a eso. Por eso es muy importante trabajar con nuestra mente para no despegar los pies de la tierra. Es muy difícil", expresa. 

La humildad es tan frágil que puede perderse en un instante, en 15 minutos de fama. Para La Parka es fundamental ponerse en los zapatos del otro, por ejemplo en los del aficionado que paga por un boleto, por una máscara, que se entusiasma por recibir un autógrafo o un saludo, que olvida sus penas de la semana para desfogarse en una arena, en aras de no extraviarse. "Sin la gente, sin el público, La Parka no existiría. Si estoy donde estoy es gracias a ellos, al público que encuentra en un personaje, en un luchador, un motivo para ser feliz por un momento".

( AP Photo/Marco Ugarte, File)
( AP Photo/Marco Ugarte, File)

Lo mismo ocurre con los chicos que aspiran a ser gladiadores profesionales y que, al igual que él, anhelan una oportunidad: "Hay luchadores que te pican el orgullo para comprobar si en verdad quieres seguir y estás dispuesto a que te enseñen, pero hay otros que te menosprecian por ser joven, que te dicen que no sirves, que no eres nada. Eso yo no lo haría, vengo de ahí".

A punto de tirar la toalla

Consolidado como un estelar, La Parka estuvo a punto de decirle adiós a los cuadriláteros en el momento más crítico de su vida privada. "Fue cuando falleció mi padre. No supe que había fallecido, yo tenía un año aquí en el Distrito Federal. Me acuerdo que trabajé en Oaxaca y con lo que gané pagué mi pasaje para irme a Sonora, Hermosillo, para estar con mi familia. Y llegando, llegué a las siete de la mañana, toqué en casa de mi hermano, abrió la puerta mi mamá y me dice “¡se murió, se murió!” y yo preguntando quién se murió. Yo contento porque los iba a ver después de un año, pero cuando me da la sorpresa mi mamá de que se había muerto mi papá fue un golpe muy fuerte. A mi papá lo amaba como no tienen idea. Allí fue donde me entró la duda de no querer regresar".

Había perdido a su padre, a su amigo, a un hombre que se sentía orgulloso de su hijo, pero al que no podía ver por los compromisos de éste. Entró en crisis, apareció la depresión. Inmerso en el luto, el tipo que se enfunda el atuendo de La Parka tuvo que confrontarse a sí mismo: "Luego me puse a pensar que eso no me tenía que tumbar. Había sacrificado no estar con mi padre, no saber nada de él como para desistir; duré 20 días allá y me volví al Distrito Federal para seguir luchando. Fue rudo".

¿Quién es La Parka afuera del ring? 

Se ríe. Y ríe para demostrar que siente como cualquier otro individuo, para evidenciar que la máscara no se apropia de él las 24 horas del día a lo largo de siete días en la semana. No permite que el personaje lo absorba fuera del cuadrilátero, por el contrario. "Soy hippie, así, hippie, jajajaja. También me encanta estar con mi familia, me fascina estar con mis hijos. Me gusta ir al cine, ir por mis hijos a la escuela. Soy una persona ordinaria como todo mundo. Me quito la máscara y soy como cualquier persona, normal".

Asimismo se procura en un aspecto que le es vital tanto en su soledad como cuando convive con los suyos, o con otras personas que ni cuenta se dan que pueden tener a La Parka a su lado. "Soy aficionado a la lucha libre, me gusta emocionarme como cuando era niño. Por eso luego voy a ver a luchadores que admiro y siguen vigentes. Soy un espectador más".

Su mensaje 

"Invito a la gente a que persiga sus sueños, que piensen bien lo que quieren realmente en la vida y lo sigan. Se los dice alguien que un día vio un evento en vivo de lucha libre y dijo “quiero ser luchador”, alguien que ha estado picando piedra, alguien que ha estado caminando. Seguí mi sueño, y la gente también puede hacerlo."

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