Dayana Sánchez no pudo emular a su hermana campeona de boxeo, pero fue medalla plateada

LA NACION
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LIMA.- La alegría para las hermanas cordobesas Sánchez no pudo ser completa. Anteanoche, Leonela Sánchez había conquistado la medalla dorada en categoría gallo, un hecho histórico por ser la primera pugilista argentina en consagrarse en los Juegos Panamericanos. Anoche, Dayana Sánchez no pudo con la brasileña Beatriz Soares Ferreira, en un combate de peso ligero (57-60 kg), que se disputó en el Coliseo Miguel Grau. Le tocó caer y de esa manera obtuvo la medalla plateada. De esta forma, la Argentina alcanzó un total de 30 medallas en el recuento global de los Juegos Panamericanos: 10 doradas, 8 plateadas y 12 de bronce.

El combate se volvió demasiado cuesta arriba: Beatriz Soares Ferreira comenzó marcando el ritmo del combate con derechas cruzadas al rostro de Sánchez. Poco logró hacer la cordobesa, más allá de su mayor talla y alcance de brazos. Sucedió que le cedió el centro del ring a la brasileña y le permitió manejar las acciones con mucha comodidad. Así, no pudo manejar el ímpetu y la efectividad de Soares Ferreira. Si bien consiguió filtrar alguna derecha al rostro de la brasileña, Dayana siempre se mostró incomoda y no pudo imponer su boxeo elegante. Así, la brasileña exhibió su actitud ganadora.

Ahora bien, ¿cómo es Dayana? En cuanto a personalidad, es la antítesis de la campeona panamericana en peso gallo: es la que trata de ejercer fielmente el rol de hermana mayor porque está siempre encima de Leonela y suele mostrarse más aplomada, no tan desfachatada como La Monito. Y es la que mayormente la ordena en los entrenamientos y en la dieta que debe cumplir. También es metódica en la convivencia diaria, en los ensayos a dúo en el Cenard y en los distintos viajes para las competencias. "Es una heladera", la describe Leonela, resumiendo su personalidad.

Boxísticamente, "Day" también resulta la contracara, porque es más rústica, menos estilista en el golpe a golpe que su hermana. Fue Dayana quien tuvo que convencer a sus padres de querer ser boxeadora y fijar su destino deportivo. "Mi viejo (Hugo) hizo lo imposible para que no boxee, pero le torcí el brazo y no le quedó otra que aceptarme en su gimnasio. El me levantaba a las 5 de la mañana para entrenarme y me hacía guantear con varones para ver si abandonaba", rememora la mayor, que tuvo que imponer su destino deportivo primero en casa, para después abrirle camino a su hermana y que hoy las dos recorran el mundo con el boxeo.

Más allá de esa intención de subirse al cuadrilátero, Dayana evidenció un rechazo inicial al boxeo, porque veía cómo su madre María Rosa sufría con su padre, de rasgos violentos, y las situaciones turbulentas que se repetían en el hogar. Entonces, ella llegó a admitir que odiaba este deporte. Pero un día, cuando su padre retomó la actividad en un rol de entrenador y empezó a dirigir a varios púgiles, se acercó al gimnasio y empezó a sentir ese bichito. "A ver, ¿qué es eso?", se preguntaba. Contra la voluntad de su padre y la buena predisposición de su madre, logró hacerse boxeadora casi sin quererlo. Desde el momento en que se puso los guantes y empezó a pegar piñas adquirió ya el gusto por este arte.

A diferencia de Leonela, Dayana no quiere saber nada con el profesionalismo, sino seguir puliéndose en el amateurismo. Su objetivo está puesto en Tokio 2020 y, si no, será París 2024. Lo concreto es que quiere una medalla olímpica. Está contenta con su boxeo aficionado, la seduce y reconoce que este deporte significó una vía invalorable para conocer el mundo, además de la introducción en el alto rendimiento. No tiene pensado hacerse profesional porque desconfía: lo ve todo muy sucio. Por lo pronto, ya disfruta de esta medalla panamericana.

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