Dani Olmo tendrá que esperar para ser el líder que España necesita

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LONDON, ENGLAND - JULY 06: Dani Olmo of Spain misses their team's third penalty in the penalty shoot out during the UEFA Euro 2020 Championship Semi-final match between Italy and Spain at Wembley Stadium on July 06, 2021 in London, England. (Photo by Andy Rain - Pool/Getty Images)
Andy Rain - Pool/Getty Images.

Dani Olmo jugó el mejor partido que ningún otro futbolista haya jugado a lo largo de la Eurocopa 2020. Por si fuera poco, también hizo las veces del líder que España necesitaba para transformar sus buenas sensaciones en resultados tangibles. Se comportó como la figura a la que recurrir cuando el meticuloso, pero limitado y limitante plan diseñado por Luis Enrique perdiera fuelle y la Selección empezase a pisar las fangosas arenas del descontrol.

El atacante del RB Leipzig, porque cabe aclarar que Dani Olmo es atacante por encima de cualquier otra cosa y atarle a una posición es perderse su amplio abanico de registros, como casi todo jugador componente de la convocatoria española, vivió, en este caso durante algo más de los 120 minutos que duró su exhibición contra Italia, su personal camino del héroe. De principio a fin.

Empezando por la titularidad, a la que volvió debido a la caída de Sarabia –toda vez que la perdió tras los partidos ante Suecia y Polonia, curiosamente, por el ascenso de Sarabia–, Olmo se reencontró con la oportunidad de reivindicar el que antes fue su sitio en el once sin comerlo ni beberlo, tras sus confusas sensaciones ante Suiza y en una alineación sin la única pieza que parecía insustituible arriba: Álvaro Morata.

Para ocupar un rol que encaja como anillo al dedo en su libreto de acciones y que hasta la fecha jamás había desempeñado a las órdenes de Luis Enrique, Dani Olmo partió como delantero centro con la misión de sacar a bailar a las más feas. Esa cobertura que todo buen amigo hemos hecho para que su colega se coma un rosco. En este caso, Dani se metió en el bolsillo a Chiellini y Bonucci, que nunca fueron un problema porque siempre anduvieron detrás de él y así todo es más fácil. Cambió entonces de objetivo y pasó a vacilar a Jorginho. Le daba un par de toquecitos en uno de los dos hombros y, cuando el '8' del Chelsea miraba a ver quién osaba meterse en su terreno, Dani se escabullía por el otro como si con él no fuera la película.

A base de una pulida lectura e interpretación de los momentos del juego, Olmo entendió cuándo y dónde debía descender de su posición de partida con el fin de acercarse a sus centrocampistas para hacer el círculo central una zona de superioridad constante. Con el caos que desataba a sus espaldas y las ventajas que fabricaba de cara, Olmo puso en funcionamiento la estrategia que lleva pintada en la pizarra de Luis Enrique desde que le nombraron seleccionador español. Devoluciones precisas, exactas, milimétricas, a veces a un toque, a veces a varios y controles perfectos en orientación e intención que desdibujaron los emparejamientos de Mancini y pusieron a España a los mandos de la nave.

Olmo le sirvió a su equipo la posibilidad de dominar, de lanzar un mensaje de superioridad. Eric y Laporte encontraron el espacio necesario para amamantar ese fútbol basado en el balón como método de defensa, ataque, dominio y supervivencia con pases y más pases (387 de Italia por 908 de España) que doblegaron la estructura de los 'azzurri' y activaron al impoluto Pedri González en campo contrario, primero, y la presión, después.

Así, Dani Olmo jugó los minutos que más valor, por el contexto y el rival, han aportado a cualquier equipo en esta Eurocopa, al desnaturalizar por completo los argumentos, fortalezas e intenciones de un candidato al título como Italia. Puso tierra de por medio para que la narrativa de partido siempre fuera la que tenía que ser. El héroe debía cumplir con su papel hasta el final y nada ni nadie más que él podría cambiar su destino.

Pero, cumpliendo con uno de los grandes éxitos que la España terrenal ha dejado este verano de 2020, la que ha hecho vibrar a un país por tener un poquito de todos al representarnos en la duda, los errores, el merecimiento, la incomprensión, la fuerza de una idea, los principios, valores o la superación, la chorra cuando estás a puntito de cagarla y salvas la papeleta, a la Selección se le escapó el partido. De nuevo, porque su mínima contundencia en área rival provocó que su aún menor capacidad para responder en área propia desatara una feria de fuegos artificiales en la que podía pasar cualquier cosa. Y con Chiesa enfrente, al que le bastan un par de palos para hacerte una barbacoa... pues imagínate tú.

LONDON, ENGLAND - JULY 06: Dani Olmo of Spain reacts after missing their side's first penalty in the penalty shoot out during the UEFA Euro 2020 Championship Semi-final match between Italy and Spain at Wembley Stadium on July 06, 2021 in London, England. (Photo by Andy Rain - Pool/Getty Images)
Andy Rain - Pool/Getty Images.

Nuestro héroe entraba en la fase turbulenta de la historia: el edén de los italianos. Para ellos ganar no es nada comparado con la satisfacción de saberse la especie elegida por los dioses para completar la tarea de defender un gol de ventaja con la responsabilidad de toda una cultura recogida en su área. Tibia con tibia. Celebrar un despeje. Meter el cuerpo en medio porque qué importa un órgano vital cuando te juegas una Eurocopa. Italia estaba en su salsa.

Pero Olmo siguió bailando. Es que le gustaba todo de los 'azzurri'. Era su noche. Iba de flor en flor, una carantoña, un par de patadones, de nuevo en pie y una vueltecita. Un control que empieza aquí y termina allá, una pared, un regatito y mira tú qué giro, otro saco de faltas a la mochila. Una asistencia de gol para Morata y España, la España de lo imprevisible, la que te tienes que sentar a ver porque a ver quién dice que no a semejante montaña rusa de emociones, volvía a estar dentro.

Los minutos pasaban y Olmo seguía sumando más y más aventuras para su hazaña, pensando, claro, en evitar que el colofón de su historia tuviera que escribirse desde el punto de penalti. Pero no hubo manera. A la final de la Eurocopa 2020 había que llegar por penaltis. Como todo viaje, el de nuestro héroe llegaba al final.

11 metros separaban a Dani de cerrar la mejor noche de su vida. Aquella en la que recorrió su camino como héroe para cumplir con un fin superior. Aquella en la que resurgió de entre las dudas y la desconfianza para ejercer como el líder al que España necesitaba agarrarse cuando empezaran los temblores. Solo 11 metros.

Y solo unos centímetros le separaron de meter el penalti. España cayó, pero, de paso, se llevó un líder y un puñado de héroes para próximas aventuras.

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