Cuando el día del partido es una escena del crimen

Tariq Panja
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Ángel Di María recibió la noticia en cuanto salió del campo. Parecía que sustituirlo a la mitad de un partido empatado no tenía sentido, pero el entrenador del Paris Saint-Germain (PSG) enseguida le explicó: la esposa de Di María había llamado al jefe de seguridad del equipo. Necesitaba regresar a casa de inmediato. La casa de su familia acababa de ser robada.

Su compañero de equipo Marquinhos recibió un mensaje similar casi después de que terminó el partido del domingo: la propiedad que compró para sus padres en las afueras de la ciudad había sido el blanco de intrusos y su padre se había involucrado en un altercado físico con los ladrones.

Un tercer jugador del PSG, el delantero Mauro Icardi, habría comprendido las emociones que cada jugador sentía: hace menos de dos meses, el hogar de Icardi fue saqueado mientras disputaba un juego. Ese día, según los reportajes noticiosos, los ladrones huyeron con ropa de diseñador, joyería y relojes con valor de cientos de miles de dólares.

Las millonarias estrellas del PSG no son los únicos futbolistas en la mira de los delincuentes para los cuales los partidos se han convertido cada vez más en oportunidades lucrativas. En los últimos años, operadores sofisticados han aprovechado la difusión del calendario de juegos y las publicaciones en redes sociales casi como una guía en sus estrategias para robar los símbolos de fama y fortuna pertenecientes a algunos de los nombres más reconocidos del futbol.

Durante años, pandillas en Inglaterra han tenido como objetivo los vecindarios muy arreglados y los rascacielos de lujo donde se ubican los hogares de las estrellas de clubes como el Manchester United y el Liverpool. En mayo, Riyad Mahrez del Manchester City le dijo a la policía que los ladrones se llevaron artículos con valor de cientos de miles de dólares cuando robaron su apartamento. Algunas semanas antes, Dele Alli, estrella del Tottenham Hotspur, reveló que había sido golpeado por ladrones dentro de su hogar en Londres.

No obstante, como los recientes casos del PSG demostraron, las invasiones a los hogares no son un problema exclusivo de la Liga Premier. En España, la policía desmanteló una red criminal que tenía como objetivo los hogares de jugadores de clubes como el Real Madrid y el Barcelona. En Italia, el mediocampista estadounidense Weston McKennie le dijo a ESPN que le robaron ropa de diseñador y otros artículos durante un partido de copa cuando jugaba en la Juventus.

Como los robos en los hogares se están volviendo más comunes (el portero del Everton, Robin Olsen, afirma que intrusos enmascarados que blandían machetes lo asaltaron hace unas semanas), los atletas ricos aumentan cada vez más sus listas de artículos de lujo que es necesario que tengan para que incluyan no solo joyería cara y los aparatos electrónicos más recientes, sino también perros atemorizantes, guardias privados e incluso habitaciones de pánico.

“Aquí es un problema para los futbolistas, porque todos saben dónde estarán”, dijo Paul Weldon, director general de The Panic Room Co., una firma inglesa que ahora cuenta con varias estrellas de la Liga Premier entre sus clientes de grandes fortunas.

Otros jugadores han abordado el problema de manera más emocional. Meses después de que agresores con cuchillos le quitaron relojes y otros artículos a Alli del Tottenham, el futbolista fue fotografiado cuando paseaba a un perro guardián dóberman que compró después del asalto.

Perros como el de Alli son tan comunes entre las estrellas del futbol que Richard Douglas, cofundador de la compañía Chaperone K9, que entrena a perros de protección, dijo que su negocio cuenta con al menos un cliente en cada club de la Liga Premier.

En París, la policía y los directivos del club todavía intentaban descifrar lo ocurrido la semana pasada. Contrario a los primeros reportes, la esposa de Di María no fue atacada por los ladrones y solo se dio cuenta del robo en la caja fuerte familiar después de que se habían ido, según una persona con conocimiento de la investigación. Atemorizada, contactó de inmediato a un directivo del club, quien avisó al jefe de seguridad del PSG.

Eso condujo a una llamada (grabada en video) al director deportivo del club, quien le gritó desde la grada al entrenador Mauricio Pochettino, el cual estuvo de acuerdo rápidamente en sacar a Di María del juego.

Como todos los jugadores del club, Di María recibió un informe de seguridad, que incluía una visita a su hogar y consejos sobre medidas de protección, cuando se unió al PSG. Sin embargo, el club habitualmente deja las decisiones sobre medidas adicionales a los jugadores y sus familiares; sus más grandes estrellas, Neymar y Kylian Mbappé, utilizan equipos de seguridad personal privados.

Jonathan Barnett, uno de los principales agentes de futbol entre cuyos clientes se incluye el compañero de Alli en el Tottenham Gareth Bale, dijo que algunos de los atletas a quienes representa hacen lo mismo después de haber sido víctimas de robos.

“Las estrellas tienen su propia seguridad, especialmente cuando están lejos de su esposa y sus familiares”, dijo Barnett.

Aun así, a raíz de los robos más recientes, la dirección del PSG decidió, al menos a corto plazo, proporcionar seguridad adicional alrededor de las propiedades de los jugadores del primer equipo cuando el club esté jugando. Un vocero del club se negó a responder preguntas sobre las medidas o los robos, al afirmar que el club no comenta sobre cuestiones de seguridad.

No obstante, su decisión será similar a aquellas ya tomadas por varios de los principales equipos de la Liga Premier, quienes están conscientes de que los movimientos de sus jugadores son cada vez más documentados en tiempo real en las redes sociales, incluyendo cuando se quedan en hoteles, llegan a las sesiones de entrenamiento o viajan a los partidos.

Un directivo de uno de los principales equipos ingleses dijo que, además de los patrullajes de rutina alrededor de los hogares de los jugadores, la mayoría de los clubes más grandes ahora invierten sumas significativas de dinero en contratar expertos en seguridad privados para que les brinden asesoría.

“Hemos aprendido el impacto dañino que este tipo de situaciones pueden tener en los jugadores, particularmente en los fichajes recientes”, dijo el directivo del equipo de la Liga Premier, quien solicitó que su nombre no se publicara porque no tenía autorización para hablar de manera pública sobre la seguridad del equipo. “Realmente puede perturbar a un jugador y después van a tener a familiares que dirán que no quieren estar aquí”.

This article originally appeared in The New York Times.

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