El cuento de Viti Estrella Burgos, el domador de la altura que en Quito se sentía como Rafa Nadal en Roland Garros

Sebastián Torok
lanacion.com

En Santiago de los Caballeros, el municipio más popular de la República Dominicana después de Santo Domingo, viven un millón de personas. Está en el centro de la isla y fue un territorio clave en la Guerra de la Independencia y la separación de Haití en 1844. Agricultura, producción de la industria de las comunicaciones, turismo. Víctor Estrella Burgos nació en agosto de 1980 y es el tercero de los cuatro hijos de Elgio Félix y Ana. Estaba destinado a jugar el béisbol, el deporte rey en ese país. Pero Viti, como lo bautizaron en el Caribe, se enamoró del tenis.

"Nuestra familia era humilde -le relata Estrella Burgos a LA NACIÓN-. Mi padre trabajaba como agricultor y ganadero; mi mamá, en la casa. Yo era un niño inquieto; no me soportaban de tanto que molestaba. Vivía a 500 metros de un club, el Centro Español, y a mi padre se le ocurrió que era una buena idea mandarme allí para que quemara energías. Claro, no teníamos dinero para asociarnos y la única forma en la que pude entrar en el club fue como recogepelotas de los socios. Eso hacía por la mañana, hasta que a la una de la tarde me iba al colegio. Y cuando tenía tiempo libre me ponía a jugar al tenis, un deporte que mi papá no conocía. Jugué al béisbol hasta los 14 o 15 años, pero tenía una pasión extra por el tenis. Así comenzó todo".

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¿Qué comenzó? Una carrera con limitaciones económicas ("Mi mayor lesión fue en los bolsillos", se ríe) y altibajos desde un país sin tradición tenística, pero con coraje y compromiso. Una trayectoria longeva, con evolución tardía en la elite (su mejor posición fue 43° en 2015, con 34 años) y el reconocimiento de sus pares. Partidos ganados en los cuatro Grand Slam. Más de 20 temporadas y casi 50 series de Copa Davis disputadas. Pero, sobre todo, un dominio, como ningún otro jugador en la historia, del tenis en la altura. No sólo fue, en febrero de 2015 y a los 34, el tenista de mayor edad en ganar su primer título ATP (en Quito, a 2850 metros sobre el nivel del mar), sino que defendió el trofeo de la capital ecuatoriana en 2016 y 2017, y sumó campeonatos en challengers de otras ciudades con exigente altitud como Bogotá, Morelos, Medellín y Pereira.

Estrella Burgos creció viendo a John McEnroe por TV. Más tarde lo encandiló Andre Agassi. Pero Big Mac fue, como para tantos, su gran ídolo. Fue tal la identificación que el dominicano logró con el torneo de Quito, que sucedió un hecho simpático, en 2018. "Tuve la chance de hablar varias veces con John. Creo que él empezó a saber un poco de mí fue cuando llegué a la tercera ronda del US Open, en 2014. Una de las últimas veces que lo vi fue cuando ya habían cancelado el ATP de Quito, fui -en la misma fecha- al ATP 250 de Nueva York, él estaba ahí, me vio y me dijo: '¿No más Quiiito?'. Me hizo reír mucho", recuerda. Algo similar ocurrió en enero de ese año, después de perder por un triple 6-1 ante Rafael Nadal, en Australia. Estrella Burgos saludó al mallorquín en la red y le soltó: "Jugué contra vos, ya me puedo retirar tranquilo". Pero el Matador le devolvió: "Nada de eso: anda a Quito, gana y sigue jugando".

Es curioso, pero la primera vez que Estrella Burgos actuó en la altura fue en Bogotá y para él fue "lo más desagradable del tenis". "Era horrible, no metía la pelota, me sentía incómodo. Incluso me fui de allí pensando que no podían hacer torneos en la altura. '¡No debería estar permitido!', gritaba. Después, vi que había muchos Challengers en Colombia, México y Ecuador, y pensé que era una oportunidad para ganar en un sitio en el que todos se sentían mal. 'Tengo que buscar la manera de adaptarme', pensé. Y lo hice jugando Futures, ganando rondas, perdiendo, ganando, perdiendo. En 2013 gané un Challenger en Quito, por eso cuando llegué, en 2015 al ATP, y lo puede contar mi entrenador de por entonces, el argentino Alejandro Fabbri, dije que el torneo sería mío. Tenía confianza. Y Ale me dijo: 'Es verdad. No hay nadie como vos en estas condiciones. No porque seas el mejor en la altura, sino porque eres el que mejor enfrenta las adversidades'. Me sentía invencible. Mientras todos estaban atrapados con la altura y la tensión del encordado, yo estaba positivo, como si jugara en el llano", explica, a la distancia.

Será una serie pareja. Se jugará con pelotas pinchadas [despresurizadas] y son complicadas de impactar. Y los partidos al mejor de tres sets emparejan los rankingsVíctor Estrella Burgos, sobre la serie Colombia vs. Argentina

Salvo en 2018, cuando cayó en cuartos de final ante Gerald Melzer (Austria), Estrella Burgos creó un monopolio en Quito. Tenía sus secretos. "Todos me preguntaban mis tips, pero yo me los guardaba. Hoy, ya retirado [jugó su último partido en octubre de 2019, en el Challenger de Santo Domingo], lo puedo decir. Tienes que pegarle adelante a la pelota y acelerar la raqueta lo más que puedas. Si dudas, chau, no hay manera de que la metas. Si dudas al pegar, la pelota vuela. Tienes que ir decidido a impactar, acelerar con la mano y cerrar un poquito el tiro. Muchos dicen que hay que subir la tensión del encordado para tener más control, pero a mí me funcionó lo contrario: la bajé. El tiro con slice sirve mucho, es increíble cómo baja. Y hay que estar muy bien físicamente", argumenta el dominicano.

Y va más allá: "El oxígeno falta y los puntos largos te agitan. La parte cardiovascular es muy importante, porque te quedas sin aire, te mareas. Yo entrenaba para Quito. Ahí me sentía como Rafa Nadal en Roland Garros. Me sentía invencible". Mariano Puerta, campeón del ATP de Bogotá en 2000, alguna vez contó que en la altura jugaba con la raqueta sin peso extra, tal como le llegaba de la fábrica y que eso le permitía manipular mejor ese objeto en la altura. Estrella Burgos concuerda: "Es bueno lo que hacía Mariano. Yo no lo hacía porque mi raqueta pasaba muy rápido, nunca cambié nada".

Ya no compite profesionalmente, pero Estrella Burgos se mantiene activo. El tenis es su pasión y anhela enseñarle a los más jóvenes de su país; de hecho, ya lo hace. Y juega tres veces por semana a su nuevo hobby: el sóftbol. Dice que seguirá la serie de Copa Davis entre Colombia y la Argentina, este viernes y sábado, en la altura de Bogotá: "Será una serie pareja. Además, se jugará con pelotas pinchadas [despresurizadas] y son complicadas de impactar. Además, los partidos al mejor de tres sets emparejan los rankings; hay más sorpresas". ¿En qué más ocupa el tiempo? En cantar. "Me hubiese encantado tener una buena voz para pararme frente al público como lo hice en el tenis, pero soy malo. Me monto al carro, pongo música y me pongo a cantar; así sí. ¿Si soy buen bailarín? Pero claro, en Dominicana nacemos con el merengue en la sangre".

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