Cuando las sufragistas británicas tuvieron que hacer uso de la violencia y atentados para conseguir su propósito

Alfred López
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La sociedad está dividida entre aquellos que creen que cualquier tipo de acto violento, realizado en disturbios y manifestaciones, están totalmente injustificados y deberían de ser perseguidos y castigados por las autoridades y después nos encontramos con quienes están convencidos que, en ocasiones, para conseguir un fin que beneficia a gran parte de un colectivo, es necesario tomar decisiones radicales y actuar con cierta violencia contra algunos objetivos (normalmente gubernamentales, empresariales…). Estos últimos defienden que la lista de logros conseguidos, a lo largo de la historia y que han beneficiado a gran parte de la ciudadanía de todo el planeta, es muy larga (ya sea por colectivos como la clase trabajadora, las mujeres, personas de distintos credos o raza, etc), consiguiéndose en la mayoría de ocasiones gracias a haber presionado y realizado actos de violencia.

Las sufragistas británicas no solo se manifestaron por las calles del Reino Unido, también tuvieron que hacer uso de la violencia y realizar atentados para conseguir su propósito (imagen vía picryl)
Las sufragistas británicas no solo se manifestaron por las calles del Reino Unido, también tuvieron que hacer uso de la violencia y realizar atentados para conseguir su propósito (imagen vía picryl)

Uno de los colectivos que durante muchas décadas luchó incansablemente por mejorar las condiciones de la sociedad fue el de las sufragistas, quienes reclamaban, entre otras cosas, la igualdad de género y el derecho al voto. Una lucha reivindicativa que fue desigual en cada lugar y que tuvo sus distintos plazos de consecución de resultados, además de diferentes formas de actuar.

Hoy me centraré en este post en las sufragistas británicas, quienes tuvieron un destacadísimo papel en la historia de su país durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX.

El 6 de febrero de 1918 se aprobaba en el Parlamento británico la ley que otorgaba el derecho al sufragio a las mujeres mayores de 30 años. Una ley que se convertía en un gran logro para la lucha sufragista, pero que tan solo era un primer paso para conseguir que el derecho al voto llegara a toda las capas de la sociedad femenina del Reino Unido.

Durante décadas, las acciones reivindicativas de las sufragistas se habían limitado a pequeñas manifestaciones y actos aislados de protesta y no fue hasta 1897 cuando los diferentes grupos repartidos por todo el país decidieron unirse para crear la Sociedad Nacional para el Sufragio de las Mujeres (NUWSS son sus siglas en inglés).

Fue a partir de entonces cuando la unión de todas ellas fue adquiriendo más relevancia en las protestas y sus concentraciones y manifestaciones se fueron convirtiendo cada vez en más multitudinarias.

La primera gran manifestación sufragista celebrada en el Reino Unido fue conocida como la ‘Procesión Unida de Mujeres’ (United Procession of Women) que discurrió por Londres el 9 de febrero de 1907 y reunió a más de tres mil personas (la inmensa mayoría mujeres, pero también contó con un importante apoyo de hombres que se sumaron a la marcha). Debido a las inclemencias del tiempo y a las fuertes lluvias que se produjeron previamente a la manifestación, las calles londinenses estaban llenas de fango, por lo que esta acción reivindicativa también ha pasado a la historia bajo el nombre de ‘Marcha del Lodo’ (Mud March).

Pero, para cierto sector del sufragismo, las manifestaciones y protestas frente al Parlamento eran insuficientes y poco efectivas, por lo que un grupo de estas decidió que se debían de realizar acciones reivindicativas más contundentes, aunque eso conllevara tener que realizar algunos sabotajes contra propiedades del gobierno.

Al frente de este grupo más reivindicativo se encontraba Emmeline Pankhurst, considerada como la líder indiscutible del movimiento sufragista del Reino Unido.

Algunos actos de sabotaje consistieron en hacer pintadas en algunas calles o paredes de edificios públicos, per según iba pasando el tiempo y no se conseguía que los representantes políticos aprobaran la ley que las facultaba a votar, sus acciones se fueron convirtiendo en más violentas, llegando a provocar incendios en comercios, edificios oficiales y, posteriormente, a atentar contra viviendas privadas de algunos parlamentarios y miembros del gobierno.

A este grupo más violento de sufragistas se las denominó como ‘suffragettes’, con el fin de diferenciarlas de aquellas mujeres que reivindicaban el derecho al voto de una manera pacífica.

En febrero de 1913, Emmeline Pankhurst ofreció un discurso en Cardiff en el que alentó a las ‘suffragettes’ a atacar aquellas cosas que consideraba más valoradas por la sociedad contemporánea: el dinero, la propiedad y el placer.

Esto desencadenó una serie de atentados contra propiedades privadas de algunos insignes políticos de la época, entre ellos el producido el 19 de febrero de aquel mismo año en la casa de verano del Ministro de Hacienda, David Lloyd George, donde fue colocada un artefacto explosivo que provocó un incendio en la edificación que estaba en construcción en aquellos momentos (situada en la exclusiva urbanización del elitista ‘Walton Heath Golf Links’). Tan solo hubo daños materiales tras la explosión y que fueron valorados en quinientas libras esterlinas (una gran suma para aquel tiempo). Una segunda bomba también había sido colocada en aquel lugar, pero no llegó a detonarse.

Anecdóticamente, cabe destacar que David Lloyd George fue nombrado Primer Ministro del Reino Unido en 1916 y fue bajo su legislatura cuando el Parlamento británico aprobó la mencionada ley que otorgaba el voto a las mujeres (mayores de 30 años) el 6 de febrero de 1918.

Junto a la residencia veraniega de Lloyd George, otras propiedades fueron saboteadas y padecieron los ataques de los actos reivindicativos de las suffragettes en las siguientes semanas, llevando a las autoridades a señalar directamente a Emmeline Pankhurst de haber sido la impulsora de los atentados y alentar a la violencia, por lo que se la acusó oficialmente, siendo detenida la noche del 24 de febrero, juzgada y condenada (el 3 de abril) a una pena de tres años de servicio penal (un tipo de condena por la que las personas que debían cumplirla tenían que realizar trabajos forzados para la comunidad durante el tiempo que duraba la misma).

Emmeline Pankhurst fue conducida a la prisión de Holloway y tal y como llegó se declaró en huelga de hambre, al mismo tiempo que se iniciaron una serie de marchas, protestas y actos de sabotaje por parte de las suffragettes, a modo de protesta.

A lo largo del siguiente año el movimiento sufragista siguió con sus actividades para reclamar el voto femenino, cesando su actividad tras el estallido de la Primera Guerra Mundial (julio de 1914) y centrándose en ayudar a la nación y mostrar su compromiso patriótico.

Tal y como he comentado párrafos más arriba, en 1918 se aprobó la ley que facultaba el voto (parcial) a las mujeres. Fue unos meses antes de que acabara el conflicto bélico, pero se convirtió en un paso decisivo en la historia del sufragismo. David Lloyd George, como Primer ministro, fue decisivo en la consecución y aprobación de esa ley, tendiendo un puente de diálogo y entendimiento con las mismas personas que, cinco años antes, atentaron contra su residencia de verano.

Fuentes de consulta e imagen: history.blog.gov.uk / surreycc.gov.uk / exploringsurreyspast / elpais / elmundo / picryl

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