Les llamaron hipocondríacos y ahora son claves para que no colapse el sistema de sanidad

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Aún hay personas que son juzgadas por tomar medidas preventivas
Aún hay personas que son juzgadas por tomar medidas preventivas

Escepticismo o histeria. Exageración o pasotismo. Sobreprotección o dejadez. Las actitudes que cada persona toma con respecto al Covid-19 son de lo más variadas y marcan una línea clara que separa dos conceptos contrapuestos: la responsabilidad frente a la imprudencia. A medida que este coronavirus se expande y países como China e Italia han tomado medidas de contención brutales como aislar ciudades, regiones, o en el caso del país transalpino, todo su territorio nacional, la respuesta de la ciudadanía sigue oscilando en esta dualidad que choca frontalmente

Al comienzo de esta crisis viral hubo gente que, como poco, miró con ojos raros a aquellas personas que salían a la calle cubiertos por máscaras o con guantes de plástico, a los ciudadanos que no daban besos y ni siquiera la mano al saludar, a gente que limpiaba su celular continuamente por si acaso. De ahí se pasó a las burlas en muchos casos e incluso, en algunos, éstas se convirtieron en episodios violentos. Esta manera de ridiculizar a los más conscientes es fruto del escepticismo con altas dosis de egoísmo que juzga sin razonamientos de peso. Desde que comenzó esta crisis, muchísimas personas se han dejado llevar por los estereotipos y no han dudado en calificar de hipocondriacos a aquellos que toman precauciones que consideran como exageradas. Frases como, “si la gripe mata a más personas” o “si esto solamente afecta a los más mayores”, han sido parte de nuestras conversaciones durante las últimas semanas. 

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La responsabilidad individual contribuye a que no se propague el virus. (Getty Images)
La responsabilidad individual contribuye a que no se propague el virus. (Getty Images)

No les falta razón a los que reivindican su postura relajada ante este asunto, ya que el índice mortalidad, con datos aproximados, es claro: las personas mayores de 80 años de edad tienen un índice de mortalidad de alrededor del 15 por ciento; los que se contagian en la década de los 70, cuentan con en torno a un 8 por ciento, un 4 por ciento de los que rondan los sesenta acaban falleciendo, un 2 por ciento para los que cuentan con 50 a 59 años de edad, un 0,4 para el grupo de los 40 a los 49 y un 0,2 para el resto. Sí, es cierto que la juventud y las personas de mediana edad lo tiene más fácil en esta ocasión, pero ¿deben servir estos datos como una excusa para no tomar medidas preventivas de manera individual? 

No hacerlo es una irresponsabilidad que puede salir cara. Aunque para un grupo enorme de la población el Covid-19 no es más que un resfriado, el ser portador y contagiar a otra persona puede tener unas consecuencias nefastas que afecta directamente a personas vulnerables y a mayor escala a los sistemas sanitarios. Éstos no están preparados para acoger a contagiados en masa y este supuesto significaría un colapso en el que miles de pacientes no recibirían ningún tipo de atención. 

“El gran desafío que plantea este nuevo virus es, más que un reto individual, una amenaza para los sistemas de salud”, señaló a Yahoo! José Viosca Ros, comunicador de docencia científico-médica. Si se produce un crecimiento puntual de casos con manifestaciones graves del Covid-19, eso generaría una situación potencialmente caótica. Para evitar el colapso del sistema de salud, por cuestiones sociales y globales de los países, hace falta responsabilidad. No estamos preparados para que se produzcan cien mil casos graves y todos vayan a un hospital. No hay ciudades que tengan esa capacidad de acoger una demanda puntual tan grande. Por eso, la prevención es fundamental y es necesario seguir las medidas de contención, que son variadas en función de la capacidad que tiene cada país en cada momento”, argumentó este divulgador científico y autor de publicaciones como National Geographic.

Contagios en masa podrían causar un colapso de los hospitales (Getty Images).
Contagios en masa podrían causar un colapso de los hospitales (Getty Images).

Esta es una de las razones principales por las que las autoridades están poniendo tanto énfasis en que cada individuo tome las acciones necesarias para evitar no sólo contagiarse, sino contagiar a los demás en caso de que se encuentre en el periodo de incubación, momento que suele durar 14 días, según la Organización Mundial de la Salud. El escepticismo inicial se ha convertido en histeria en masa e incluso en medidas como la celebración de eventos deportivos a puerta cerrada o la cancelación de congresos, festivales de música o giras. ¿Exageración? Quizás, pero es más efectivo tomar este tipo de medidas durante este periodo de incertidumbre que el arrepentimiento por no haberlas tomado en un supuesto más dramático. 

“Lo que pasó en China al principio fue una explosión muy notable y tomaron medidas drásticas. Fuera de China, excepto algún caso puntual como Italia e Irán, el crecimiento, por ahora, es suave en los demás países. Las recomendaciones en esos casos no son aislar ciudades, todavía, porque esto depende de la magnitud de los brotes, sino lavarse las manos y tomar medidas de higiene básicas. Es una manera de solidaridad también con las personas de riesgo que puedan adquirir la enfermedad, como personas mayores y con otras enfermedades crónicas; y de cara a contribuir a la sostenibilidad del sistema de salud y evitar un posible colapso por un exceso de demanda”, agregó Viosca.

Toda prevención es poca cuando impera la necesidad de proteger a la población que realmente está en riesgo. Todo pasa por “lavarse mucho las manos, evitar estar en contacto con gente que síntomas, estar a un metro como mínimo y tratar de tocarse la cara lo mínimo, ya que el virus se transmite por las gotitas de agua que se transmiten por personas infectadas al estornudar, toser o  hablar, y sobre todo el virus entra por vía respiratoria, la nariz, la boca e incluso los ojos”, como afirma Viosca. 

No es cuestión de negarse a aceptar que uno mismo se puede contagiar, sino empezar a pensar en no estar expuesto, aunque sea por los demás. Quizás, en este punto de la nueva realidad global que estamos viviendo, haya a quien se la hayan quitado las ganas de tildar a otras personas de exagerados o hipocondríacos, porque son ellos los que realmente están contribuyendo a que el Covid-19 no se propague con más facilidad que en la actualidad. 

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