Correr con ceguera... y libertad

Matthew Futterman
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Thomas Panek, una persona legalmente ciega, se pone la tecnología de Google que le permite correr de manera independiente en Central Park, el 19 de noviembre de 2020. (Brittainy Newman/The New York Times)
Thomas Panek, una persona legalmente ciega, se pone la tecnología de Google que le permite correr de manera independiente en Central Park, el 19 de noviembre de 2020. (Brittainy Newman/The New York Times)
Thomas Panek, una persona legalmente ciega, prueba una nueva tecnología que le permite correr una carrera de 5 kilómetros en Central Park sin un perro ni otra persona que lo guíe, el 19 de noviembre de 2020. (Brittainy Newman/The New York Times)
Thomas Panek, una persona legalmente ciega, prueba una nueva tecnología que le permite correr una carrera de 5 kilómetros en Central Park sin un perro ni otra persona que lo guíe, el 19 de noviembre de 2020. (Brittainy Newman/The New York Times)

Durante años, Thomas Panek soñó con correr como lo hacía antes de perder la vista, sin temor y sin un humano ni un perro atado a la muñeca como guía.

Una helada mañana del mes pasado, ese sueño llevó a Panek, de 50 años, al extremo norte del Central Park de Manhattan, para realizar una prueba de campo de algo que algún día podría liberar a miles de otras personas que tengan una visión dañada gravemente. Mientras un equipo de camarógrafos y uno de tecnólogos hacían los últimos ajustes, se quedó de pie cuesta abajo sobre West Drive. Parado a horcajadas sobre una línea amarilla pintada, esperaba la señal de partida.

Había pasado poco más de un año desde que Panek le presentó un desafío a un grupo de ingenieros en las oficinas de Google de Manhattan durante un hackatón de la empresa. ¿Podrían desarrollar un mecanismo para que pudiera correr solo, con un sentido claro de la dirección por dónde iría y sin tener que preocuparse por los peligros a lo largo del camino? Ya había habido otros intentos por encontrar soluciones tecnológicas para este problema, pero ninguna completamente libre de sus guías.

Panek tiene retinitis pigmentaria, una enfermedad genética que provoca la pérdida de células fotorreceptoras. De niño, perdió la capacidad de ver las estrellas en el cielo de noche. Cuando era un adulto joven, se volvió legalmente ciego.

Para Panek, correr ciego siempre implica el temor de estar a punto de chocar de cara contra un árbol.

Panek, quien vive en el condado de Westchester, al norte de la ciudad de Nueva York, adora correr con su perro guía, Blaze. Sin embargo, Blaze no puede correr más rápido de un kilómetro y medio en nueve minutos.

“Soy un poco más rápido que eso”, comentó Panek, quien terminó el Maratón de Boston de 2015 en 3 horas y 42 minutos, con la guía de Scott Jurek, un ultramaratonista. Esto se traduce a un kilómetro y medio en 8,5 minutos para el maratón, aunque Panek puede ir más rápido en distancias más cortas.

Para cuando terminó ese hackatón de un día, los ingenieros habían esbozado la idea básica de una solución. Colocaron una línea de cinta adhesiva en el suelo e hicieron que Panek y su perro la siguieran. Luego, la misión fue concebir una aplicación que funcionara de la misma manera que el perro y, en el proceso, tal vez resolviera un problema para Panek y muchas otras personas.

“Si empiezas con una persona y sus problemas, se le pueden brindar grandes beneficios y también a las personas como ella”, opinó Ryan Burke, líder del Laboratorio Creativo de Google.

Dror Ayalon, un tecnólogo creativo en el proyecto inspirado por el desafío de Panek, mencionó que se llegó a un plan bastante rápido.

Un equipo iba a pintar una línea amarilla para que Panek la siguiera durante una carrera. Panek amarraría a su vientre un teléfono con cámara y la aplicación recién concebida, para que la cámara rastreara la línea amarilla en el suelo. La aplicación tomaría la información de la cámara y transmitiría señales vibratorias por medio de unos audífonos.

Mientras Panek corriera, las señales le dirían cómo ajustar sus pasos para permanecer sobre la línea. Las señales en la oreja derecha significarían que se esta desviando demasiado hacia su derecha y viceversa. Otra señal le ayudaría a tomar una curva cuando la cámara detectara que la línea se curveaba.

Unos programas de software usados para el diseño de videojuegos ayudaron a que la aplicación aprendiera a interpretar las imágenes de la cámara. El trabajo se volvió más complicado cuando los ingenieros comenzaron a considerar todo lo que podría interferir con el rastreo de una línea en el pavimento que un corredor seguiría mientras intenta llevar un teléfono.

La cámara iba a moverse de manera constante. La luz del día iba a cambiar, por lo tanto la línea amarilla se iba a ver distinta al mediodía y al amanecer.

Además, ¿qué iba a pasar cuando hojas cayeran sobre la línea y cubrieran parte de ella? ¿La aplicación interpretaría ese corte en la línea como un auto estacionado y le daría la señal al corredor para que se detuviera?

“Tomamos ejemplos y los ingresamos al modelo, clasificando los píxeles como una clase y todo lo demás como algo fuera de esa clase”, señaló Ayalon, para referirse a los obstáculos que pudieran bloquear la visión de la línea. “El modelo aprende con el tiempo”.

Al igual que un corredor. Panek probó la tecnología durante meses en distancias cortas, con lo que ganó confianza poco a poco y aprendió a confiar en los mensajes direccionales en sus oídos. Luego, en noviembre, llegó la hora de una carrera de 5 kilómetros.

“La liberación es una inmensa motivación, la idea de ser autosuficiente”, comentó Panek.

Gracias a la colaboración de New York Road Runners, los organizadores del Maratón de la ciudad de Nueva York, los tecnólogos tuvieron permiso para pintar la línea amarilla en el circuito norte de Central Park, un círculo de 2,28 kilómetros que incluye una pendiente conocida como Harlem Hill.

A pesar del frío, Panek usó manga corta. Tiene la complexión enjuta de un corredor veterano. El único indicio de su pérdida de visión es que a veces los ojos parecen enfocar en distintas direcciones. No obstante, lo compensa con habilidad, al seguir una voz y percatarse de los sonidos únicos de la gente, viendo hacia ella mientras le habla.

A medida que se acercaba el mediodía, Panek estaba listo para correr.

“Vamos”, dijo cuando llegó la hora.

Un juez le dio la señal de salida y arrancó. Corrió a toda velocidad colina abajo hacia su primera curva, como si supiera hacia adónde iba. Y entonces, más o menos después de un minuto, la voz en los audífonos de Panek —así como todo el mundo a su alrededor— le dijo que se detuviera. Un auto del Departamento de Parques y Recreación estaba estacionado sobre la línea.

Mientras un vigilante del parque ayudaba a encontrar al chofer para que moviera el auto, Panek regresó a la línea de partida. Era la hora de volverlo a intentar.

Y empezó. Salvo algún titubeo en sus pasos mientras rodeaba las primeras esquinas, corrió sobre la línea con confianza y rara vez se desvió más de algunos centímetros de cada lado de la línea. Por primera vez en décadas, Panek estaba corriendo como lo hacía de niño.

Cruzó la línea de meta. Un juez de la organización le colgó una medalla en el cuello.

“Perfecta”, opinó Panek de la carrera. “Fue simplemente perfecta”.

No se sabe bien hacia dónde irá la tecnología a partir de este momento. A los ingenieros todavía les faltan algunos obstáculos que sortear. Serviría que la aplicación pudiera rodear un auto estacionado. Sin embargo, en cuanto pueda, las autoridades de los parques en cualquier parte podrían ser persuadidos de pintar líneas amarillas para marcar los circuitos para corredores ciegos en rutas libres de autos, lo cual les permitiría correr con libertad y seguridad.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company