Por qué la realidad del sector tira por tierra la idea de Ayuso de priorizar la vacunación de camareros

M. J. Arias
·4  min de lectura

Uno de los caballos de batalla durante esta pandemia de Isabel Díaz Ayuso ha sido el de salvar la hostelería a toda costa. Un sector que, con restricciones, se ha mantenido abierto mientras otros negocios, parques infantiles y colegios continuaban cerrados. Ahora, en mitad de una tercera ola consecuencia de las Navidades, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha anunciado que aumenta de cuatro a seis los comensales permitidos por grupo y que su Gobierno está “analizando” la posibilidad de agilizar la vacunación de quienes están más expuestos al contagio por coronavirus. Entre ellos, los camareros y cuando, ha aclarado, hayan recibido sus dosis “los más vulnerables”.

Compartiendo una noticia publicada por El País al respecto, Díaz Ayuso publicaba un mensaje en su activo perfil de Twitter en el que aseguraba que “hemos analizado la posibilidad de, con la vacunación masiva, agilizarla en sectores altamente expuestos: profesores, taxistas, cajeros de supermercados, camareros.. Pero lo primero es tener vacunas y para los más vulnerables”. Un plan, el suyo, del que no aporta más detalles, pero que tiene algunas fisuras.

La primera, y más importante, es que la competencia de decidir cuál es el orden de vacunación por grupos es del Ministerio de Sanidad, no de las Comunidades Autónomas, como señalan en esa misma noticia de El País. Es decir, que por mucho que Ayuso quiera adelantar las dosis a sectores concretos, no tiene competencias para alterar el orden. Luego, en el caso concreto de los camareros y si realmente pudiera hacerlo, se añade una complicación más: la precariedad del sector.

Para entender el problema, dos titulares a modo de ejemplo. El primero, de El Confidencial, en agosto de 2018: “Temporales, precarios y cobrando en negro: la recuperación no llega a los camareros”. Un año después, en septiembre de 2019, El Diario publicaba una información similar referente a Cantabria y extensible a otras regiones de la geografía española: “El lastre del empleo en la hostelería: precariedad, temporalidad, jornadas abusivas y horas extra no remuneradas “.

Según los datos publicados por el primero de los medios citados, desde 2013 (y hasta antes de la pandemia), la hostelería creaba uno de cada cuatro empleos. Un dato importante del volumen de trabajadores del sector en toda España que no se traduce en buenas condiciones laborales. Dejando al margen la economía sumergida y las denuncias de camareros trabajando sin contrato, esta es una profesión en la que la temporalidad es uno de sus grandes males. Y ahí es donde reside la pregunta más importante a hacer a Ayuso, ¿qué se exigiría a una persona para demostrar que es camarero y que, como tal, ha de recibir la vacuna de manera prioritaria? ¿Un contrato en vigor?

En la profesión son muy comunes los contratos por temporadas, que duran solo unas semanas o incluso horas si es solo para dar cobertura a un evento. En esos casos, ¿cómo se puede acreditar que se es camarero para lograr la inmunidad? ¿Con el currículum? Ese no es un documento que goce de oficialidad. En el supuesto de que solo se vacune a quienes estén ejerciendo de camareros en el momento que se decida vacunar a toda la profesión y tengan un contrato que lo acredite, ¿qué ocurriría con aquella persona que firme un contrato poco después? ¿Tendría prioridad entonces? ¿Iría esta asociada a un contrato laboral?

En la información publicada por El Confidencial se señalaba la alta rotación que existe en la hostelería y que, según la patronal, la media es de tres contratos por año. En declaraciones a eldiario.es, una portavoz de Empleo de CCOO en Cantabria ponía de manifiesto que “la radiografía del empleo en el sector evidencia la excesiva temporalidad, las abusivas jornadas parciales que se extienden en horas extra no remuneradas, la ausencia de días de descanso, el incumplimiento de los salarios, el que no se les de de alta en la Seguridad Social más veces de las que se piensa y un sinfín de casuísticas que desembocan, en muchos casos, en el rechazo a ofertas de empleo como camareros en algunos establecimientos”.

Respondía así a las quejas de los hosteleros cántabros por, decían, no encontrar personal al que contratar. Pero su respuesta, un año después y en un contexto de pandemia, sigue siendo válida. El sector ha ido a peor. Ya entonces, cuando la hostelería cántabra quería recurrir a la contratación de mano de obra de fuera, desde la Consejería de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno de Cantabria manifestaron, como recogió Yahoo, su “incredulidad” ante la idea de que no se ofreciesen unas condiciones que aceptasen los trabajadores locales. Hoy en día, y siendo este uno de los sectores más castigados por la crisis derivada de la pandemia, nada parece haber ido a mejor. Y esta situación de precariedad constante tira por tierra la idea de Ayuso.

A finales de 2019, la industria de la hotelería, publicaba CTXT, suponía el 12,3% del PIB. A falta de datos oficiales de 2020, nada hace pensar que ese dato vaya a repetirse.

EN VÍDEO | Uno de cada cuatro madrileños tiene restricciones de movilidad por el COVID