El Covid-19 y sus cuatro rutas distintas de entrada se convierten en un problema para encontrar una vacuna

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Representación artística de un coronavirus. (Imagen creative commons vista en Pixabay).
Representación artística de un coronavirus. (Imagen creative commons vista en Pixabay).

El coronavirus, o Covid-19, lo ha cambiado todo, y cuando todo esto haya pasado nos enfrentaremos a un mundo completamente nuevo. En algún momento nuestros científicos conseguirán una vacuna, y la población logrará la inmunidad de grupo gracias a ella y al creciente número de recuperados pero ¿cuánto falta para esto? Lo cierto es que existen tantas iniciativas públicas y privadas en los países punteros en ciencia que el momento es difícil de predecir, aunque haremos bien en abandonar la idea de que la vacuna está a la vuelta de la esquina, sobre todo atendiendo a una mala noticia que he podido leer en un tweet de Luis Montoliu, afamado biotecnólogo experto en edición genética.  

Si habéis hecho los deberes con el Covid-19 sabréis que al igual que su primo el SARS de 2003 (con quien comparte el 80% de su genoma) emplea el mismo conducto de entrada a las células pulmonares, la proteína ACE2. Esta proteína está presente en la superficie exterior de las células del pulmón (y también en las de otros órganos). El virus se introduce en la célula a través de esa “cerradura” ACE2 porque cuenta con unas proteínas “S” (de “spike” o “pincho” en inglés) que actúan como una llave. Una vez dentro del cuerpo humano, en menos de 24 horas el virus puede generar hasta 100.000 copias de sí mismo.

Una aclaración: la proteína “spike” de cualquier coronavirus es una máquina molecular multifuncional que le permite entrar en la célula huésped, por eso en lugar de “pincho” yo prefiero llamarla “ganzúa”. Pero si observáis un virión al microscopio (podéis hacerlo en la imagen que abre este post) descubriríais que parece una especie de bolita minúscula recubierta de unas proteínas en formas de pinchos (o ganzúas). ¿Lo entendéis ahora?

¿Entonces si damos con una forma de impedir que las ganzúas “S” del coronavirus se acoplen en esa cerradura llamada ACE2, asunto arreglado? No exactamente: lo que decía el tweet antes mencionado por Luis Montoliu es que el protagonista de nuestro confinamiento ha encontrado otras forma de acceder a la célula. ¿Cómo? Pues la última en conocerse es a través de otra proteína de membrana llamada CD-147 (también conocida como Basigin puesto que está codificada por el gen BSG) a la que se acopla mediante la misma ganzúa antes mencionada, la proteína S.

El trabajo al que hace referencia Montoliu, efectuado por una veintena de científicos chinos provenientes de cuatro centros diferentes, aún no se ha publicado formalmente en ninguna revista editada por pares, aunque puede consultarse en bioRxiv, y por tanto, hay que mantener cierta cautela ya que está pendiente de confirmación. Pero si así fuera, la noticia podría ser un mazazo para las expectativas terapéuticas de encontrar rápidamente una forma de bloquear al virus. Podemos imaginar una puerta con dos cerraduras, si taponas una (con un antiviral) para impedir que el ladrón entre en tu casa y dejas la otra accesible, el ladrón podría colarse igualmente.

Contra el coronavirus Sars-Cov-2, lávate las manos. (Imagen creative commons vista en Pixabay).
Contra el coronavirus Sars-Cov-2, lávate las manos. (Imagen creative commons vista en Pixabay).

Pero es que ahí no acaba la cosa: según puedo leer en la web Thailand Medical News, en realidad la nueva ruta de acceso al interior de la célula a través de la proteína CD147 no es la segunda vía de acceso conocida, sino la cuarta, lo cual convierte al Covid19 en un auténtico súper virus.

Las otras dos formas de acceso del virus se consiguen a través de la enzima furina (presente en la célula huésped) y de los receptores GRP78. El dato de la furina es importante, porque esta enzima no solo se encuentra en las células pulmonares, sino en otros varios tejidos humanos incluidos el hígado y el intestino delgado, lo cual dota al virus del potencial para atacar múltiples órganos tal y como cuentan en Investigación y ciencia.

En cuanto a los receptores GRP78 de la célula huésped, tal y como puedo leer en Science Direct, es un tercer receptor presente en la superficie de la célula, (las siglas de su nombre provienen de “proteína regulada por glucosa 78”) que consta de varias regiones, algunas de las cuales actúan también como puerto de atraque para las ganzúas del Covid-19.

Resumiendo, hasta el momento los viriones del Covid-19 han descubierto hasta cuatro formas de acceso diferentes al interior de las células pulmonares. ¿Ha sido así desde el principio o el virus ha ido encontrando nuevas formas a medida que muta al saltar de huésped a huésped? Sin duda hace falta mucho más trabajo de investigación, pero la pregunta es escalofriante.

Lamentablemente, en vista de estas capacidades parece que la tarea de encontrar una vacuna efectiva al 100% podría ser mucho más complicada de lo que a priori podríamos pensar. Suerte que la virulencia de un virus tiende a atenuarse a medida que este muta, ya que en su interés está el reproducirse y vivir “apaciblemente” dentro del huésped, cosa que obviamente no logra si este muere.

En fin, no quiero ser alarmista, algunos de los coronavirus anteriores (el MERS por ejemplo) también habían encontrado más de una forma de infectar a las células del pulmón, pero creo que esta es la primera vez que se observa tanta habilidad y diversidad infecciosa en un coronavirus. Más que a una ganzúa, este Covid19 parece asemejarse a una navaja suiza.

Me enteré leyendo Thailand Medical News (web en la que hay artículos sobre las 4 vías de acceso intracelular mencionadas).

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