Copa Libertadores: Palmeiras, Santos y "el clásico de la nostalgia" que despierta envidia en Río de Janeiro

Federico Cornali
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SAN PABLO.- El "puente aéreo" clásico que transitan a diario decenas de aviones entre San Pablo y Río de Janeiro puede que nunca haya transportado tanto peso en ilusiones como durante estas últimas horas, cuando los planteles de Palmeiras y Santos partieron desde el aeropuerto de Guarulhos para, en menos de una hora, aterrizar en Galeao. En la capital fluminense, más precisamente en el estadio Maracaná, los equipos paulistas definirán mañana quién se queda con esta Copa Libertadores, que comenzó hace más de un año en su etapa preliminar, cuando el mundo ya empezaba a cambiar sus reglas.

Palmeiras vs. Santos: una final de otro mundo

Los casi 36° que esperaban a los dos finalistas en suelo carioca solo podían compararse con el calor de los cientos de hinchas aglomerados que despidieron, sin atender a ningún tipo de protocolo sanitario, primero a Santos, y un par de horas más tarde a Palmeiras, en las inmediaciones de Guarulhos. Todo esto, dentro de un escenario de drástica aceleración en el aumento de casos en el Estado de Sao Paulo, que regresó a la fase roja, la más rigurosa en el plan de contención de los contagios por el coronavirus.

Poco antes de embarcar rumbo a Río de Janeiro, en la noche del martes, ambos equipos pusieron suplentes en la cancha para afrontar sus compromisos correspondientes al Campeonato Brasileño. En el Allianz Parque de la capital paulista, Palmeiras reservó hasta a su arquero, Weverton (lo reemplazó Jailson), para no correr riesgos de cara a la final de la Libertadores; en un partido equilibrado, donde contó con más chances que su rival, Vasco da Gama, terminó empatando 1 a 1 y se ubica en el quinto lugar del campeonato. Por su parte, el equipo B de Santos tuvo que viajar a Belo Horizonte para enfrentar al Atlético Mineiro de su exentrenador, Jorge Sampaoli, en el estadio Mineirao. En este caso, los dirigidos por Cuca no opusieron demasiada resistencia y perdieron 2 a 0, acumulando su tercera derrota consecutiva, que los deja en el décimo puesto del Brasileirao

El enfrentamiento entre dos equipos brasileños en la final, algo que no ocurría desde 2006, cuando Internacional y San Pablo definieron el título, con victoria de los gaúchos, fue ganando efervescencia en las últimas horas, tras el cierre de la última fecha del campeonato local, en la que Inter se despegó rumbo al título. A pesar de que en Río de Janeiro este partido decisivo se mira de reojo, debido a que será disputada por equipos paulistas y eso hiere, al menos un poco, el orgullo de los cariocas -sobre todo, el de los hinchas de Flamengo, que se soñaban allí-, hasta el Cristo Redentor amaneció con la copa a sus pies y ya se respira un clima de ansiedad copera. Si bien es cierto que el Maracaná no será tan esplendoroso sin los torcedores del 'Porco' y del 'Peixe' presentes, serán 5000 las personas acreditadas en el estadio, lo que a esta altura suena como un número altísimo.

Así Palmeiras eliminó a River

Para quienes no conocen el Estado de San Pablo, vale la descripción; la capital paulista, hogar de Palmeiras, está a 75 kilómetros de distancia (por ruta) de Santos, casa del 'Peixe', en el litoral, lo que significa poco más de una hora de viaje, separados por una sierra imponente. De un lado la urbe que nunca descansa, del otro el mar. Pero más allá de las divisiones geográficas, Santos y Palmeiras disputan un clásico que comenzó su rica historia en 1915, en el Velódromo de San Pablo, con victoria de los santistas por 7 a 0 ante el 'Verdao', que en aquel momento aún era conocido como Palestra Italia.

Sin embargo, este clásico tuvo su época dorada en la década de 1960, durante el auge del reconocido "fútbol-arte" brasileño. Del lado verde se destacaba Ademir da Guia, tal vez el máximo ídolo de la historia de Palmeiras; en el otro bando estaba Pelé, de quien no hace falta decir demasiado. Por esas jornadas mágicas, de enfrentamientos titánicos, al duelo entre ambos equipos se lo conoce desde hace décadas como "o clássico da saudade", lo que en español vendría a ser algo similar al "clásico de la nostalgia".

Un poco de esa saudade seguramente quedará de lado cuando Santos y Palmeiras disputen el clásico más importante de la historia, 90 minutos (y algo más) que valen una Copa Libertadores, algo que jamás pudieron decidir frente a frente Ademir da Guia y Pelé. Los dirigidos por el portugués Abel Ferreira, que vienen de eliminar a River en una serie para el recuerdo, irán por su segunda conquista continental (la ganaron en 1999); mientras que los de Cuca, que ya levantó este trofeo con Atlético Mineiro, en 2013, llegan después de superar con solvencia a Boca en las semifinales y van por su cuarto título, lo que los dejaría como el equipo brasileño con más glorias en este certamen (por encima de Gremio y San Pablo, todos con tres), tras sus logros de 1962, 1963 (liderados por Pelé) y 2011 (de la mano de Neymar).

Mientras en San Pablo, de a poco, las calles comienzan a teñirse de verde, algunos torcedores aún están incrédulos de lo que van a vivir este sábado. "Sinceramente, no lo esperaba, pensé que sería un año de transición; pero aquí vamos, por otra Libertadores. Lamentablemente, no podremos abrir las puertas de este templo por la pandemia, en un día que sería glorioso", se lamentó Joao Coelho, propietario de un pequeño bar ubicado en Perdizes (barrio palmeirense por excelencia) que deberá mantenerse cerrado durante todo el fin de semana debido a las medidas para contener los contagios. "Es un sueño, el partido más importante de mi vida", sostuvo el defensor paraguayo Gustavo Gómez, uno de los referentes del 'Porco', mientras se despedía de su gente.

Así Santos eliminó a Boca

En Santos, la rambla por donde cada día trotan y pedalean miles de personas, luce más blanca que nunca, con los carritos de comidas rápidas embanderados y la confianza puesta en Marinho, Soteldo, Cuca y compañía. "Este equipo se hizo fuerte saliendo de una crisis, con jugadores que no cobraban el sueldo y, sobre todo, respetando la tradición del club. No tengo dudas, el sábado festejaré el tetracampeonato", cuenta Pedro Capela, un fanático del 'Peixe' que "sube" la sierra casi todas las mañanas para trabajar en San Pablo, como hacen muchos otros por aquí. "Al partido lo voy a ver acá, en Santos, con mi gente. No será lo mismo que estar en el Maracaná o festejarlo por las calles, pero hoy eso no importa", agregó. "Ya tengo mi camiseta preparada, vamos por el tetracampeonato", fue el grito vía streaming de Neymar desde París; a pesar de haber sido campeón de la Copa Libertadores con Santos, en 2011, mucho se especuló en los últimos días sobre su predilección en esta final, ya que de niño era hincha de Palmeiras.