Copa América: el detrás de escena del sí de Brasil a Conmebol y el pedido de un senador a Neymar

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Cuando nadie quería o podía albergar la Copa América, Brasil obró el milagro para Conmebol; el estadio Maracanã es candidato a hospedar la final.
Cuando nadie quería o podía albergar la Copa América, Brasil obró el milagro para Conmebol; el estadio Maracanã es candidato a hospedar la final.

RÍO DE JANEIRO.– Se despejaron todas las incógnitas. El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, confirmó que Brasil será la inesperada sede de la Copa América (luego de las bajas de Colombia y la Argentina), pese a las advertencias de que el país podría estar ahora mismo a las puertas de una tercera ola de Covid-19.

Las palabras del presidente acompañaron un anuncio en redes sociales de Luiz Ramos, ministro jefe de la Casa Civil, que confirmó las cuatro sedes: Cuiabá (Mato Grosso), Río de Janeiro, Brasilia y Goiania. De esta forma, el torneo se concentrará en la región centro-oeste del país y en Río, acortando geográficamente los desplazamientos de las 10 selecciones. No habrá público en los estadios.

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“Venció la coherencia”, festejó Ramos, un general del ejército, de 64 años, que el mes pasado admitió haberse vacunado contra el Covid-19 “a escondidas” para no crear conflicto con Planalto, donde despacha Bolsonaro. Tuvieron que pasar casi 30 horas desde que la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) anunció el lunes, por medio de un tuit, que el torneo se jugaría en Brasil, hasta que lo confirmó el gobierno brasileño este martes por la tarde. “El Brasil que recibe partidos de Libertadores, Sudamericana, sin mencionar los campeonatos estaduales y brasileño, no podía darle la espalda a un campeonato tradicional como éste”, justificó el jefe de la Casa Civil, equivalente a un jefe de Gabinete en la Argentina.

Bolsonaro había adelantado que el torneo seguiría “los mismos protocolos” que la Copa Libertadores y las eliminatorias y que todos sus ministros estaban de acuerdo en que el torneo se hiciera en el país. La declaración contradijo a Ramos, que el lunes había citado como requisito la vacunación de las delegaciones, de un máximo de 65 personas cada una.

Jair Bolsonaro, el plantel de Brasil y la Copa América ganada en 2019; en 2021, se repite la sede, y queda por ver si se reiterará el campeón.
CARL DE SOUZA


Jair Bolsonaro, el plantel de Brasil y la Copa América ganada en 2019; en 2021, se repite la sede, y queda por ver si se reiterará el campeón. (CARL DE SOUZA/)

En la definición de las cuatro sedes, la política resultó determinante. El gobierno federal y la Confederación Brasileña de Fútbol necesitaron del visto bueno de los gobernadores, que por un fallo del Supremo Tribunal Federal de 2020 tienen la potestad de decidir qué actividades pueden funcionar en la pandemia y cuáles no. Por eso, no es casualidad que Río, Brasilia, Mato Grosso y Goiania –sedes de la Copa– sean cuatro estados gobernados por jefes alineados con el presidente. Bolsonaro dijo que otro estado había dado su aprobación, pero llegó “atrasado”.

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Brasilia, con el estadio mundialista Mané Garrincha, aparece como candidata a recibir el partido de apertura. Río de Janeiro, con el mítico Maracaná, es la opción natural para la final. Además, los organizadores tendrán a disposición el Arena Pantanal de Mato Grosso –utilizado en la Copa del Mundo 2014– y los estadios Olímpico y Antônio Accioly de Goiania, casa de Atlético Goianiense.

Hasta el martes a la noche Conmebol no ha divulgado el fixture de la competencia ni el protocolo sanitario correspondiente. Su presidente, Alejandro Domínguez, dijo que se lo anunciará lo antes posible, además de agradecer al primer mandatario de Brasil: “En nombre del fútbol sudamericano, quiero agradecer al presidente Jair Bolsonaro por la eficiencia en la toma de decisiones”.

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A 12 días del partido inaugural y luego de la declinación de la Argentina y el retiro de la sede a Colombia, la Conmebol encontró en Bolsonaro –más que en Brasil– a su socio perfecto para rescatar al torneo de una postergación o de una mudanza a otro continente. Mientras el avance del coronavirus y la conflictividad social en la región dinamitaban otras posibilidades, el dirigente derechista fue veloz para tomar la determinación –según sus críticos, como pocas veces en la crisis sanitaria– y dio el visto bueno para que avanzaran las negociaciones para recibir la competencia. Desde el comienzo de la pandemia de Covid-19, que en Brasil se cobró las vidas de más de 462.000 personas, Bolsonaro se ha opuesto a toda restricción de actividades y, cada vez que puede, dice que si fuera por él nada se habría cerrado.

La situación epidemiológica en el mayor país de la región sigue siendo apremiante. Luego de superar la segunda ola del virus en abril, con récords diarios de más de 4000 muertes, en las últimas semanas los fallecimientos se amesetaron en torno a 1900 diarios (este martes fueron 2346). El país registra un promedio de 61.000 casos diarios. “Estamos lejos de cualquier patrón de seguridad sanitaria. No hay ninguna evidencia de control de la transmisión y se está ignorando el riesgo potencial de un repunte fuerte para las próximas semanas”, dijo para LA NACION Jesem Orellana, epidemiológo de la fundación médica Fiocruz.

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En los últimos días llamó la atención de sanitaristas la suba en las internaciones, que mantiene a 18 estados y Brasilia –una de las sedes elegidas ayer– con más de 80% de ocupación de las camas de terapia intensiva. San Pablo, el mayor estado del país, por caso, está proyectando un pico de internaciones para la segunda semana de junio, cuando será el partido inaugural de la Copa. “Debería haber cautela, pero Brasil se tornó un laboratorio a cielo abierto y parece que vale probar qué pasa con un evento continental, en un contexto de altos contagios. Es imposible, por más que tomen cuidados, garantizar que las delegaciones no traigan o lleven el virus de un país a otro, todo lo que no necesitamos”, dijo Orellana.

Neymar no se manifestó públicamente acerca del pedido de un senador de rechazar el "campeonato de la muerte".
Getty


Neymar no se manifestó públicamente acerca del pedido de un senador de rechazar el "campeonato de la muerte". (Getty/)

Poco antes de que el gobierno confirmara el torneo, la Copa América volvió a ser blanco de críticas en el Senado, donde trabaja una comisión que investiga las omisiones del gobierno en la pandemia. Renan Calheiros, el legislador que conduce la investigación, incluso llegó a pedir públicamente a Neymar que intercediera para impedir el “campeonato de la muerte”. “No concuerde con la realización de ese torneo. No es el campeonato que necesitamos disputar. Necesitamos jugar el de la vacunación”, dijo Calheiros, hablándole al crack brasileño. Un grito inútil frente a la selección local, que ayer se mantuvo en silencio. Pese al riesgo de un inminente deterioro sanitario, Brasil será la sede más inesperada de la Copa América 2021.