Copa América. Un arranque sin el fervor futbolero brasileño: la gente rechaza el torneo y piensa más en las vacunas

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Personas en un auto protestan en Brasilia contra la realización de la Copa América en Brasil, debido a la pandemia
Eraldo Peres

RÍO DE JANEIRO.– “No queremos copa, queremos vacuna”. Una bandera con esa leyenda cuelga de una reja en las narices del mítico Jornalista Mário Filho, conocido como el Maracaná. Es una verdadera provocación. En todas las inmediaciones del estadio, apenas la única referencia a la Copa América que comenzará en pocas horas en Brasil, y que tendrá justamente su punto más alto, la final, tribunas adentro, el 10 de julio.

Claudio Silva Jr., 49 años, vende camisetas, imanes y otros recuerdos en un carrito desvencijado ubicado en uno de los accesos al estadio. Es también, quizás irónicamente, el autor del manifiesto hecho bandera. Silva, quien trabaja hace 25 años en el mismo lugar, reconoce que el movimiento que puede generar el torneo –incluso sin público en las tribunas– va a ayudarlo a llegar más cómodo a fin de mes. Desde la llegada de la pandemia sus ventas cayeron junto con el freno del turismo, en un país que todavía genera recelo a sus potenciales visitantes por la situación sanitaria. Pero el vendedor está enojado con el presidente brasileño Jair Bolsonaro y le dice a LA NACION que no quiere ningún torneo en este momento.

Una imagen y mil palabras sobre la realidad que vive Brasil
Archivo


Una imagen y mil palabras sobre la realidad que vive Brasil (Archivo/)

“Los gobernantes brasileños no me están dando las condiciones para estar a favor de un evento grande como éste”, dice Silva. “El país no está totalmente vacunado, y siento que pudieron haber hecho más para alcanzarlo”.

Poco importa que por esta ciudad comenzarán a pasar, a partir de mañana, la Argentina de Lionel Messi, después lo hará –el jueves 17 contra Perú– la selección local liderada por Neymar y también estará garantizada al menos una función de Edinson Cavani y Luis Suárez, cuando Uruguay enfrentará a Paraguay el 28 de junio, en el estadio Nilton Santos.

El Arena Pantanal en Cuiabá, escenario del choque entre Colombia y Ecuador
El Arena Pantanal en Cuiabá, escenario del choque entre Colombia y Ecuador


El Arena Pantanal en Cuiabá, escenario del choque entre Colombia y Ecuador

“No quiero saber nada de la selección brasileña ni del torneo mientras el país (Brasil) esté en esta situación, vergonzosa”, agrega el vendedor, que asegura que no piensa ver ningún partido.

El caso de Silva Jr. es apenas una muestra de un Río de Janeiro, tal vez una de las ciudades más futboleras del planeta, que por estas horas prueba que el eslogan de la Conmebol para promocionar el torneo más antiguo de selecciones –”Vibra el continente”– no es más que palabras. En un Brasil polarizado políticamente y donde la pandemia del Covid-19 aparece todavía como un flagelo que ocasiona casi 2000 muertes diarias, el torneo de selecciones comienza arrastrando polémica y sin entusiasmar a la mayor parte de la población local.

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En los días previos al debut de Brasil, la Copa América estuvo más presente en la boca de sanitaristas, en el Congreso y en los votos de los 11 jueces del Supremo Tribunal Brasileño –el máximo tribunal de Justicia brasileño que dio luz verde el jueves a la realización– que en las discusiones de botequins, los pequeños bares nada pretenciosos que son punto de encuentro de los cariocas para tomar cerveza y ver fútbol.

Bolsonaro, un líder que como pocos en el mundo empujó contra las restricciones para contener al coronavirus, se convirtió en el socio perfecto de la Conmebol al abrirle las puertas al torneo, a la deriva luego de las cancelaciones de Colombia y de la Argentina como sedes.

Neymar y Lucas Paquetá durante un festejo en las eliminatorias ante Ecuador
Andre Penner


Neymar y Lucas Paquetá durante un festejo en las eliminatorias ante Ecuador (Andre Penner/)

“La Copa América es, desde la óptica y el relato bolsonarista, el ejemplo perfecto de que la vida debe seguir adelante. Interesa menos el resultado del torneo que el hecho de hacer lo que otros países no pudieron”, dice Mauricio Moura, profesor de la universidad George Washington y fundador del instituto IDEIA Big Data.

El torneo empieza con la mayoría de los brasileños dándole la espalda. El 61% de los brasileños encuestados por IDEIA dijeron oponerse a que Brasil reciba el torneo. Un 21% dijo que concuerda con la decisión del presidente brasileño y un 16% restante se mostró indiferente.

El trabajo reveló cómo la polarización atraviesa también la opinión sobre el torneo. La consultora percibió una correlación clara: cuánto más los brasileños desaprueban al gobierno, más está en contra de la Copa América, y viceversa. Entre quienes apoyan a Bolsonaro, un 52% dijo que estaba a favor del torneo, mientras que un 80% de los que califican negativamente al presidente desaprobaron la Copa.

“Es muy evidente que la opinión y la gestión de Bolsonaro alrededor de la Copa inflamó ambas burbujas, pro y contra gobierno”.

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Brasil supera los 480.000 fallecimientos por el virus y acumula más de 17,2 millones de casos de Covid-19, ambas cifras consideradas subestimadas por expertos debido a la falta de testeos en masa. El promedio de ocupación de camas de terapia intensiva para Covid-19 en las cuatro ciudades sede –Río, Cuiabá, Goiânia y Brasilia– es de 80%.

El país se encamina indefectiblemente a superar la marca de medio millón de muertos por el virus durante la competencia, mientras algunos sanitaristas anticipan la llegada de una posible “tercera ola”. Como si el escenario no fuera complejo, grandes movilizaciones tomaron las calles en los últimos días y lo volverán a hacer este mes, con protestas anunciadas a favor y en contra de Bolsonaro.

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Tres grandes empresas que iban a auspiciar el torneo tomaron nota de la discordia que despierta el torneo y decidieron esta semana retirar sus marcas de la publicidad oficial, pese a que pagarán contratos por un servicio que no aprovecharán. Cuidarán su imagen.

“El clima en Brasil es justamente de anticlímax frente a la Copa. El retiro de los patrocinadores es el mejor reflejo”, asegura Moura.

Frente al boicot publicitario, Luciano Hang, dueño de una red de comercios llamada Havan y considerado uno de los empresarios más cercanos a Bolsonaro, anunció el jueves que suma su marca como patrocinadora del torneo que “va a alegrar a toda la población brasileña”.

Josué Costa, 37 años, se reconoce contrario al gobierno y sonríe cuando se le pregunta por la Copa. “Estoy poco animado, pero veo mucha hipocresía en quienes reclaman”, asegura Costa, quien maneja un taxi en Río. “Sigue jugándose el campeonato brasileño, hubo [Copa] Libertadores y otros torneos, entonces no veo cuál es el problema para que no se haga”.

Casi por un mes, los brasileños estarán obligados a dividir su atención. La Confederación Brasileña de Fútbol, sacudida por un escándalo interno que terminó con el apartamiento de su presidente, Rogerio Caboclo, decidió no paralizar el campeonato brasileño ni la Copa de Brasil mientras se juega la Copa América.

Al menos durante la primera ronda del torneo, Roberto Vieira, 45 años, asegura que acompañará tímidamente a la canarinho, que irá por su décima conquista continental. “No tengo ganas de verlo. La primera ronda... y sin hinchadas en el estadio, me parece aburrida”, dice Vieira. “Creo que sólo valdrá la pena más adelante, si se da una final entre Brasil y Argentina”, asegura con brillo en los ojos.

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