Relacionan la contaminación aérea con un incremento en el riesgo de depresión y suicidio

Vista de la contaminacion aérea en el oeste de Nueva Delhi. Imagen creative commons vista en flickr. (Crédito imagen: Jean-Etienne Minh-Duy Poirrier).
Vista de la contaminacion aérea en el oeste de Nueva Delhi. Imagen creative commons vista en flickr. (Crédito imagen: Jean-Etienne Minh-Duy Poirrier).

Relacionamos inmediatamente la contaminación ambiental con un repunte en la incidencia de enfermedades que atacan a las vías respiratorias, al sistema circulatorio e incluso del cáncer. Si esto no fuera de por sí bastante amedrantador, un reciente estudio (en realidad una revisión a un compendio de25 estudios anteriores, publicados durante las últimas cuatro décadas)  ha relacionado la exposición al aire contaminado con un mayor riesgo de padecer depresión y de cometer suicidio.

El meta análisis, realizado por investigadores del University College de Londres, ha descubierto que si una persona vive durante seis meses en un área en la que se superan los límites permitidos por la OMS de contaminación aérea (PM2,5) el riesgo de padecer una depresión aumenta un 10%.

Antes de continuar, añadir que para delimitar el tamaño de las partículas, los científicos emplean la notación PM (abreviatura del inglés “materia particulada”) seguida de un subíndice numérico, que indica el tamaño de las mismas en micrómetros (µm). De este modo cuando por ejemplo hablamos de PM2,5 nos referimos a partículas contaminantes (líquidas o sólidas) dispersas en la atmósfera, con un diámetro de 2,5 µm.

Estas partículas, las más pequeñas y peligrosas (sin desdeñar a las más grandes, como el polvo, la ceniza y el hollín, que constituyen el PM10) proceden fundamentalmente de la actividad humana, y pueden penetrar hasta las partes más profundas del pulmón y pasar a la sangre. De hecho pueden llegar incluso al cerebro a través del sistema circulatorio o de la nariz.

Según las indicaciones de la Unión Europea, el PM2.5 no debería exceder los 25 microgramos por metro cúbico de aire (abreviado “µg/m3”) pero la OMS aconseja un límite más restrictivo de 10 µg/m3. Si comprobamos las cifras oficiales del ayuntamiento de Barcelona, por ejemplo, vemos que se cumple la normativa europea, pero que se supera la recomendación de la OMS para partículas PM2,5. El caso de Madrid es similar en cuanto a partículas .Podríamos considerar a estos niveles moderados, en la línea con lo observado en las grandes capitales europeas. Nada alarmente si los comparamos con las mediciones alcanzadas por algunas urbes asiáticas, como por ejemplo la ciudad de Nueva Delhi, con 133 µg/m3

Pero volvamos sobre el trabajo. La asociación con el suicidio se dio en exposiciones de corto plazo a partículas PM10. Los investigadores descubrieron que si una persona se expone, durante solo tres días, a un incremento de 10 µg/m3 de este tipo de partículas, el aumento observado en la probabilidad de intentar acabar con su vida aumenta un 2%. Este porcentaje es acumulable y se da por cada 10 µg/m3 de aumento. (Es decir si el incremento del PM10 fuera de 20 µg/m3, el riesgo de suicidio se elevaría un 4% y así sucesivamente).

Es importante que los sistemas de sanidad gubernamentales conozcan estos datos para incidir aún más en la necesidad de abandonar paulatinamente el uso de combustibles fósiles, tanto en vehículos como en calderas de calefacción.

En cuanto a cómo consiguen las partículas en suspensión aérea elevar los niveles de incidencia de la depresión o el suicidio, los científicos no lo tienen claro, aunque podría estar relacionado con los procesos inflamatorios que estas pueden iniciar al adentrarse en nuestro organismo.

El trabajo se ha publicado en Environmental Health Perspectives.

Me enteré leyendo NewScientist.

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