Conmebol: el fútbol sigue entre gases, revueltas sociales y pandemia del coronavirus

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La atención a los jugadores de América de Cali afectados por el gas lacrimógeno en el Romelio Martínez, en Barranquilla
RICARDO MALDONADO ROZO

Coronavirus y levantamientos sociales. Los dos países que organizarán dentro de menos de un mes la Copa América lamentan muertos. Argentina, 448 en las últimas 24 horas por la enfermedad y casi 70.000 desde el inicio de la pandemia. Colombia, por su parte, lleva 42 víctimas fatales por las revueltas en las calles de sus principales ciudades. Los enfrentamientos con la policía se dan a pocas cuadras de donde duermen los futbolistas que van a disputar partidos internacionales. En ese contexto, el fútbol sudamericano sigue adelante.

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Y adelante tiene un enorme signo de pregunta. La Copa América, el torneo de selecciones más antiguo del mundo, no resistiría otra postergación. Ya se aplazó en 2020 por la situación sanitaria. Ahora, los interrogantes arrecian sobre los partidos en territorio colombiano, el país que hasta hace una semana hacía lobby en los medios de comunicación para quedarse con todo el torneo, en función de los malos números sanitarios que aportaba la Argentina, su socio en la organización. La suerte se invirtió. “La Argentina está firme y no se va a bajar”, dijeron ayer desde Luque, en el Gran Asunción, donde está emplazada la sede de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol). Esa postura había quedado clara en la reunión que por la mañana habían tenido los diez países integrantes del Consejo.

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“Argentina tiene un compromiso y organizará el torneo”, dijo a LA NACION una fuente del gobierno que encabeza Alberto Fernández. Ante la consulta sobre una eventual organización de toda la Copa América en exclusiva, el informante fue tajante: “Nosotros no pedimos nada y tampoco nos corresponde. La Conmebol tampoco nos informó nada”. El escenario argentino, más allá del condicionante de la pandemia, no cambió. De hecho, la ministra de Salud, Carla Vizzotti, confirmó en declaraciones a TN que el torneo se realizará en parte en nuestro país, como estaba previsto. Aunque... sin público.

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¿Y Colombia? En la reunión virtual quedó claro que se mantiene como sede, e incluso hospedará la final en Barranquilla. “Si el torneo empezara mañana, Colombia y Argentina son los organizadores”, insistieron desde Paraguay. Pero todavía falta. Y un día puede ser una eternidad en la efervescencia con la que se vive en tierras cafeteras: hay enfrentamientos diarios con la policía, huelgas generales, excesos policiales y tensión social. El gremio de los futbolistas de ese país, de hecho, acaba de pedir que no se programen partidos “hasta que no se solucione la situación”. La liga de primera división (Dimayor) postergó ayer el encuentro entre América de Cali y Deportes Tolima, que debía jugarse hoy.

Everson, arquero del Atlético Mineiro, afectado por los gases lanzados en las afueras del Romelio Martinez en Barranquilla
RICARDO MALDONADO


Everson, arquero del Atlético Mineiro, afectado por los gases lanzados en las afueras del Romelio Martinez en Barranquilla (RICARDO MALDONADO/)

Como si fueran aves de rapiña, los demás países huelen que uno de los organizadores del torneo continental puede bajarse y sueltan versiones sobre su eventual reemplazo. Así, Chile y Ecuador competían en las últimas horas para ver quién alojaba los partidos programados en suelo colombiano, incluida la final. En tierras trasandinas, el Gobierno jugaba a las escondidas y negaba cualquier eventual postulación. Uruguay, que gracias a su rápida vacunación y a la ayuda de su presidente para que la Conmebol tuviera dosis de Sinovac, ayer se quedó con las dos finales únicas de Libertadores y Sudamericana, no tendrá Copa América. “Ya tiene las finales. Punto”, afirmaron desde Luque.

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La Conmebol es cauta: sabe que hay contratos ya firmados, y que la logística de modificar la sede es muy complicada. “Si se cambia todo a un mes del comienzo, lo más probable es que salga mal”, dicen. Así, monitorearán la situación día a día.

En esa revisión diaria puede que se repitan situaciones como las vividas la semana pasada y esta misma con los partidos en tierras colombianas. Hace unos días, los encuentros en ese país fueron reprogramados en Paraguay. Fue luego de que las autoridades de Armenia no pudieran garantizar la seguridad para el encuentro entre River e Independiente Santa Fe. Hasta acá, Asunción funcionó como una especie de comodín cada vez que se precisó reubicar algún encuentro. Lo hizo con Defensa y Justicia contra Coquimbo, por la Sudamericana del año pasado, y la historia se repitió con Independiente del Valle ante Gremio. Esos ejemplos sirvieron para trasladar toda la actividad de los equipos argentinos en Colombia a la capital paraguaya.

Una de las tantas interrupciones para atender a los jugadores en el cotejo entre América de Cali y Atletico Mineiro en Barranquilla
RICARDO MALDONADO


Una de las tantas interrupciones para atender a los jugadores en el cotejo entre América de Cali y Atletico Mineiro en Barranquilla (RICARDO MALDONADO/)

Esta semana, el escenario se repitió con las protestas sociales en Colombia. Muertes. Paro general. Exceso de fuerza policial. La ciudadanía en contra de que se disputen partidos de fútbol mientras se libran luchas más importantes. Pero las autoridades responsables de la seguridad cambiaron el discurso. Garantizaron el normal desarrollo de los partidos. Hacia allí viajaron River, Nacional (Uruguay) y Atlético Mineiro. Los primeros actuaron el miércoles; los brasileños jugaban anoche con incidentes en las calles. El partido se interrumpió cinco veces. El entretiempo duró 20 minutos. Los jugadores dieron muestras constantes de cómo los gases afectaban su rendimiento: picazón en los ojos y falta de aire eran algunos de los síntomas.

Las imágenes del encuentro entre el conjunto millonario y Junior de Barranquilla recorrieron el continente. Las detonaciones fuera del estadio Romelio Martínez contaminaron el minuto de silencio previo al inicio de los partidos que Conmebol usa para homenajear a los médicos que luchan contra la pandemia de coronavirus. Enfermedades y revueltas sociales, otra vez, entremezcladas con el fútbol. Los jugadores debieron usar sus propias camisetas como barbijos improvisados para respirar con normalidad. Varios de ellos tenían los ojos hinchados. El partido incluso se detuvo a los 23 minutos del primer tiempo.

Marcelo Gallardo siente en sus ojos los efectos de los gases lacrimógenos en Barranquilla.
Marcelo Gallardo siente en sus ojos los efectos de los gases lacrimógenos en Barranquilla.


Marcelo Gallardo siente en sus ojos los efectos de los gases lacrimógenos en Barranquilla.

“No es normal venir a jugar un partido de fútbol en una situación tan inestable en medio de lo que está viviendo el pueblo colombiano”, dijo Marcelo Gallardo, entrenador de River, tras el empate 1-1 en condiciones extraordinarias. El resultado, importante para las posiciones del Grupo D, era anecdótico.

Algo parecido vivió el otro club cercano al corazón del Muñeco: Nacional de Montevideo, allí donde se retiró el Gallardo futbolista; donde nació el Gallardo DT. “Es la última imagen que tomaron los jugadores antes de recibir la orden de salir al estadio. Se reclamaron garantías, se reclamó empatía a los colegas de Medellín e ir juntos dando una señal sobre el valor de la vida más allá de la pelota. Consideraron que todo era normal”, publicó el club montevideano en su cuenta de Twitter junto a un video de los enfrentamientos entre la policía y ciudadanos colombianos filmado desde el hotel de concentración del plantel. Desde la delegación uruguaya confirmaron algo que dice el reglamento: la sanción por no presentarse a jugar es “enorme”. Y eso también influye a la hora de salir a la cancha. O no.

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El capitán de Nacional, el argentino Gonzalo Bergessio, hizo un reclamo público en el sorteo previo al partido. “Necesitamos más empatía por parte de ellos”, le pidió a su colega colombiano, Sebastián Gómez. El árbitro peruano Diego Haro lo reenfocó al partido de fútbol. Bergessio insistió: “Dejame hablar. ¿Por qué no voy a hablar? Somos todos jugadores; somos todos compañeros”. El partido se jugó. La única empática fue la pelota: no hubo ni goles.

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