Conflicto diplomático, positivos de coronavirus que eran negativos y nada de fútbol: la odisea de Defensa y Justicia en Santiago de Chile

Alejandro Casar González
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Desde Santiago, un empleado que trabaja en la embajada argentina confiesa a LA NACION: "Fue una odisea". Es que, después de un conflicto diplomático, político y deportivo, la delegación de Defensa y Justicia abandona la capital de Chile y regresa a la Argentina, en el final de una tarde de viernes caótica. Lo hizo pese a la amenaza de la autoridad sanitaria de ese país de realizar una cuarentena estricta de dos semanas en el hotel de concentración, luego de que todo el contingente fuera considerado "contacto estrecho" de los tres futbolistas que el jueves dieron positivo de coronavirus: Francisco Pizzini, Washington Camacho y Rafael Delgado. Por ese motivo, había sido suspendido el encuentro frente a Coquimbo, por las semifinales de a Copa Sudamericana. Lo que empezó como un partido de fútbol terminó como una lucha de intereses en la que la pelota no tuvo nada que ver.

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Un par de horas antes de que la delegación se subiera al ómnibus desde el hotel y hacia el aeropuerto Arturo Merino Benítez, un móvil de carabineros apostado en el establecimiento, puso un manto de sospecha sobre el viaje de regreso. El equipo argentino debía salir, pero no podía hacerlo. Se vivieron horas de tensión, de confusión. Hernán Crespo, el entrenador del Halcón, cuando pasó lo peor, aseguró: "Nosotros sólo queríamos jugar al fútbol. Queríamos que sea una fiesta del fútbol. Y ahora, nos comportaremos como siempre hicimos", aseguró. Y fue más allá: "Nos dijeron que íbamos a jugar en Santiago y después que no se jugaba. Es algo que ya no tiene que ver con nosotros. Haremos lo que Conmebol diga que hay que hacer, pero me incomodó que cambiaran la sede. Ni Coquimbo, ni Defensa y Justicia tienen la culpa de todo esto".

Las declaraciones de Hernán Crespo

Cuándo se jugará el partido

Además, se supo que la Secretaría Regional Ministerial de Salud (Seremi) de Santiago también iría al lugar para constatar que Defensa y Justicia no abandonara el aislamiento. Toda esa situación se daba pese al compromiso de dejar salir a los argentinos, una decisión diplomática y política a la que habían arribado al mediodía el gobierno chileno, la Conmebol y el embajador argentino en Chile, Rafael Bielsa.

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Hubo llamados telefónicos y hasta documentos escritos para que el gobierno chileno depusiera la decisión de aislar a los argentinos. El presidente de la ANFP (la organización encargada del fútbol de Chile), Pablo Milad, reflejó su mirada al diario chileno El Mercurio. Milad habló del perjuicio que acarrea la determinación sanitaria de tomar a toda la delegación como "contacto estrecho" de los positivos. Y sus implicancias a futuro: "Eso perjudicaría las clasificatorias y toda la participación internacional del fútbol, por eso expusimos nuestra posición ante el ministerio de Salud y nuestra preocupación por lo que viene, por lo que podría desencadenar en otras situaciones. Lo hemos visto con la ministra del Deporte, Cecilia Pérez, y ella hizo las gestiones diversas con el ministerio de Salud y el Presidente", dijo Milad.

Fue José Lemme, el presidente de Defensa, quien confirmó el trabajo del canciller Rafael Bielsa y del ministro de Turismo y Deporte, Matías Lammens, para conseguir que el Halcón de Varela pudiera abandonar el país trasandino. Mientras el histórico dirigente del club argentino hablaba por televisión desde el hotel en Santiago, los despachos de Conmebol recibían el reclamo de Coquimbo, el equipo chileno contra el que deberá enfrentarse Defensa, en principio, el próximo martes. En un escrito de cuatro páginas dirigido al secretario general de la Conmebol, José Astigarraga, los trasandinos piden que se le dé por ganado el primer encuentro por 3-0.

A última hora de la tarde, surgió la última y sorpresiva información: la contraprueba a los tres jugadores de Defensa y Justicia resultó negativa. Fue el elemento que destrabó la situación y permitió que, por fin, la delegación argentina pudiera regresar a su país. Después, claro, de haber pasado dos días en Santiago sin haber hecho lo que habían ido a protagonizar: un partido de fútbol.