Concluyó la carrera por el título, ahora empieza la lucha por los primeros cuatro lugares

Rory Smith
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Así que, aquí está la recta final de la temporada de la Liga Premier, el último cuarto de una campaña que fue proclamada como la más caótica, y la menos predecible, de todas.

A veces, a lo largo del otoño y hasta el invierno, la combinación de los estadios vacíos, un calendario a reventar y un ritmo frenético parecía destinada a usurpar el orden establecido. Daba la impresión de que los contendientes ascendían y caían cada semana. Hubo conversaciones serias en torno a si el Aston Villa podía ganar la liga o si el Arsenal estaba en peligro de descender.

Resulta que no fue tan así. Pronto quedó claro que el Manchester City —el equipo con la mejor y la más grande escuadra, el conjunto con el entrenador más brillante— iba a ser campeón cuando el aire de la primavera todavía se sintiera fresco. El equipo de Pep Guardiola le lleva catorce puntos de ventaja al Manchester United y ya tiene los dedos rozando una tercera corona en cuatro años.

El descenso, también, está definido en su mayor parte. La próxima temporada, el Sheffield United y el West Bromwich Albion jugarán en la división EFL Championship; lo único que falta decidir es si el Fulham puede reunir suficiente impulso como para condenar al Newcastle, a la deriva y sin dirección, a un lugar al lado de esas dos escuadras.

Ante la ausencia de dudas en las partes más alta y más baja de la tabla, la Liga Premier ha concentrado todo su dramatismo, peligro e intriga en el atropellamiento por las posiciones que están inmediatamente debajo del Manchester City. Hay otros tres lugares disponibles para la siguiente temporada de la Liga de Campeones y hay siete equipos con una oportunidad realista de obtener uno.

Algunos son gigantes caídos, equipos desesperados por salvar algo de una temporada amargamente decepcionante. Otros son cajas sorpresa, aquellos equipos que se han adaptado mejor a la rareza de esta temporada. En este momento, las consecuencias de todo el caos y la imprevisibilidad de los últimos siete meses se han hecho realidad, y es una carrera que es todo menos imposible de sortear… al menos no todavía.

“Concluirá hasta el último día”, comentó el mes pasado Carlo Ancelotti, el entrenador del Everton. Según Ancelotti, el desafío es asegurarse de seguir compitiendo para ese entonces.

Ventajas y caminos difíciles

Con un vistazo a la tabla se entiende que dos de los siete contendientes a la Liga de Campeones —el Manchester United y el Leicester City— tienen una ventaja considerable. El United de Ole Gunnar Solskjaer lleva una delantera de ocho puntos sobre el West Ham, la escuadra que en este momento es el primer equipo fuera de la Liga de Campeones al estar en el quinto sitio. El Leicester de Brendan Rodgers tiene un colchón de siete puntos.

No obstante, en el caso del Leicester, sin duda, esa ventaja podría ser anulada debido al hecho de que la porción restante del calendario es considerablemente más empinada que la de algunos de sus rivales. Este fin de semana, el Leicester enfrenta al Manchester City antes de viajar para medirse contra el West Ham. Tres de sus últimos cuatro partidos son en contra de rivales directos por un lugar dentro de los cuatro primeros: de visita ante el Manchester United y el Chelsea, así como de local frente al Tottenham. El equipo de Rodgers depuso un lugar dentro de los cuatro primeros el último día de la temporada anterior; el calendario de este año trae consigo el fantasma de arrepentimientos pasados.

Ningún otro equipo tiene un final de campaña tan arduo, aunque el Chelsea está cerca. Las visitas al West Ham y al Manchester City, así como los amenazantes partidos de local en contra del Arsenal y el Leicester medirán el grado del efecto Thomas Tuchel en Stamford Bridge.

Si alguien tiene un calendario amable, es el Liverpool, abandonado en el séptimo lugar después de una racha funesta desde finales de diciembre. Esto podría ser poco consuelo para un equipo que ha pasado los últimos tres meses perdiendo en casa ante el Fulham, el Brighton y el Burnley, pero al menos el equipo de Jürgen Klopp tiene una pequeña oportunidad de regresar a Europa.

El factor fatiga

No es ni sorprendente ni particularmente debatible que las lesiones hayan demostrado ser un factor determinante en el resultado de la Liga Premier. La raíz del colapso del Liverpool se encuentra en la pérdida de su defensa central; el desempeño del Leicester menguó con las ausencias, en varias ocasiones, de Jamie Vardy, James Maddison y Harvey Barnes, entre otros; los resultados del Everton cayeron cuando James Rodríguez no estuvo presente.

Por lo tanto, sería razonable suponer que la menor cantidad de lesionados, en particular jugadores clave, determinará el rendimiento de los equipos durante los próximos dos meses. Por supuesto, el Liverpool sigue extrañando a Virgil van Dijk, Joe Gomez y Joel Matip. El Tottenham no cuenta con Son Heung-min. El Leicester no dispone de Barnes, Maddison y James Justin y el Manchester United está preocupado por Marcus Rashford, Mason Greenwood y Anthony Martial.

Claro está, las lesiones pueden ser pura mala suerte —una mala barrida, un movimiento inoportuno—, pero también pueden ser acumulativas, el efecto de un jugador que fue presionado demasiado hacia la que Arsène Wenger solía llamar la “zona roja”. Sin embargo, no es la única consecuencia de la fatiga. Aunque se eviten las lesiones, el rendimiento puede menguar.

Más que nada, esto debería darles de que pensar a Solskjaer y al Manchester United. Esta temporada, el capitán del United, Harry Maguire, ha jugado 3946 minutos, una orden de magnitud mayor a la de cualquier otro jugador en cancha de Inglaterra. Esta temporada, Maguire ha jugado el equivalente a cinco partidos completos más que su rival más cercano, Youri Tielemans del Leicester.

Sin embargo, Maguire no está solo. El United tiene siete futbolistas que han jugado más de 2700 minutos esta temporada. El Leicester y el Everton tan solo tienen uno; el Chelsea, dos, y los Spurs y el West Ham, tres. Incluso el Liverpool, con sus opciones reducidas a causa de todas esas lesiones, tan solo tiene cinco. Si la fatiga demuestra ser un factor, es probable que la columna vertebral del United padezca la última parte del torneo más que cualquiera.

Hasta cierto grado, claro está, esto lo compensa con sus recursos: Solskjaer tiene opciones si alguno de sus jugadores clave queda fuera o sufre una caída alarmante de su desempeño. Tener que alinear a Donny van de Beek porque Bruno Fernandes necesita descansar no debería ser un gran sacrificio.

En efecto, más que cualquier otra, esa podría ser perfectamente la fórmula que llegue a definir los próximos dos meses, que sirva para encontrar la señal en el ruido de esta temporada. Más que en cualquier otra temporada, el premio final en oferta en la Liga Premier será para los equipos que puedan minimizar mejor los efectos de la fatiga, gracias a una carga de trabajo reducida o a poseer la fortaleza a fondo para resistir. Al final de cuentas, habrá una especie de orden en todo el caos.

This article originally appeared in The New York Times.

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