La columna de Facundo Campazzo en LA NACION. Soy molesto, lo sé: una mosca en la oreja del rival

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Facundo Campazzo
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Facundo Campazzo cuenta en LA NACION cómo vive la experiencia de jugar más minutos y cómo su defensa genera un impacto.
GARRETT ELLWOOD

Son días muy intensos para mí. Estamos con el equipo en un momento muy bueno y con partidos que demandan mucho. Es importante lo que se presenta porque tengo más participación. La NBA en general está llena de oportunidades. Antes, tenía mis partidos en los que jugaba poco, pero si entraba bien, y me iba bien con el tiro, tenía más minutos. Las lesiones llevaron a esta situación y juego más de lo que me podía imaginar en mi primer año. Aunque también que es una condición que llega porque no tenemos a jugadores que son irremplazables, como Jamal Murray, Will Barton o Monte Morris. Son increíbles haciendo su trabajo en el equipo y tienen muchos puntos en sus manos. Todos sabíamos que debíamos mejorar para tratar de disimular estas ausencias y me parece que dimos un paso adelante a nivel defensivo, bajándole el goleo al rival. Siento que somos inteligente en ese sentido. En ofensiva entiendo que tenemos un poderío muy variado. Eso nos hace más peligrosos.

En lo individual trato de estar atento a más detalles, pero nada en especial. Sé que si tengo un tiro lo tengo que tomar y que hay que generar puntos de alguna forma. Estoy teniendo más la pelota en la mano, estoy jugando más el pick and roll con Nikola [Jokic] y me siento cómodo con eso. Si bien entiendo que se puede generar un impacto desde lo defensivo, es importante sumar cosas a mi juego ofensivamente. Y en eso me ayuda Nikola que es una tremenda persona, es muy sencilla, está en todos los detalles, me ayuda en la adaptación... Tenés que estar preparado para jugar con él, porque te tiene siempre en la mira, no te esperás algunas veces que te de un pase, incluso, en el partido ante Clippers no esperaba que me diera ese pase para el triple del final. Él te hace el trabajo mucho más fácil y te muestra el básquet como si fuera fácil.

No termino de tomar dimensión de que ese argentino que está jugando en la NBA soy yo

Es cierto que no me esperaba tantas responsabilidades tan rápido, pero no es la primera vez que me pasa esto. Me sucedió en el Madrid cuando se lesionó Sergi [Llull] y tuve que tener más la pelota en la mano. Ahora me sucede algo parecido y me parece que un poco la inconsciencia me ayuda, el no saber realmente qué pasa o no querer tomar esa dimensión. Creo que eso me permite avanzar. Y también es cierto que no hay tiempo para pensar, es todo muy intenso en la NBA. Entiendo que lo mejor para sobrellevar las cosas es ir y no pensar tanto. Analizar las cosas las analizo, pero no lo hago como una carga.

Además, eso es importante para poder cuidarme física y mentalmente. Porque es todo muy diferente acá en la NBA a lo que viví antes. Es todo distinto al mundo FIBA. En Europa jugaba tres partidos por semana y listo. Los entrenamientos me permitían acomodarme. Acá la temporada te aniquila. No hay espacio para nada. La clave es cuidarme lo mejor posible, porque estoy jugando casi 30 minutos y si se acumulan juegos, estás todo el tiempo con cansancio. Aunque no mirás eso porque todos los partidos que hay por delante te desafían y están buenísimos. No quiero pensar en que estoy cansado, me cuido en las comidas, duermo lo mejor posible y así me preparo. Es duro esto, es como jugar un Mundial o un Juego Olímpico, pero durante siete meses, por la intensidad de los juegos y los tiempos de recuperación.

Mi defensa demanda mucho de mi energía, pero la verdad que no siento que haga nada diferente para hacerlo en la NBA, es lo mismo que siempre hice en la selección y en el Madrid. Es cierto que hasta hace algunos partidos jugaba menos minutos y me vaciaba en defensa para empezar a ganar confianza en mi juego. Ahora la verdad es que es diferente, porque si hago eso en defensa no llego físicamente porque estoy jugando más minutos. Tengo que administrar bien las energías en ese sentido. Y lo que hago es presionar, intentar que no jueguen cómodos, creo que no están acostumbrados a que los defiendan toda la cancha, que alguien esté pegado todo el tiempo. Me doy cuenta que es un poco molesto, la verdad que los entiendo, comprendo que es cargoso que alguien te siga por toda la cancha.

A mí me gusta defender contra esa clase de jugadores. No puedo hacerlo contra los pivotes, pero a Curry, a Lillard o Morant… Son jugadores que miraba por la tele y pensaba que algún día quería defenderlos. Cada uno tiene sus características, por ejemplo, cuando se trata de jugadores como Paul George, tengo que esforzarme más, tengo que estar pegado, encima, porque los jugadores más altos, cuando tiran, a mí ni me ven, sacan el tiro y ni se enteran que estoy ahí abajo. Por eso hago un trabajo previo, por ejemplo, para que no reciban cómodos la pelota. Es un juego físico, pero también mental. Cuando me tocó defender a Curry me preocupé por ver cómo lo marcan. Vi que todos le juegan “seguidor” (N. de la R.: en el pick and roll, no hay cambios de marca), porque sino te liquida. Entonces pensé que si era así, yo debía salir a cortar con eso.

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Ese tipo de jugadores es normal que metan puntos, lo extraño es que queden en cero. Si tenés claro que te van a meter puntos, es un paso importante para no frustrarte. Entonces, yo lo que me planteo es desde dónde quiero yo que me metan puntos, porque no se trata de una defensa de uno contra uno, a jugadores así hay que defenderlos en equipo. Intento analizar dónde es que ellos se sienten menos cómodos y los ataco desde ahí.

Tengo claro que ese tipo de defensa puede generar que alguno se moleste, pero no soy un jugador que hable en la cancha o que pelee al rival. Nada de “trash talking”. Les dije a algunos que era un placer enfrentarlos, porque entiendo que uno mejora cuando está frente a frente a semejantes talentos, me permite ver diferentes tipos de cosas sobre el juego a las que no estaba acostumbrado. Me pone muy contento defenderlos y hasta sufrirlos un poco, aunque parezca raro… Puede haber un cruce o una falta fuerte, pero no pasa más de ahí.

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Esa idea de que mi juego se pueda volver incómodo para el rival y que puedo ser “una mosca en la oreja”, me parece que es un indicador de que estoy haciendo las cosas bien. Si se habla bien de mi defensa me pone bien, sería diferente si se entendiese que soy un jugador mal intencionado y la verdad que no es así. Tomo con calma todo lo que se dice, quizá antes no me conocían. Hoy tal vez me registran un poco más y se van preparando. No por mi defensa, sino porque uno que es “molesto” en ese sentido. Eso me obliga a prepararme todavía mejor. Lo tomo como un cumplido que me consideren fuerte en ese rubro del juego.

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Lógicamente, que la gente se identifique con eso es genial. Debo confesar que estaba muy nervioso el otro día cuando me hicieron una nota en la cancha. Antes del partido les había dicho que no quería hacerlo, porque me daba vergüenza. Y mi inglés no es muy fluido que digamos. Pero bueno, acepté y fui por el lado del humor. Por lo menos, si no sale bien que alguien se ría con lo que digo… Y la verdad que no me esperaba semejante muestra de cariño, se ponía la piel de pollo cuando gritaba la gente, estaba mi familia ahí y con Sara en la tribuna. Lo disfruto, claro, pero me da un poco de vergüenza… No sé bien cómo explicarlo. Sé que estas cosas son lindas, pero a esta altura las cosas dejan de ser algo individual. Ganar es un bien para el equipo. Y la verdad que si hay algo que aprendí en este poco tiempo en la NBA es que no debés estar ni muy arriba ni muy abajo, los dos extremos son perjudiciales y trato de estar con los pies sobre la tierra.