El calvario de cinco enfermeras que agradecieron a Guaidó un bono y ahora son sancionadas por el Seguro Social de Maduro

Pedro Pablo Peñaloza Ochoa
·10  min de lectura

Resistieron el covid y la emergencia humanitaria compleja, pero cayeron víctimas de una foto en Instagram. Cinco enfermeras y dos médicas residentes de un hospital ubicado en un barrio pobre de Caracas, fueron atacadas por el virus de la intolerancia política que enferma a Venezuela.

Pensaron que la imagen pasaría desapercibida. La compartieron en una cuenta privada que tiene 290 seguidores. Pero sospechan que entre sus contactos se fraguó la traición y el chivatazo llegó hasta los oídos de la dirección general del centro asistencial, que de inmediato procedió a abrirles una averiguación disciplinaria y las removió de sus cargos.

En la publicación, todas salen con sus tapabocas para protegerse del coronavirus. Sin embargo, sostienen un cartel que las expuso a otro mal implacable. En la pancarta aparece el logo del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS, ente adscrito al Ministerio del Trabajo) y un mensaje que reza: “Hospital Dr. Domingo Luciani. Gracias Sr. Juan Guaidó por su aporte $”.

Por publicar esta imagen en una cuenta privada de Instagram, cinco enfermeras y dos médicas residentes del hospital Domingo Luciani, en Caracas, fueron sancionadas. El hecho de que agradecieran al presidente del Parlamento, Juan Guaidó, el pago de un bono de 100 dólares, les costó la apertura de una investigación por proselitismo político.
Por publicar esta imagen en una cuenta privada de Instagram, cinco enfermeras y dos médicas residentes del hospital Domingo Luciani, en Caracas, fueron sancionadas. El hecho de que agradecieran al presidente del Parlamento, Juan Guaidó, el pago de un bono de 100 dólares, les costó la apertura de una investigación por proselitismo político.

Con ese gesto las siete trabajadoras del área de ginecología y obstetricia agradecían haber recibido el bono “Héroes de la Salud”, programa impulsado por el presidente del Parlamento, Juan Guaidó, quien intenta echar a Maduro del poder y es reconocido como mandatario interino de la República Bolivariana por cerca de 60 países encabezados por Estados Unidos, las potencias europeas y la mayoría de la Organización de Estados Americanos (OEA).

“La directora del hospital llamó a las médicas residentes y las expulsó de la institución, mientras que a las enfermeras les aplicó una medida de suspensión laboral con amenaza de destitución”, cuenta una de las afectadas.

Las acusan de falta de probidad, proselitismo político y de haber descuidado a las pacientes bajo su responsabilidad. “Jamás descuidamos nuestras funciones. El día en que nos tomamos la foto no había actividad porque no había agua. Estamos en la sala de partos, cuando no hay agua no se recibe pacientes”, responden a los señalamientos.

La presidenta del Colegio de Enfermeras de Caracas, Ana Rosario Contreras, asumió la defensa de sus colegas. “Como estamos en dictadura, los esbirros del IVSS les abrieron una averiguación disciplinaria, pero allí no hay proselitismo político, no están apoyando un partido. Este es un acto de inmoralidad porque el régimen sí utiliza las instituciones para su proselitismo y abandona a los pacientes porque no ofrece un servicio de calidad”, expone la vocera gremial.

Contreras sostiene que sus compañeras fueron víctimas de algún “patriota cooperante”, término que acuñó el oficialismo para referirse a ciudadanos que brindan información a las autoridades sobre protestas y actividades de la disidencia. Para el régimen es parte de la “inteligencia social”, para la oposición son “sapos” o soplones que contribuyen con la represión.

La presidenta del IVSS es la abogada Magaly Gutiérrez Viña, nuera de la esposa de Maduro, Cilia Flores, figura clave del régimen que ha acumulado mucho poder y ocupa un puesto en la cúpula del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

¿Sin color?

La directora del hospital, Maurilina Guzmán, subraya que las trabajadoras violaron el ordenamiento legal venezolano al desplegar “un agradecimiento político utilizando el logo institucional y las instalaciones” del centro asistencial. “No estamos en contra de que ellas reciban ayudas externas”, afirma, y reitera su posición: “un funcionario público debe ser neutral, somos servidores de salud, no podemos hacer procedimientos políticos”.

La Carta Magna bolivariana establece en su artículo 145 que “los funcionarios públicos y funcionarias públicas están al servicio del Estado y no de parcialidad alguna”. No obstante, desde que llegó al poder en 1999, el oficialismo se ha encargado de borrar los límites entre el Estado y el partido. Hasta los altos mandos militares se declaran “chavistas” y “socialistas”, pese a que la Constitución estipula que la Fuerza Armada Nacional no puede tener militancia política ni estar al servicio “de persona o parcialidad política alguna”.

El ministro del Trabajo, Eduardo Piñate, se identifica en su cuenta Twitter como “militante del PSUV, marxista, bolivariano y chavista”, al tiempo que la presidenta del IVSS resalta en su biografía que es “chavista”. Igualmente, es común ver en las marchas organizadas por el PSUV el estandarte del Seguro Social junto con el de todos los ministerios, institutos, fundaciones, empresas y demás entes públicos.

¿Gutiérrez Viña y los trabajadores del IVSS que participan en las actividades del oficialismo pueden ser amonestados por incurrir en proselitismo? “No, porque nosotros pertenecemos a la Presidencia de la República. La presidenta del IVSS aplaude la línea que nos corresponde”, contesta Guzmán, quien sostiene que “el tema político es algo personal y se respeta”.

La doctora comenta que “estamos revisando las redes todos los días” en búsqueda de los comentarios dirigidos al nosocomio. Así habrían dado con la imagen que se publicó en una cuenta privada en Instagram. Cree que su difusión tenía como objetivo “sabotear a la institución” y advierte que las beneficiarias han podido tomarse la foto en otro lugar, sin su uniforme y el logo del IVSS.

Las autoridades del hospital reconocen que “no puede dar ese tipo de ayudas” económicas a su plantilla, aunque dicen tener “la mejor disposición para que todos estén bien”. En esa misma línea, Guzmán admite que “quedamos con cierto déficit de personal, pero ahora entra otro nuevo, joven y dispuesto a dar lo mejor a nivel institucional”.

Un respiro

“En la situación en la que está el país y con nuestro sueldo, este tipo de bonos ayuda a muchas personas, es como un respiro”, describe una de las enfermeras, que solicita resguardar su identidad. En el hospital percibe mensualmente 6.506.606,58 bolívares, unos 6 dólares a la tasa de cambio oficial. En contraste, el programa “Héroes de la Salud” paga un bono de 100 dólares durante tres meses.

El proceso no ha sido nada fácil. Ella se inscribió en marzo y comenzó a cobrar la bonificación en septiembre. “El gobierno de Maduro bloqueaba las páginas”, se queja. Al no contar con la estructura del Estado venezolano, el Parlamento desarrolló esta iniciativa apelando a registros y monederos digitales que han sido objeto de ataques por parte de la revolución chavista.

El sabotaje de Maduro no fue el único obstáculo. Para cumplir con su promesa, Guaidó tenía que obtener el beneplácito de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro, para así poder utilizar parte del dinero que está congelado en Estados Unidos a consecuencia de las sanciones impuestas al régimen socialista.

“Pueblo de Venezuela, en medio de tantas dificultades, tenemos buenas noticias: el Tesoro de Estados Unidos aprobó la licencia que libera los fondos con los que se realizarán los pagos de ‘Héroes de la Salud’ para apoyar a nuestro personal de salud que está en riesgo frente a la covid-19”, anunció el jefe del Parlamento el 20 de agosto.

El asentimiento de la OFAC ha permitido desembolsar hasta la fecha 10,58 millones de dólares para atender a 62.697 trabajadores del sistema sanitario venezolano. De ese total, 27.612 son enfermeras como las castigadas en el hospital Domingo Luciani, enclavado en Petare, uno de los barrios pobres más grandes de América Latina.

Sin salud

Nadie puede vivir con 6 dólares al mes en ningún país. Mucho menos en uno que ya suma tres años hundido en la hiperinflación, con una devaluación galopante y que ha perdido dos tercios de su Producto Interno Bruto desde 2014, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“Tengo 33 años de edad y una niña pequeña. Para sobrevivir, mi esposo y yo estamos en la economía informal vendiendo medias, cosméticos, ropa íntima y hallacas (plato típico navideño)”, relata la enfermera.

Aunque la investigan por “proselitismo político”, aclara que nunca ha militado en un partido. “Hace cuatro años me ordenaron inscribirme en el PSUV para recibir un combo de la misión ‘Mi casa bien equipada’, con cocina, nevera, televisión y otros electrodomésticos, pero al final no nos dieron nada”, recuerda.

En el hospital Domingo Luciani “mucha gente ha renunciado decepcionada por el pago y el trato que nos dan”, lo que ha obligado a redoblar los turnos, dice la enfermera. El personal sanitario prefiere buscar empleo en el sector privado, dedicarse al comercio informal o emigrar como ya lo han hecho unos 5,1 millones de venezolanos huyendo de la emergencia humanitaria compleja.

“Muchos han migrado porque nadie está dispuesto a trabajar como esclavo. Estamos enfrentando una pandemia con un déficit de personal de enfermería y ahora tenemos cinco enfermeras menos por la persecución política”, denuncia Contreras.

El secretario general de la Federación Nacional de Trabajadores de la Salud, Pablo Zambrano, precisa que el salario mínimo mensual de sus agremiados equivale a 1,10 dólares. El dirigente gremial enumera las múltiples “debilidades” del sistema público, minado por la falta de inversión y la corrupción aupada por funciones civiles y militares.

En un país en bancarrota, con tres años en hiperinflación y una emergencia humanitaria compleja, el sueldo mensual de una enfermera apenas llega al equivalente a 6 dólares mensuales.
En un país en bancarrota, hundido en la hiperinflación y con una moneda pulverizada por la devaluación galopante, una enfermera cobra al mes el equivalente a 6 dólares.

“Tenemos centros de salud destruidos y escasez de insumos médicos. Cualquier paciente que llega a un centro de salud tiene que comprar hasta el agua, la gratuidad que establece la Constitución está vulnerada, y ni siquiera contamos con los materiales para la limpieza. Nosotros mismos tenemos que fabricar tapabocas, gorros y botas quirúrgicas porque el gobierno de Maduro no cumple con los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, censura Zambrano.

Mientras el sistema continúa su agonía sin remedio y a la espera de que se resuelva su situación laboral, la enfermera toma un “respiro” gracias a los bonos entregados por el equipo de Guaidó. “Una parte del dinero recibido ya lo usamos para comprar comida y la otra parte para invertirla”.

TE PUEDE INTERESAR

(VIDEO) Entre malos augurios y esperanza, la economía venezolana frente al 2021