Cinco acontecimientos que esta década cambiaron la política española para siempre

Los indignados tomaron las calles de España tras el 15M. (AP Photo/Emilio Morenatti)
Los indignados tomaron las calles de España tras el 15M. (AP Photo/Emilio Morenatti)

Cuando hace once años Lehman Brothers se declaró en bancarrota, los analistas fueron conscientes de que la economía mundial iba a sufrir una crisis histórica con efectos impredecibles, muchos de los cuales -especialmente los que afectan a las clases medias y bajas- aún no han terminado. En aquel momento nació en España la Fundación Confianza en cuya presentación, Antonio Garrigues Walker y el resto de los impulsores, resumieron así lo necesario para cambiar dicha creencia: "No se trata de ser pesimista u optimista, se trata de ser positivo".

Lo que desconocían Garrigues y cía. es que la desconfianza no era solo económica, sino también política. La de su clase dirigente que ha ido perdiendo enteros desde el 15-M, hasta el 8-M, pasando por la trama Gürtel, el laberinto catalán y el caso de los EREs. Y todo ello envuelto de ‘fake news’.

En cada uno de esos episodios se registró un pico de desconfianza entre la sociedad y sus dirigentes, pero el punto de no retorno ha llegado ahora como reflejan los últimos tres barómetros que certifican que los políticos y los partidos son uno de los principales problemas de España. A finales de este 2019 fruto de sumar las crisis anteriores y sin que nadie haya sabido maniobrar para dar respuesta a todos ellos dejando al país bloqueado y enfrentado.

Un empleado recoge el parqué de la Bolsa de Nueva York. (AP Photo/Richard Drew)
Un empleado recoge el parqué de la Bolsa de Nueva York. (AP Photo/Richard Drew)

 

Crisis económica

Pasado el tiempo, el diagnóstico de lo sucedido no admite dudas. La crisis financiera llegó en un momento crítico para España dado que las empresas del sector privado estaban muy endeudados con ahorro extranjero justo cuando los mercados de crédito al por menor y la financiación mayorista se cerraban.  La culpa está repartida entre agencias de calificación, bancos centrales, instituciones reguladoras… Y en la lista no pueden faltar los políticos. En general. Los que gobernaban y han gobernado y los que ejercían la oposición.

Al empezar a conocerse la crisis, el PSOE la negó. Y después de concretarse la crisis, el Gobierno del PP ordenó un rescate. ¿De los hogares españoles? Ambos partidos que dominaban el país en base al bipartidismo reinante en aquella época se centraron en lograr objetivos electoralistas a corto plazo de corte populista mientras no dejaban de aplicar tijeretazos y recortes a políticas sociales. Los políticos maniobraban para mantenerse en el poder, o para alcanzarlo. Como si el resto no les atañera. El matemático y economista César Molinas acuñó por aquel entonces el concepto de “élite extractiva” refiriéndose a quienes son incapaces de asumir su parte de responsabilidad en la crisis.

La Puerta del Sol fue el epicentro de las protestas sociales del 15M. (AP Photo/Arturo Rodriguez)
La Puerta del Sol fue el epicentro de las protestas sociales del 15M. (AP Photo/Arturo Rodriguez)

 

El 15-M

Después de todo aquello, y con el estado de bienestar herido de gravedad, surgió el Movimiento 15-M, también llamado de los indignados. Una corriente ciudadana formada a raíz de la manifestación del 15 de mayo de 2011, convocada por diversos colectivos, como señal de rebeldía a un sistema social, político y económico que les oprimía y asfixiaba.  Miles de personas salieron a la calle para gritar su descontento y reclamar cambios que salvaran al país. Y en Barcelona y Madrid muchos de ellos incluso acamparon en sus plazas.

Llegado este punto cabe añadir otro concepto a la ecuación. Las redes sociales. Los mensajes se difundían al margen de radios, periódicos y televisiones y las acampadas crecieron rápidamente hasta alcanzar los más de 10.000 habitantes en la ciudad condal y los 25.000 en la capital. España estaba en víspera de unas elecciones, pero los indignados ganaron su primera batalla al resistir al dictado de la Junta Electoral que consideraba los campamentos incompatibles con la jornada de reflexión.

A pesar de los múltiples y muy variados tentáculos del movimiento, se consensuaron puntos clave a reivindicar. Justo los que la crisis económica puso en jaque: el derecho a una vivienda digna, sanidad y educación públicas de calidad, la reforma de la Ley Electoral para romper con el bipartidismo, instaurar listas abiertas, la lucha contra la corrupción, la abolición de los sueldos vitalicios para políticos y la total transparencia de los partidos.

La posterior influencia política daría para varias tesis, pero por resumirlas al máximo solamente cabe destacar el vuelco en el sistema de partidos. PP y PSOE no han desaparecido. Pero ya no son las únicas alternativas.

Las redes sociales, además, han derivado en el hooliganismo político y en el consiguiente bloqueo fruto de una interminable lista de vetos cruzados entre partidos y una sonrojante cuadro de egos que convierten todo en un callejón sin salida con varias repeticiones electorales.

El ex tesorero del gobernante Partido Popular, Luis Bárcenas. (AP Foto/Daniel Ochoa de Olza)
El ex tesorero del gobernante Partido Popular, Luis Bárcenas. (AP Foto/Daniel Ochoa de Olza)

 

Corrupción (Gürtel y ERE de Andalucía)

Ya en 2015 la ONG Movimiento por la Paz redactó un informe sobre ‘Transparencia y buen gobierno que’ que diagnosticaba en España una “crisis de confianza” en las instituciones generada tanto por los escándalos de corrupción como por la incapacidad del sistema para “poner remedio a problemas como la pobreza o la desigualdad”.

Sus ponentes, la abogada Paquita Sauquillo y el catedrático de Derecho Político Manuel Villoria, expusieron la existencia de una "ventana de oportunidad" para la transparencia "al confluir tres situaciones: un problema de falta de transparencia general; la posibilidad de solucionarlo a través, por ejemplo, de leyes; y voluntad política para hacerlo". Añadió que es precisa la existencia de "una sociedad civil activa y vigilante" como condición necesaria para la promoción de una cultura de la transparencia y la rendición de cuentas. En 2015 la Gürtel ya empezaba a hacer estragos al PP, pero aún quedaban por depurar responsabilidades por Púnica, Baltar, Andratx, Carioca, Cifuentes, Guateque... Del PSOE apenas se conocía el alcance de los Ere de Andalucía y del caso Campeón, entre otros. Por lo que el nefasto panorama dibujado en 2015 solo ha podido ir a peor en 2019.

Ambos partidos mayoritarios han notado sus efectos. El PP acabó perdiendo el Gobierno por una moción de censura que las urnas han respaldado otorgándole la victoria al PSOE pero sin que los socialistas puedan sacar pecho al vencer por mayorías escuetas. Eso a nivel nacional, porque a nivel autonómico Andalucía ha dejado de ser un bastión del partido de la rosa para pasar a manos de la derecha. El primero en poner en jaque la Junta fue el PP de Javier Arenas, a quien los pactos de PSOE y Ciudadanos alejaron del poder, pero el goteo de irregularidades acabó con la hegemonía socialista en 2018 dando paso a muchos más actores políticos.

Barcelona ha vivido un otoño caliente. (Mossos d'Esquadra)
Barcelona ha vivido un otoño caliente. (Mossos d'Esquadra)

 

Cataluña

La cuestión catalana también ha cambiado la política en España. La aplicación del artículo 155 en sí ya fue una excepción a la aplicación de la Constitución. Y la sentencia del ‘procés’ ha acabado dibujando un tablero de juego muy diferente al que conocíamos. Con el ‘expresident’ fugado y el ‘exvicepresident’ encarcelado pero a la espera de que su recurso de apelación prospere en Europa para regresar a la actividad política. La batalla soberanista ha polarizado la sociedad catalana. Primero entre independentistas y constitucionalistas como demostró la victoria de Cs en las elecciones autonómicas de 2017. Pero su inacción y la mayoría lograda por los soberanistas por medio de sus pactos solamente sirvió para bloquear aún más la situación. Hasta el punto de que la sociedad catalana ha vuelto a virar. Y la disyuntiva por la que se rige no es si independencia sí o no, sino en aportar de una vez una solución para una sociedad ralentizada y no más tensión.

Eso ha hecho que, en las últimas generales, solamente 6 de los 48 escaños en juego en Cataluña fueron a parar a partidos irreversiblemente posicionados en contra de cualquier ampliación del autogobierno de la Generalitat mientras que el resto se repartía entre las formaciones soberanistas y los partidos de la izquierda -PSC y Unidos Podemos- que no tienen la confrontación como mantra.

El PP ya ha aprendido que no se puede gobernar España de espaldas a Cataluña. Con dos escaños como tienen (por 12 del PSOE), sumados a la escasa renta obtenida en Euskadi, los populares ven cada vez más imposible volver a los 130 escaños de épocas anteriores.

Y el PSOE ya sabe que tampoco lo puede hacer si no atiende algunas de sus reclamaciones. Ya se está viendo estos días. Sin el concurso de ERC, España está abocada al bloqueo como demuestra el hecho de que la investidura de Sánchez se está negociando en el puente aéreo.

 

Las redes sociales han servido de catalizador para las 'fake news'. (Photo Illustration by Avijit Ghosh/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
Las redes sociales han servido de catalizador para las 'fake news'. (Photo Illustration by Avijit Ghosh/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Redes sociales

Donald Trump y el Brexit ya han demostrado con creces el peso de las redes sociales en la política. Y España está empezando a sentirlo. Las ‘fake news’ campan a sus anchas y la guerra de guerrillas instaurada en la sociedad hace que nadie repare en comprobar su veracidad. Y lo que es peor, que se aceptan las barbaridades propias porque ya no hay capacidad de autocrítica en esta era del 'y tú más'. Los políticos usan sus redes sociales para amplificar mensajes oportunistas. Poco importa decir hoy una cosa y mañana la contraria. Porque los mensajes que se emiten hoy en día tienen un público objetivo que varía de un mes a otro, incluso de una semana a otra. Ningún político aguanta el juicio de la hemeroteca. Pero da igual, porque esos juicios y análisis se hacen en la prensa internacional cuando una parte mayoritaria de la sociedad únicamente se informa a través de Facebook o twitter. Un terreno abonado para las medias verdades y las mentiras. Esa presencia en la red se convierte en un camino directo de comunicación de los candidatos con los votantes, sobre todo los más jóvenes. Por eso todos ellos están en twitter.

Y todos usan sus canales para afianzar su discurso. La era de los grandes mítines acabó. Tiene más impacto un tweet que una ponencia en una universidad. Si a esto le sumamos la restricción de los políticos a la prensa para reducir los turnos de preguntas poco queda por añadir. La interacción digital, sin fiscalización independiente, ha permitido que los políticos mientan, tergiversen, difamen y usen sus canales como arma de guerra política a menudo utilizada para desacreditar. Para destruir más que construir.

La propia Unión Europea ha puesto recientemente a Vox como ejemplo de desinformación y propagación de bulos en redes sociales en campaña electoral. "Descubrimos una red coordinada en Twitter, mezcla de bots y cuentas falsas, con el objetivo de impulsar mensajes anti Islam y amplificar apoyo al partido populista de derechas Vox". Así lo ha contado el comisario de la Unión de la Seguridad, Julian King, en la presentación de la Comunicación de la Comisión Europea sobre los progresos en la lucha contra la desinformación en la Unión Europea.

La UE recopiló más de 600 grupos y páginas de Facebook que operan en Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido, Polonia y España y que difundieron en 2019 desinformación y discursos de odio que generaron 763 millones de visitas. Los informes de investigadores, verificadores y personas de la sociedad civil también identificaron casos de intentos de "manipular el comportamiento de voto a gran escala en al menos nueve Estados miembros". Ante la ausencia de herramientas para mejorar la fiabilidad de los datos, la desinformación es clave a la hora de votar. Un gran reto de los partidos para la próxima década.

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