Sufre síndrome de Down pero ha conseguido terminar un Ironman

Luis Tejo
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Chris Nikic habla con su entrenador durante la disputa del triatlón de Florida.
Chris Nikic (izquierda) junto a su entrenador. Foto: Michael Reaves/Getty Images para IRONMAN.

Como aficionado al deporte puede que conozcas el triatlón, esa competición que combina un tramo nadando, otro en bicicleta y otro más a pie, en la que España lleva siendo potencia mundial desde hace dos décadas gracias a estrellas como Iván Raña, Javier Gómez Noya o Mario Mola. Se trata de una disciplina durísima que requiere del participante el dominio de tres modalidades de carrera, cada una con sus peculiaridades técnicas, además de una resistencia física extraordinaria.

Hay una variante del triatlón aún más extrema: el Ironman. En esencia es similar al triatlón olímpico, pero con la diferencia de que las distancias que hay que cubrir son mucho mayores: casi cuatro kilómetros en el agua, 180 kilómetros de pedaleo, y de postre una maratón a pie. El simple hecho de ser capaz de terminarlo ya convierte en un héroe a la persona que realiza tal proeza; no en vano la traducción de su nombre es “hombre de hierro”.

La inmensa mayoría de las personas que tenemos la suerte de no sufrir ninguna discapacidad ni siquiera soñamos con la posibilidad de acabar un Ironman entero, de tan difícil que es. Sin embargo, no hay obstáculo que pueda con Chris Nikic, que acaba de dar un ejemplo de superación del que todos deberíamos aprender. Porque se ha convertido en la primera persona que completa esta prueba pese a tener síndrome de Down.

Nikic, de 21 años y natural del estado norteamericano de Florida, participó en la competición que se disputó el pasado fin de semana en los alrededores de Panama City Beach, a medio camino entre las localidades de Pensacola y la capital Tallahassee. Logró completar el recorrido en un tiempo de 16 horas, 46 minutos y 9 segundos. La marca es lo de menos... hasta cierto punto: el libro Guinness de los Récords había establecido un máximo de 17 horas justas para dar el registro por válido.

El deportista compitió con absoluta igualdad con respecto a todos los demás participantes. No se le hizo ninguna adaptación ni se le puso facilidad especial alguna, así que puede presumir de ser un “hombre de hierro” sin matices. La única ayuda con la que contó fue la presencia de un guía, que es además su entrenador: Dan Grieb, un atleta aficionado de 45 años que colabora con él de forma voluntaria y desinteresada.

Chris ha tenido que superar muchas adversidades derivadas de sus condiciones de salud y de los problemas para entrenarse durante este último año debido a la pandemia del coronavirus. Por ejemplo, no ha podido practicar la parte de natación en un lago, como estaba acostumbrado, sino que ha tenido que recurrir a una piscina, y también ha debido sustituir todas sus sesiones de ejercicio en gimnasios.

Porque si hay algo por lo que se caracteriza este joven triatleta es por su disciplina y su constancia. Seis días cada semana completa sesiones de al menos tres horas sin una sola queja y sin pedir descansos. Tal como cuenta Grieb, “no lo hace para ganar, sino con el objetivo de inspirar a otros como él”. Porque el deporte intenso está funcionando en el caso de Nikic mejor que cualquier terapia.

“He pasado de apenas poder hacer nada a correr un triatlón de distancia olímpica”, contaba el propio Chris hace algunos meses. “El síndrome de Down significa que tengo que trabajar más duro que todos los demás”. El deporte le viene muy bien como un estímulo que le lleva a mejorar no solo su capacidad física, sino que también beneficia sus habilidades intelectuales. Según cuentan sus familiares, desde que empezó a entrenarse en serio, cuando tenía 16 años, su rendimiento mental ha mejorado hasta el punto de que tareas para las que antes necesitaba un mes ahora puede completarlas en apenas un par de días.

Chris Nikic recibiendo una medalla tras terminar el Ironman.
Nikic, recibiendo una medalla como reconocimiento por haber terminado el Ironman. Foto: Michael Reaves/Getty Images para IRONMAN.

Además, le está sirviendo también para mejorar sus capacidades sociales, algo especialmente relevante ante un síndrome cuyos afectados suelen tender a autoaislarse. Los entrenamientos le dan la oportunidad de integrarse en un equipo y formar parte de un colectivo con el que relacionarse constantemente. Por otra parte, como el triatlón incluye tres tipos de actividad, no se centra solo en una, sino que va variando, lo que ayuda a mantener su cerebro activo y evita el aburrimiento, tal como explican en Planeta Triatlón.

Nikic, que ya de niño afrontó numerosas dificultades a causa de su síndrome (fue operado a corazón abierto a los cinco meses, no aprendió a andar hasta que tuvo cuatro años y no pudo comer alimentos sólidos hasta los cinco), estuvo a punto de verse obligado a dejar el triatlón al poco de empezar. Precisamente a los 16 años tuvo que someterse a hasta cuatro cirugías de oído, cuyas secuelas le forzaron a permanecer inactivo dos años. Sin embargo, en cuanto pudo volvió con energías renovadas. Desde prácticamente cero ha conseguido llegar al nivel actual en apenas trece meses.

La filosofía que siguen Chris y su familia es la del “1 % mejor cada día”, que han desarrollado entre él mismo y su padre. Los entrenamientos de cada jornada tienen por objetivo rendir un 1 % más de lo que lo hacía en la sesión anterior. Y según dice Grieb, el método es tan eficaz que le están sirviendo a él mismo para ser mejor entrenador. “El proceso de aprendizaje de atletas como Chris es un poco más lento. Tengo que asegurarme de que explico todo perfectamente y dividirlo todo en pequeños fragmentos para que lo entienda bien y lo asimile poco a poco Aparte de eso, competidores como él ni quieren ni necesitan que se les trate de forma diferente”.

“Los esfuerzos de Chris me retan a que yo mismo sea cada vez mejor, aunque sea ese 1 % mejor. Si él puede hacer lo que está haciendo sin límites, ¿cuál es mi excusa? ¿Qué excusa puede poner nadie? Ellos no saben que tienen ‘limitaciones’, simplemente salen y lo hacen lo mejor que pueden. ¿Y si todos hiciéramos lo mismo, nos olvidáramos de nuestras ‘limitaciones’ y simplemente diéramos de nosotros el máximo para mejorar ese 1 % diario?”, concluye Grieb.

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