En el Chelsea, Cech está en su zona de confort: en el medio de todo

Rory Smith
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LONDRES — Petr Cech no mira mucho la televisión. Desconectar su mente no es algo que le sea fácil, según él mismo admite. Asegura que siempre ha preferido ocupar cada minuto de su día no solo con el trabajo y su familia, sino con una letanía más o menos intimidante de pasatiempos y proyectos. Quedarse sentado en el sofá es, en su opinión, una pérdida de tiempo.

Sin embargo, este año Cech y su esposa, Martina, comenzaron a ver la serie “The Crown”. Aun así, Cech no es de los que se dejan hipnotizar por el fastuoso melodrama de Netflix. Cada episodio —ahora mismo se encuentra en medio de la segunda temporada— lo incita a investigar para llenar los vacíos, tanto de sus conocimientos como de la cuestionada autenticidad histórica de la serie.

“Obviamente no es del todo fidedigna”, aseguró. “Pero hay muchas cosas interesantes. Comienzas a buscar en Google esas partes de la historia británica y te das cuenta de que hay muchas cosas que no sabías”.

Eso resume a Cech de manera precisa: le gusta ver una o dos horas de televisión fácilmente digerible en su escaso tiempo libre, pero no como una oportunidad para relajarse, sino para aprender.

Que Cech tenga tiempo para meterse en el embrollo de la crisis de Suez o en cualquier otra cosa es poco sorprendente. Viendo todas las cosas que hace, es difícil no suponer que le es insuficiente tener días de únicamente 24 horas. Está estudiando para obtener una maestría en administración de empresas y toca la batería tan bien que el año pasado lanzó un sencillo para una causa benéfica con Roger Taylor de la banda de rock Queen.

Habla cinco idiomas con fluidez: checo (su lengua materna), inglés, alemán, español y francés, pero entiende y se defiende en siete idiomas. Como si estuviera confesando una gran falta, admite que no puede escribir tan bien como quisiera en italiano y portugués. Además, ha comenzado a correr: de vez en cuando recorre velozmente unos diez kilómetros durante una mañana de fin de semana.

Según explicó, todo esto significa que su “administración del tiempo tiene que ser precisa”. Después de todo, estas son actividades extracurriculares. También tiene un trabajo en el que debe pensar. De hecho, en un sentido estricto, tiene dos trabajos.

Cech se retiró como jugador en 2019, después de una destacada carrera que transcurrió en el Rennes, el Chelsea y, en la etapa final, el Arsenal. Tomó la decisión antes que alguien la tomara por él; en pocos meses descubrió que “su mente se empezaba a aclarar, que tenía una nueva motivación, una nueva felicidad”.

Regresó al gimnasio, deleitándose con el hecho de que su cuerpo —sin que “alguien le arrojase una pelota grande a 96 kilómetros por hora” cientos de veces al día— se estaba recuperando del desgaste que había sufrido. Para él, su vida como jugador había terminado. Tenía bastantes ofertas de trabajo. La que más le interesó fue un puesto como director técnico en el Chelsea.

Había estado haciendo eso casi un año cuando la pandemia llegó. De repente, se vio arrastrado de nuevo a una vida que él pensaba que había dejado atrás.

“Tuvimos suerte de poder terminar la temporada”, aseguró. “Pero nadie sabía cuántos jugadores contraerían el virus, y tuvimos limitaciones y números realmente restringidos. Por lo regular, si un jugador se lesiona, eliges a alguien de las fuerzas básicas, pero debido a que teníamos que estar en grupos aislados, eso no fue posible”.

“En un momento, nos hizo falta un portero, así que la solución era o que yo ocupara el puesto o que un entrenador de arqueros lo hiciera. Yo estaba en forma, así que dije OK”.

Se pensó como una precaución, una medida de emergencia, pero Cech seguía siendo una opción mucho más que aceptable. Así que Cech estuvo registrado brevemente como jugador en la lista del Chelsea para la Liga de Campeones esta temporada.

Sin embargo, su enfoque primordial, en torno a lo que deben girar todos sus otros intereses, es su nuevo rol. Cech es, de acuerdo con los estándares del fútbol inglés, algo así como una rareza. En algunas partes de Europa continental, y en especial en Alemania, no es inusual que los jugadores de alto perfil eviten la dirección técnica y pasen a puestos administrativos inmediatamente después del retiro: Marc Overmars y Edwin van der Sar del Ajax, Leonardo en el Paris St.-Germain y casi toda la jerarquía fuera de la cancha del Bayern Munich.

Cech estudió para obtener su licencia de entrenador mientras todavía jugaba —señaló que durante los periodos como seleccionado de la República Checa “siempre había tiempo”—, pero cayó en la cuenta de que, en esencia, los técnicos tienen la misma vida que un jugador: “Pasas tiempo entrenando, viajando, en partidos y en hoteles. La rutina es la misma”.

Un puesto administrativo, por el contrario, “me permite estar cerca del juego, pero organizar las cosas de una manera distinta”. El reto es que el fútbol como deporte y el fútbol como industria son dos entidades distintas; una vida en una de ellas no te prepara para una vida en la otra. Cech estaba efectivamente “comenzando desde cero”.

Hasta cierto punto, lo que ha visto desde entonces ha sido revelador. Cech eligió a sus agentes a la edad de 17 años; ellos todavía hoy lo representan. Siempre se preocupó de saber no solo exactamente lo que estaban haciendo, sino también cómo lo estaban haciendo. Por supuesto, ahora puede ver que no todos los jugadores son tan minuciosos y no todos los agentes son tan transparentes.

“Muchos jugadores le dejan las cosas al agente y siguen adelante”, aseguró. “De este lado, hay partes del fútbol que son sorprendentes de una forma negativa”.

A pesar de esa sorpresa, los resultados preliminares sugieren que Cech está bien capacitado para su nuevo puesto. Resultó que su carrera como jugador no fue completamente irrelevante para su nuevo rol. Como jugador, siempre estuvo involucrado con los distintos comités de enlace que comunican los sentimientos de los jugadores a los representantes del club. Sin embargo, Cech siente que sabe instintivamente cómo reaccionarían los jugadores a ciertas sugerencias.

Pero también hay algo más amplio que ha facilitado la transición de Cech. El puesto de director técnico varía de un club a otro y de un país a otro. En el caso del Chelsea, Cech está ahí para unir las distintas vertientes de la visión deportiva del club; es el eje entre el equipo titular, la cantera y el departamento de fichajes. La parte del negocio es manejada por Marina Granovskaia, la jefa del club y su directora ejecutiva por defecto.

En otras palabras, es el tipo de trabajo que requiere a alguien acostumbrado a equilibrar una gran cantidad de exigencias, necesidades y prioridades. Alguien que pueda pensar en cuatro dimensiones para asegurarse de que sus múltiples y variados compromisos puedan cumplirse. Alguien como Cech, a quien no le gusta “perder el tiempo”, como él mismo indicó.

This article originally appeared in The New York Times.

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