Un palacio florentino falso y lujoso levantado en Francia, condenado a la demolición

M. J. Arias
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No hay vuelta atrás para el conocido como ‘château Diter’. La condena que pesa sobre él es firme y su propietario, que lo levantó ilegalmente en Grasse (Francia) a lo largo de más de una década, tendrá que llamar a las máquinas demoledoras para tirarlo abajo. Así lo ha confirmado el Tribunal de Casación este mes de diciembre ratificando la sentencia emitida en marzo de 2019 por el juzgado de Aix-en-Provence. Su propietario se resiste, pero, según publica Le Monde, tiene 18 meses para ejecutar la decisión judicial.

Así luce por fuera el polémico palacio falso e ilegal. (Foto: Valery HACHE / AFP)
Así luce por fuera el polémico palacio falso e ilegal. (Foto: Valery HACHE / AFP)

En Grasse, en la Riviera Francesa entre Mónaco y Cannes, se eleva un falso palacio que imita el estilo renacentista italiano. Con aspiraciones de parecerse lo máximo posible a las espectaculares y clásicas construcciones que el turista y el ciudadano autóctono pueden encontrarse paseando por Florencia, Patrick Diter construyó el bautizado popularmente como ‘château Diter’.

Este empresario hecho a sí mismo que ha asegurado que esta obra es “mi trabajo, mi locura, yo, que no tenía familia, quería crear una cuna familiar y, como me enamoré de una italiana y de Italia, quise hacer un palacio florentino”. Y eso fue lo que comenzó a levantar a comienzos de siglo partiendo de una antigua casa de 200 metros cuadrados.

Fueron años y años de un ladrillo tras otros, de toneladas de cemento hasta levantar este palacio de casi 3.000 metros cuadrados en una finca en la que cuenta hasta con helipuerto y una carretera propia. “Un proyecto faraónico, delirante y totalmente ilegal”, como lo describió el fiscal en el juicio celebrado en 2019, que tiene sus días contados. La sentencia establece que en el plazo de 18 meses debe ser tirado abajo. Además, Diter debe pagar una multa de 450.000 euros y por cada día que sobrepase el margen dado por el juez sumará 500 euros más.

Se saltó las normas medioambientales y, además, las que rigen la cortesía y la convivencia vecinal. Fueron algunas las personas que comparten la zona con este empresario quienes iniciaron una batalla legal que ha durado años. El ruido de los helicópteros sobrevolando sus propiedades, los conciertos con decenas de altavoces, el ajetreo… se convirtieron en su peor pesadilla. Diter ha llegado a decir que todo se debe a la “envidia” de algunos.

El castillo, además de hogar familiar, era todo un negocio. A razón de 50.000 euros por día, como detallan en Le Point, podía alquilarse para bodas, eventos y hasta rodajes. En sus dominios se puede encontrar casi de todo: un palomar, un torreón, una galería con columnas, un claustro, fuentes y estatuas de todo tipo, una cúpula, escenario, piscina, un bosque…

La denuncia estuvo encabezada por Anne-Marie Sohn, historiadora y académica jubilada, y el matrimonio formado por Caroline y Stéphane Butt. Llevan batallando contra su vecino y su obra desde mucho tiempo atrás. Ahora, tantos años después, Sohn solo puede reconover estar “feliz, después de quince años de una pelea increíble”.

La pandemia redujo su actividad, pero en sus momentos de mayor apogeo ha celebrado fiestas con hasta 2000 invitados, 132 altavoces sonando en los jardines y gente llegando y saliendo de la finca en helicóptero, según ha relatado la prensa gala. Eso se ha acabado, incluso, cuando vuelva la normalidad una vez superada la crisis del coronavirus.

Aunque los medios franceses dan por derruido el ‘château Diter’, su propietario, en palabras de su abogado, Sr. Philippe Soussi, está convencido de apelar al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. “Esta decisión judicial no es el epílogo de este caso. La idea misma de la demolición del castillo de Diter, que es una obra maestra arquitectónica, es inimaginable y sin sentido. Lucharemos para evitarlo”, sentencia Soussi.

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