Casemiro se agiganta

Alfonso Duro
Casermiro / Eurosport

El Real Madrid encontró un balón de oxígeno cuando más lo necesitaba. San Mamés era la última gran salida del club en esta temporada y amarrar los tres puntos en esa plaza era clave en las aspiraciones por la Liga. Ahora, los blancos afrontan los últimos seis partidos de Liga fuera de su feudo enfrentando a los cinco de los últimos seis equipos de primera, además del Celta, para recibir en casa a lo más competitivo de la Liga: Un Alavés al alza, el Atlético de Madrid, el Sevilla, el Valencia y el FC Barcelona.

De ahí que el partido en Bilbao fuera clave. Los blancos se llevaron otra victoria apretada, por 1-2, sufriendo y corriendo mucho, pero con algunos signos de lo que está por venir. Marcelo lo dejó claro nada más acabar el encuentro: Hemos hecho justo lo que pidió Zidane… y hemos ganado. Sus palabras no son en vano, pues hace dos semanas el brasileño aseguró que en el vestuario se acordaban unas pautas que luego no se cumplían.

El juego del Real Madrid, lejos de ser vistoso, fue efectivo. Tácticamente muy serio. La BBC volvió a postularse a caballo ganador de la temporada, con lo que también quedó claro que Zidane ya ha hecho su cama y yace en ella para lo bueno y para lo malo. Sin embargo hubo un matiz interesante en la posición de Gareth Bale.

El galés, sobretodo en la segunda parte cuando más achuchó el conjunto vasco, jugó de interior izquierdo en un claro 4-4-2. El mismo esquema con el cual Ancelotti batió a Guardiola en Múnich en 2014 y que Zidane parece querer emplear ahora ante el propio Ancelotti en los cuartos de final de la Champions League. Quedan 11 partidos en Liga y –potencialmente– cinco en en Europa. Si todo va bien para los blancos, veremos repetido el partido de San Mamés 16 veces más esta temporada.

En ese juego de vasos comunicantes, entre el instinto de salir a por todas y el raciocinio de jugar de una manera tácticamente equilibrida, ningún jugador brilló más que Casemiro. Si se le acaba el contrato al brasileño, renuévenselo. Si no, alárguenselo. No hay otro jugador en el Real Madrid ahora mismo que sea más clave que Casemiro, y cuando se marca un partido como el que jugó ante el Athletic de Bilbao lo mejor sería ponerle una estatua.

Los cuentakilómetros de la liga seguro se quedaron sin fuelle siguiendo al ex del Porto, porque simplemente no paró de correr. Estuvo en todos lados y en todos lados hizo las cosas bien. Recuperó mil balones, freno emboscadas, apoyó en la salida, inició el primer gol con un pase de lujo a Ronaldo y selló la victoria con un gol dentro del área pequeña en la que demostró una clase y una paciencia poco antes vista en él.

Como acto final quedó su última recuperación. Susaeta le tiró un autopase dentro del área grande a 10 segundos del final del partido. La acción era una jugada en la que el 99% de los zagueros hubiera cometido penalti o dejado marchar al atacante con el consiguiente peligro que eso conlleva. Pero Casemiro se presentó al cruce tan rápido como frenó delante del extremo vasco, a quien fue capaz de arrebatar el balón limpiamente.

El árbitro pitó el final del partido con Casemiro teniendo el balón en su posesión. No podía ser de otra manera.

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