Caso verídico: así de vergonzosos son los requisitos de las editoriales a un autor para poder publicar un libro

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Las editoriales ya no se esconden. Ya no tienen vergüenza.

Caso verídico.

Ilustrador. Muchísimos años de experiencia.

Carles Punsí a través de Twitter
Carles Punsí a través de Twitter


Prepara un proyecto. Lo presenta. Y recibe este correo electrónico de la editorial.

-       “Nos  ha gustado mucho”. 

Bien,  dices, bien… les ha gustado. No un poquito. No regulín. Mucho. 

-       “Pero…  “

Ay. Ahí viene. El PERO

-       “Pero después de consultar el alcance que tienen tus redes sociales, lamentablemente no lo podemos publicar

Por si no había quedado lo suficientemente claro, apostillan:

-       “No dudes en ponerte en contacto con nosotros más adelante si se presenta algún aumento de seguidores”.

 

Vamos, que no se trata de la calidad de su obra si no de la cantidad de los seguidores en Instagram. Porque si de repente este ilustrador experimenta un “aumento de seguidores”, la editorial publicaría su libro.

 

No followers, no book.
No followers, no book.

 

Tal barbaridad acaba de compartirla en Twitter Carles Ponsí, que durante más de diez años ha trabajado para El Jueves o Zero. Irónicamente, su caso se ha viralizado y su denuncia podía terminar dándole esos seguidores que le exige la editorial.  

¿Por qué sucede esto? Básicamente porque así las editoriales se ahorran la promoción.

¿Lo que vale son los seguidores en redes y no la calidad de la obra? Bueno, miren a su alrededor y cuenten la cantidad de libros o intentos de libros publicados por estrellas de las redes. Aunque yo soy de la opinión que cualquier libro es bueno, sea de quien sea, si contribuye a acercar a la gente a la literatura y los convierte en lectores.

Pero, en este caso, negándole a un autor publicar su libro porque no tiene suficientes seguidores ¿cuántas buenas obras se habrán quedado por el camino? Porque hasta ahora los editores decidían en función de la calidad de las propuestas que les enviaban. Ahora, directamente, que los despidan a todos y que un ordenador descarte o admita en función de los likes del candidato. 

Antes eran los famosos televisivos los que recibían constantemente ofertas para que escribieran algo -o se lo escribieran y ellos sólo pusieran su nombre-. Cocina, ballet, poda de bonsáis. Da igual, déjanos poner tu careto en la portada y hacemos el negocio.

Pero eso no impedía que el resto de escritores e ilustradores con una buena obra pudieran publicar.

¿Hasta dónde llegará esta fiebre por los influencers?

– Mire, que me encanta cómo opera, pero le faltan likes para que le contratemos como cirujano.



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