Carlo Ancelotti vuelve al lugar del crimen

Ancelotti / Associated Press

Pocos entrenadores han sido tan queridos en el Real Madrid como Carlo Ancelotti. El italiano, que llegó en el tercer intento de Florentino Pérez por ficharle, lidió contra viento y marea para armar un equipo competitivo, para amoldar el sistema a tres jugadores que defendían poco y menos, y a la vez ganar el primer doblete del club desde 1988 (Champions League y Copa del Rey). Y todo eso para acabar de patitas en la calle un año después de levantar la Orejona, por desavenencias con el presidente blanco.

Florentino Pérez, que sabía por boca de su amigo Adriano Galliani que Ancelotti era un hombre de club, cambió de parecer sobre su técnico más deseado cuando le pidió que pusiera a Gareth Bale por el centro del ataque, pues era ahí donde el galés se sentía más a gusto y así se lo había comunicado su representante al presidente merengue. El propio Ancelotti, contrariado por la sugerencia, le comentó que no pensaba cambiar nada de su sistema –así como que tampoco pensaba incrementar la carga de trabajo del grupo, que según un estudio de la UEFA era el que menos sesiones de entrenamiento había tenido en los últimos seis meses de entre los mejores clubes de Europa.

Como el propio Ancelotti cuenta en sus memorias “Liderazgo tranquilo: Ganando corazones, mentes y partidos”, desde ese momento su relación con Pérez se tornó fría y supo que sus días estaban contados. El presidente decidió fichar para la siguiente temporada a Rafa Benítez, que intentó colocar a Bale en el centro y claudicar con la idea de que los preferidos del presidente –según relató el propio Benítez a Sky Sports tras ser destituido: Navas, Danilo, Varane, Ramos, Marcelo, Kroos, James, Modric, Bale, Benzema y Ronaldo– debían jugar siempre, pero que así y todo no logró pasar mucho más allá de navidad como entrenador blanco en su primera temporada en el club.


Aunque Ancelotti enderezara el rumbo en los últimos 12 partidos de Liga en su segundo año al mando de la nave blanca –no perdió ningún partido y se quedó a un punto de levantar la Liga– y cayera por la mínima ante la Juve en semis de la Champions, en una temporada en la que ganó la Supercopa de Europa y el Mundialito de Clubes, y en el que encadenó 22 partidos ganados seguidos, su destino (como el de 14 otros entrenadores hasta el momento desde que Florentino asumió el cargo en 2000) fue la calle.

Ahora el italiano vuelve con ganas de revancha al Bernabéu con un Bayern de Munich donde se ha encontrado un gran producto manejado por Pep Guardiola en los últimos tres años, pero que ha empezado a amoldar a su estilo. En Munich hay muchas voces autorizadas, pero de momento nadie parece rebatirle a quien poner o a quien quitar, como hizo Florentino Pérez.

Ancelotti, que es el máximo ganador de la historia de la Champions League (tres copas como entrenador y dos como jugador) no tuvo que salir con un gran sabor de boca de un club que le dejó marcado como él mismo reconoce en su autobiografía. Su salida fue el mejor ejemplo de los males que acechan al club madridista en los últimos tres lustros y que, de momento, no tienen visos de cambiar mucho.

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