De Cardona a Crackdona: ¿Por qué el nivel del colombiano de Boca sube y baja?

Pablo Lisotto
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Edwin Cardona fue la mejor incorporación que hizo Boca en este 2020. Su visión de juego y su gran pegada de media distancia (sean o no tiros libres) le permiten al equipo contar con un hombre que ofrece calidad y gol, y que incluso puede ser la llave para abrir cerrojos defensivos.

Impulso anímico: Boca lo dio vuelta y venció a Independiente, con goles de Soldano y Cardona

Pero además de disfrutarlo, el club de la Ribera también lo padece. Porque el nivel del colombiano no logra encontrar estabilidad. Un día se luce y en las redes es rebautizado como Crackdona, y al siguiente transita el campo de juego sin pena ni gloria.

¿Cómo puede ocurrir que un hombre que evidencia una calidad superior con la pelota en los pies de pronto se desconecte y exhiba una imagen tan pálida de sí mismo?

La respuesta a esa pregunta puede encontrarse en diversos focos de análisis. El más evidente es su ubicación en el campo de juego. Cardona es un número 10 clásico, de esos que ya no abundan en el fútbol mundial. Al colombiano le gusta tener el arco de frente y manejar los hilos del equipo arrancando por el lado izquierdo de la línea central. Con panorama para arrimarse al área y probar con ese guante que usa como botín derecho (como hizo para anotar anoche el golazo que le dio a Boca el triunfo sobre Independiente en Avellaneda, o hace tres semanas en la Bombonera, para abrir, de tiro libre, el marcador frente a Newell's), o bien para abrir el juego por la izquierda para que desborde su compatriota Frank Fabra (con quien se entiende de memoria). O incluso para ejecutar un centro perfecto con el GPS apuntando a la cabeza de un compañero, tal como sucedió en el gol de Franco Soldano para el 1 a 1 parcial contra el Rojo.

"Dudé un poco antes del remate porque en el control, mis compañeros tiraron la diagonal para el centro, pero hice un lindo gol", declaró el colombiano tras el partido. Y agregó: "Gracias a Dios marqué ese día y hoy contribuí al equipo", en referencia al tanto que había anotado en ese mismo arco el 2 de diciembre de 2018, cuando Boca venció 1 a 0 a Independiente en Avellaneda.

Según datos de OPTA, en los 24 minutos que jugó, Cardona aportó una asistencia y un gol. Tocó 34 veces la pelota, metió dos pases de peligro y tuvo un 60 por ciento de efectividad en los pases largos (4 de 7 llegaron a compañeros). Además, recuperó cuatro balones.

Cardona es un futbolista muy virtuoso. Su clase está fuera de discusión. Incluso, demostró personalidad hace 12 días en Porto Alegre, donde realizó un gran partido en el triunfo ante Inter, por la ida de los octavos de final de la Libertadores.

La contracara aparece cuando se ubica en otra posición. Si, por ejemplo, le toca jugar de mediapunta (como sucedió frente a Racing el miércoles pasado en Avellaneda) surge el Cardona lagunero, que discontinua su relación con la pelota y se ahoga en el mar de la intrascendencia. Es entonces cuando no logra asociarse con compañeros, ni acercar peligro al área rival, y el equipo sufre. Porque baja la intensidad y carece de creación en el plano ofensivo.

El miércoles próximo, frente a Racing, Boca afrontará el partido más importante del año. "Nos jugamos todo. Quedan 90 minutos, vamos a darlo todo en casa, confiamos en el equipo. Esto lo levantamos todos juntos", se ilusionó Cardona, consciente de que su desempeño, y su buen pie, pueden ser fundamentales para las ilusiones de Boca en la Libertadores. Y que, más que nunca, el equipo precisa que juegue Crackdona.