Canelo y Golovkin protagonizan una guerra...pero de tarjetas

Cristian Echeverria
Cristian Echeverria
Mural mexicano en la pelea Canelo-Golovkin que los aficionados disfrutaron en las afueras del T-Mobile Arena.

La pelea Canelo-Golovkin tuvo todos los ingredientes que caracterizan al boxeo: drama, emoción polémica y por supuesto la oportunidad abierta para vivir un nuevo capítulo en el 2018.

Desde la solicitud de una investigación a la juez Adelaide Byrd hasta un récord de asistencia en el T-Mobile Arena con 22,358 aficionados, que extiende aún más la invitación a una segunda cita entre ambos, este combate cumplió con la expectativa mediática que había despertado.

Por primera vez un boxeador extranjero se ganó el apoyo de los mexicanos en un duelo que lo ponía frente a frente con el rostro del pugilismo azteca.  El carisma de ‘Triple G’ traspasa fronteras.

El T-Mobile Arena fue un hervidero de emociones, iniciando por la previa del combate en donde las fiestas de independencia ponían la ciudad de Las Vegas de cabeza, por un tráfico inusual causado porque en menos de media milla, la expectativa de la pelea competía directamente con las presentaciones de artistas de la talla de Ricardo Arjona y Ricky Martin.

La fiesta era para todos. Incluso un muralista mexicano aprovechó la ocasión para plasmar en colores el significado de una pelea que es histórica por antecedentes y por el resultado: un empate que a nadie deja contento.

Canelo peleaba por una causa: ser reconocido por su gente como uno de los campeones históricos mexicano. Golovkin lo hacía por patria y porque sabe que a sus 35 años son escasas las posibilidades de encontrar otro rival que le garantice una buena bolsa, es decir por construir un patrimonio en una carrera que le ha dado todo, menos dinero.

La memoria de los aficionados es muy corta y nadie en el T-Mobile recriminó el hecho de que los dos prometieron un KO que nunca llegó. Es más, acompañaron de pie los últimos tres rounds del combate en donde los dos pugilistas mostraron sus mejores condiciones.

Eso sí, el reproche lógico llegó cuando uno de los jueces vio ganar a Canelo con una impresentable puntuación de 118-110.   El abucheo general no era para el mexicano, era para su puntuación.

En fin, en la actualidad del tema la Canelo-Golovkin sirvió para dos cosas: para reivindicar la confianza en el boxeo y para ratificar la desconfianza en las tarjetas de los jueces.

Canelo y Golovkin celebran despues de la pelea en el T-Mobile Arena.