Cambiar de sede, un negocio ruinoso para el PP de Casado

Asier Martiarena
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El PP lleva ocupando el edificio de Génova 13 desde 1983. Getty
El PP lleva ocupando el edificio de Génova 13 desde 1983. Getty

"Cambiaremos la sede nacional del Partido Popular de ubicación, pues considero que no debemos seguir en un edificio cuya reforma se está investigando esta misma semana en los tribunales". Esta ha sido la única medida adoptada por Pablo Casado durante la reunión de su Comité Ejecutivo nacional de hoy en el que se ha hecho balance del fracaso electoral de los populares en Cataluña que ya eleva a 16 el número de derrotas en los últimos 18 comicios a los que se ha presentado.

El resto, de momento, seguirá igual. Tanto el equipo de dirección del partido como la senda de derrotas ya que en Génova 13 parece que nadie quiere hacer caso a las señales inequívocas de que el proyecto actual no tiene futuro y que la próxima Convención Nacional tiene que ser rupturista al máximo.

Casado entiende que cambiando de sede le basta para renovar el partido salpicado por una corrupción sistemática desde hace décadas. "Desde hoy, esta dirección nacional no va a volver a dar explicaciones sobre ninguna cuestión pasada que corresponda a una acción personal que no haya sido en beneficio del partido o incluyo haya podido perjudicarle", ha señalado. Como si alejar el cuartel general de la plaza de Colón -apenas distanciadas por 450 metros- servirá automáticamente para frenar la sangría de votos que le ocasionó la foto de familia de las derechas españolas con la que se blanqueó a Vox. 

Pero no, cambiar de sede no es la solución que necesita el PP. Precisa de algo más. Como cuando una pareja en crisis entiende que tener un hijo va a solucionar sus problemas. Porque las sedes no delinquen. Lo hacen quienes pertenecen a esas sedes. Para renovar el PP, deberían empezar cambiando de siglas y después de equipo directivo. Romper de una vez con el pasado para que el fantasma de Bárcenas y la caja B no le persiga hasta su nueva sede, cuya ubicación aún no ha sido concretada.

Pero al margen de la lectura política del asunto, también hay que valorar la económica

  • El PP quiere desprenderse de un edificio que compró a Mapfre en 2006 por 37 millones de euros después de haberlo ocupado en régimen de alquiler desde 1983.

  • Tras las diversas remodelaciones realizadas, algunas de ellas con el dinero B según se juzga en la Audiencia Nacional, el inmueble llegó a tasarse en 60 millones de euros hace apenas 5 años.

  • Tres años después, en 2018, la tasación bajó a 50 millones.

  • Y en este tiempo los precios han seguido desplomándose por lo que al PP le va a costar recuperar el dinero invertido ya que a los 37 millones -de hace casi 20 años- hay que sumar los intereses derivados del préstamo suscrito con Banesto, banco posteriormente absorbido por el Banco Santander.

A esto hay que sumar el roto en el bolsillo que tanta derrota electoral le ha supuesto. Solo en 2019, cuando el PP perdió casi la mitad de sus diputados y senadores, las pérdidas económicas se cifraron en 11,8 millones de euros. 8,7 en subvenciones de los Presupuestos Generales del Estado para compensar los gastos originados por la campaña y 3,08 millones más en asignaciones por la pérdida de parlamentarios. De hecho, en junio de 2019 ya acometió una primera tanda de despidos en su plantilla.

Analizando todo en su conjunto, el cambio de sede del PP puede ser un mal negocio para Pablo Casado, cada vez más criticado internamente para enderezar el rumbo antes de las próximas elecciones. Las andaluzas en 2022. "Tenemos que dejar de preocuparnos por nuestro pasado y ocuparnos del futuro”, ha resaltado hoy Casado, pero lo va a tener difícil porque el calendario judicial le depara una primavera con muchas curvas.

En vídeo | Bárcenas vuelve al banquillo decidido a poner al PP contra las cuerdas

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